A cuatro meses de las elecciones presidenciales del 7 de octubre, las diversas encuestadoras nacionales dan como virtual ganador a Hugo Chávez Frías, IVAD da 58% a Chávez y 26.1% a Capriles, Hinterlaces 53% para Chávez y 34% para Capriles, GISXXI 56.5% Chávez y 21.3% Capriles, Datanálisis 42.9% a Chávez y 25.7% para Capriles.

En uno de estos estudios, el de GISXXI, fuera del posicionamiento de Chávez en las preferencias electorales, llama la atención otros dos elementos, el primero  es que apenas el 2% de la población venezolana considera la salud y la educación como un problema principal, el segundo es que las misiones sociales impulsadas por el gobierno, reciben una aceptación positiva de buena-muy buena que se ubica entre 57% y 76%.

Sin lugar a dudas, la popularidad actual del mandatario venezolano tiene una explicación en el impacto de las misiones sociales, ha sido el modelo de política social del gobierno revolucionario quien ha generado un sistema público de protección social. El modelo de operación de este sistema han sido las misiones, y éstas, han traído como consecuencia la tendencia constante de valoración positiva en la gestión del presidente.

Los datos en salud son indicativos de lo anterior. En 12 años el gobierno Bolivariano ha incrementado los establecimientos de la red de salud en un 161.15%. De 5.174 centros de atención que existían para 1998, se ha pasado a contar con 13.512, lo cual significa que durante 12 años se construyeron 8.338 centros, mientras que el proyecto liderado por los partidos del monopolio bipartidista Acción Democrática y Copei, en 40 años solo construyeron 5.174 centros de atención en salud.

El impacto de las misiones de salud, educación o de comercialización de alimentos, ha sido contundente en la reducción de la pobreza del pueblo venezolano.  En Diciembre de 1998 cuando llega el presidente Chávez a la presidencia de la república el porcentaje de hogares pobres era de 43.9% y los hogares en pobreza extrema representaban el 17.1%. En doce años de esfuerzo constante y con la incorporación de las misiones se ha logrado construir una curva descendente de abatimiento de la pobreza. Para el 2011 el número de hogares pobres era de 26.7% y en pobreza extrema de 7%, lo cual representa una reducción de la pobreza en 39% y de 59% en la pobreza extrema.

En el estudio mencionado anteriormente, el 70% de la población afirma haberse beneficiado con la misión mercal (Alimentos), 57% con la misión barrio adentro (Salud), 54% con PDVAL (Alimentos), 19% con la misión vivienda, 11% con la misión Rivas (Educación Secundaria) y 8% con la misión Sucre (Educación Universitaria), datos que vienen a confirmar las misiones como estrategias eficaces en la construcción de un Estado capaz de garantizar los derechos económicos y sociales, no desde la letra muerte de los protocolos, sino desde el disfrute cotidiano.

Las misiones más que una estructura para garantizar los derechos de los venezolanos, se han convertido en una institución simbólica que representa la inclusión y la solidaridad, valores opuestos a la mirada capitalista que ve en la salud, la educación y la alimentación solamente un negocio.

Los compromisos de un Estado social de derecho terminan siendo retórica si no cuentan con un modelo de operación que los realice. En la realidad venezolana, tradicionalmente los derechos económicos y sociales se operaron desde programas inscritos en la trama burocrática del Estado, hacían parte de un enfoque racional e institucionalista y un trazado tecnocrático que ve las políticas públicas como un proceso de diagnóstico, planificación, ejecución y evaluación sin tener en cuenta la variable del poder; creyendo ingenuamente que basta con diseñar la política, colocarla en la trama de gestión institucional y ésta operará sin interferencias.

La realidad,  sin embargo, es mucho más compleja, un diseño acertado de política social puede fracasar en su operación al ser intervenida o saboteada por factores de poder internos en las distintas instancias desde donde deben ejecutarse. El caso de las misiones es aleccionador, el proyecto revolucionario llega al gobierno desde una opción democrática y electoral que no implicó la ruptura violenta del Estado y la construcción de una institucionalidad nueva. El destino que tenían las políticas revolucionarias era ser operadas por una estructura burocrática adeco-copeyana opuesta a dichas políticas.

El gobierno Bolivariano, por el contrario eligió el camino de crear las misiones, no como estructuras paralelas, sino como modelos pilotos de experimentación orientadas al éxito. La oposición ha querido presentar este modelo como producto de la improvisación y la desinstitucionalización. Su estrechez cultural y política no le ha permitido entender el rico soporte conceptual de este modelo de operación, el cual está dado por la teoría de la planificación situacional propuesta por Carlos Matus, antiguo ministro de economía de Salvador Allende y el cual propone la variable del poder en el enfoque y trazado de las políticas públicas.

Desde este enfoque debemos entender las políticas públicas como procesos móviles y en disputa, podemos entender las misiones como un trazado dinámico capaz de producir realizaciones, en un contexto de desafío  y transgresión a la institucionalidad democrática por parte de la oposición venezolana.

Pero estos debates podrían quedarse en especulaciones si no arriban al éxito de las políticas; caso contrario ha ocurrido con las misiones, las cuales hoy son la palanca para la construcción de la nueva Venezuela.

En este contexto de excelente valoración de la política social del gobierno revolucionario, a la oposición no le queda otra alternativa que reconocer su éxito y tratar de bajar la percepción en los venezolanos que de darse un hipotético gobierno suyo, las misiones no serían eliminadas.

Por ello hemos asistido a la puesta en escena por parte de la oposición, de una propuesta llamada “ley de misiones” que saben no será aprobada en la Asamblea Nacional donde son minoría; pero buscan incidir en el electorado mal llamado NI-NI para buscar levantar la candidatura estancada de Capriles Radonsky.

Al igual que en otras estrategias, en esta campaña adelantada de la oposición, no entienden el nivel de conciencia política del pueblo venezolano que sabe que en octubre se dará la confrontación de dos modelos: uno de participación real y redistribución de la riqueza (representado por el presidente Chávez) y otro de subordinación de la política a las élites económicas y exclusión social (representado por los grupos económicos que dirigen la campaña de Capriles Radonsky)

Porcentaje de hogares pobres y pobres extremos según la línea de ingreso (1998 – 2011)

 

/ Por Wilfer Bonilla

*Investigador Centro de Estudios Económicos y Sociales. Caracas-Venezuela.