Foto: Giovanni Moreno

Sobre los derechos humanos Uscátegui no tiene dudas: “me identifico plenamente con ellos pero yo puedo decir que en Colombia se le han violado los derechos humanos al General Uscátegui”.   No esconde para nada la frustración frente a la justicia. “Yo creía que la justicia funcionaba, y hemos sido perseguidos o atropellados permanentemente por ella. La inocencia de mi papá esta comprobada. En lo personal ha sido muy duro y he dado bandazos. Cuando empezó el proceso y me di cuenta de que un sector de las FFAA estaba comprometido con la masacre, rechacé la institucionalidad. Pero también encontré que por lo menos una organización de derechos humanos que está llevando el caso no quiere la justicia, sino que tiene una causa política, y la condena es un triunfo y un trofeo para ellos cuando han sacrificado la justicia. Veo que estoy enfrentado a un monstruo de dos cabezas”.  José Jaime reciente profundamente actuaciones como las del Colectivo de Abogados José Alvear que contribuyó a que uno de los responsables de la masacre fuera protegido en Estados Unidos a cambio de un testimonio que hundió a su padre. “Ellos sólo querían la cabeza de un General”.

Para él no se trata de tener fuero militar sino de garantías judiciales. “Mi padre en algún momento tuvo más garantías en la justicia ordinaria que en la militar”.  Y aunque le parece interesante pensar que una justicia transicional podría cobijar incluso a las fuerzas armadas, afirma que su papá no se acogería a ninguna fórmula de aquellas porque cree en su inocencia. “A pesar de todo nuestra apuesta es creer en la justicia. No tenemos otra opción a pesar de que yo he visto falsas víctimas, falsos testigos y hasta la compra de fiscales”.

Por eso para ambos el horizonte complejo pero absolutamente necesario que se abre es el de la reconciliación.

En diciembre de 2010 José Jaime Uscátegui se fue a Mapiripán con la periodista Salud Hernández, reunió a la gente y les pidió que vieran la película sobre la masacre y escucharan su historia. “Era un acto de reconciliación sin intermediarios”, dice. Pero se queja de que allí se haya construido un monumento para las víctimas que ni siquiera lleva sus nombres, apenas un puño izquierdo en alto que a su juicio le hace apología a la resistencia armada.

Para Antequera todavía falta mucho trecho por recorrer. “Hay que situar la victimización en Colombia. Para mi ese es el punto de partida de ese gran relato. La Ley de Víctimas desconoció que existe una violencia estructural vinculada al poder económico del país. Empresas y políticos han estado involucrados en crímenes de lesa humanidad”. Sin ese reconocimiento a su modo de ver no habrá reconciliación con la guerrilla pues en Colombia no hay un reconocimiento político de la resistencia. “Ni los resistentes necesariamente son guerrilleros, ni los guerrilleros dejan de ser sujetos de política por estar alzados en armas” dice.

Justo porque no ve indicios de este reconocimiento político, toma con beneficio de inventario lo que muchos han llamado una nueva ventada de oportunidad para la paz. “Estamos en una trampa: Santos quiere consolidar la política de seguridad democrática con la idea de que el conflicto es una realidad superada. El gobierno esta en una esquizofrenia porque mientras tiene que hacerle frente al conflicto, cree que puede decretar la paz”.

Sobre la Ley de Víctimas, también es muy crítico. “La sociedad tiene una oportunidad porque las victimas han luchado por lo suyo. Pero la Ley de Víctimas y de Restitución no permite que el campesino sea el  protagonista sino los empresarios. Si no devela realmente lo que fue la estructura paramilitar el país se aboca a adecuarse para un nuevo estado neoliberal. Están investigando a los paramilitares como si no fueran el Estado”.

Comisión de la Verdad

Antequera cree que se necesita una Comisión de la Verdad pero no como prueba de que el país entra en un posconflicto, sino como una responsabilidad básica del Estado y la guerrilla frente a los ciudadanos. “Sería un instrumento de interlocución”. A su juicio, con una comisión de la verdad se empezaría a hablar de la solución del conflicto. En el horizonte de futuro no descarta que incluso se “desjudicialice” el conflicto y se abra paso una amnistía. “Esta figura se ha satanizado. Pero en realidad se trata de darle espacio a los acuerdos que hace un país”.

La amnistía no es una idea que le guste a Uscátegui porque a su juicio esta se aplica a quienes son culpables, y su padre nunca se ha reconocido como tal. En cambio, recalca que muchos militares hoy se reconocen como víctimas y reclaman sus derechos. “Estamos en un escenario donde los muertos los ponen las fuerzas militares. El clamor de este lado es que se respete ese dolor que es invisible”.

Al igual que Antequera, ve una gran incoherencia en el Estado. “Lo más perjudicial para los militares fue decir que no había conflicto porque a la hora de ser juzgados les aplicaron una lógica de derechos humanos y no de derecho internacional humanitario como debe ser en un contexto de guerra”.  Por eso comparte la idea de una Comisión de la Verdad, y en particular, una para el caso Mapiripán alrededor del cual hay evidencias de falsas víctimas y de testimonios manipulados.

“Mire como estamos sentados aquí José y yo, que hemos estado en dos orillas. No hemos librado esta guerra y lo que queremos es la paz. Colombia es un rio de sangre donde aumenta el caudal y nos va a arrasar a todos, independiente de la orilla donde estemos. Hacerlo es sencillo. Nadie ha ganado nada con esta guerra”.  Para Antequera la guerra en cambio sí ha tenido ganadores: quienes se han beneficiado de ella política y económicamente.

Posiblemente en la Colombia de los 80 y los 90 las vidas no se habrían cruzado. Pero ahora ambos hacen parte de una generación que recibió un país fraccionado por el conflicto, y a pesar de que sus causas personales y políticas son diferentes,  se han encontrado en muchos escenarios donde jóvenes como ellos le apuestan  a la reconciliación, con verdad y justicia. Y posiblemente sean los líderes de un futuro país menos polarizado y violento, donde el diálogo es posible. Uscátegui ya empieza su carrera política dentro del partido Conservador, donde trabaja como encargado de las relaciones internacionales;  y Antequera ha desplegado toda su iniciativa alrededor de la memoria del conflicto, especialmente desde la organización Hijos e hijas por la identidad, la justicia contra el olvido y el silencio.

Info. relacionada: http://www.uscateguiesinocente.com