Arauca: el eterno retorno de la insurgencia (3a parte)

Foto: Centro de Medios Independientes del Ecuador

A eso se sumó que  el presidente Álvaro Uribe, recién elegido, puso como una de sus prioridades recuperar Arauca y declaró parte de este departamento como zona de rehabilitación y consolidación en septiembre de 2002. Esto implicó mayores poderes para la Fuerza Pública, la designación de un  comandante militar, al Brigadier General del Ejército Nacional, Carlos Lemus Pedraza, y al tiempo que se empezó a combatir sin tregua la guerrilla se empezaron a dar capturas masivas de pobladores y dirigentes civiles.

Uribe se refería así  a estas capturas:
“La semana pasada le dije al General Castro Castro que en esa zona no podíamos seguir con capturas masivas de 40 o de 50 todos los domingos, sino de 200, para acelerar el encarcelamiento de los terroristas y golpear estas organizaciones. Esas capturas han sido masivas, pero no arbitrarias. Se han ajustado plenamente al ordenamiento jurídico. Se han hecho sobre el examen cuidadoso de un acervo probatorio”. (Palabras Del Presidente Uribe Al Instalar Congreso Anual Cafetero 10 diciembre de 2003)”.

Entre el 12 y el 14 de noviembre de 2002 sólo en Saravena fueron detenidas 32 personas acusadas de ser parte del Frente Domingo Laín. En un boletín de la época, las organizaciones sociales de Saravena describieron a los detenidos de la siguiente forma: “las personas injusta y arbitrariamente detenidas son enfermeros y empleados del Hospital Sarare y San Ricardo Pampuri de Saravena, sindicalistas, un ama de casa, tres agricultores, obreros, conductores, un agente de tránsito, un celador, un recolector de basura, un maestro de construcción, el Presidente de la Junta de Acción Comunal de un barrio de Arauquita, el Tesorero de la Empresa de Acueducto de Saravena, empleados de una empresa de televisión, un estudiante de Comunicación social, dirigente de la Asociación Juvenil Estudiantil Regional de Arauca, un vendedor de comidas rápidas, un Concejal de Saravena, dos profesores y un fontanero”. 

Ni Uribe, ni sus ministros ni sus militares lograron entender que los orígenes del ELN en Arauca han marcado profundamente su forma de relación con la población y que se romper el vínculo entre civiles y guerrilleros no sería una tarea fácil.

En octubre de 2003, Cinco días antes de las elecciones para autoridades locales y del departamento, la Fiscalía detuvo a 31 personas,  entre ellos a los ex gobernadores Héctor Federico Gallardo y Gustavo Castellanos Beltrán,  al sacerdote y aspirante a la Gobernación Helmer José Muñoz, favorito para ganar, a los candidatos a la Alcaldía de Arauca, William Reyes Cadena y Benjamín Socadaguí; a la de Cravo Norte, Zoila Espósito; a la de Tame, Beatriz Coronado, y a la de Saravena, Antonio José Ortega. Fue un hecho de impacto nacional pues los capturados fueron denunciados por desmovilizados que “aseguraron que muchos funcionarios, entre ellos alcaldes y personeros, tenían que asistir a reuniones con los jefes guerrilleros para debatir hasta los presupuestos”, según reseña la prensa de la época.

En medio de esta crisis política, las elecciones de octubre de 2003 fueron ganadas por Julio Acosta Bernal, de Cambio Radical, otro Araucano de pura cepa, maestro, dirigente del magisterio, primer alcalde de Arauca capital elegido por voto ciudadano. Acosta mantuvo una alianza con el Frente Domingo Laín hasta mediados de los años 90 y había hecho una carrera política completa como diputado y Representante a la Cámara pero en el camino se había convertido en el acérrimo contradictor de la guerrilla y en esa pelea se habría aliado con los paramilitares, por lo cual hoy se encuentra detenido y procesado.

Durante la administración de Julio Acosta Bernal, el ELN por primera vez en muchos años estaba por fuera de cualquier acuerdo, por lo cual recurrió a ejercer su poder militar sobre el terreno: mantuvo la extorsión a todas las obras publicas que se desarrollaban en los territorios de presencia del Laín y se abrió una guerra abierta contra Acosta Bernal, quien sobrevivió a ocho atentados que provinieron también de las Farc.

La política de seguridad democrática priorizo la acción en Arauca, pero los resultados no son para nada alentadores, dado que la prioridad de la fuerza pública era cuidar el oleoducto. Los sabotajes se redujeron dramáticamente, pero la guerrilla supo resistir esta ofensiva y se dice en círculos militares que donde menos se pudo avanzar fue allí. Pero lo que no pudo la acción estatal, lo logró el enfrentamiento entre las Farc y el Eln quienes desde 2005 se metieron en una guerra abierta por el control territorial y los recursos. Esta guerra afectó gravemente a la población civil al punto que entre 2005 y 2009 se calcula que este enfrentamiento produjo entre 800 y 2000 muertes, de las cuales el 80%  fueron de civiles.

La guerra terminó con un reordenamiento del poder territorial y un pacto de no agresión y de políticas de reparación de cada parte por los estragos causados. Hoy hay líneas invisibles que dividen a las comunidades en Arauca y si se quiere sobrevivir es mejor no cruzarlas.

El Frente Domingo Laín sigue siendo hoy una fuerza protagónica en el Sarare, mantiene sus vínculos con las comunidades y ha fortalecido su presencia al otro lado de la frontera, es un para-estado que ocupa el vacío del Estado ausente. Está por verse como jugaría el Laín en unas eventuales negociaciones con el Eln. Muchas de las personas judicializadas pagaron sus condenas y tanto ellos como quienes fueron exonerados han regresado a Arauca a seguir con sus vidas.

Pablo fue detenido en Bogotá en 2007 y se fugó de la cárcel de Arauca en 2009. Desde la clandestinidad es el número uno del Laín. El Chino pagó seis años de condena y ha vuelto a la guerrilla. Atilano y Daniel son ancianos jubilados de las lides de la guerra que han vuelto a sus vidas campesinas. El Frente Domingo Laín sigue vivo y coleando, y su historia debería ser observada con más atención en Bogotá, ahora que las ilusiones de la prosperidad se basan en la “locomotora petrolera”.