Romeo Langlois es un reportero como pocos. De aquellos que desprecia el periodismo que se hace desde los escritorios y que ha recorrido el país de cabo a rabo. Hace algunas semanas le preguntaba a una colega colombiana “¿Por qué los periodistas de este país nunca hablan con las Farc?”. Le parecía insólito que las noticias solo se construyeran sólo con la fuente oficial, como suele ocurrir. Por eso él siempre buscó la versión no sólo de la insurgencia sino sobre todo de las comunidades. Quien quiera conocer la madera intelectual de la que está hecha Romeo Langlois puede buscar en youtube uno de sus más recientes e impactantes trabajos: Pour tout l’or de Colombie, un documental sobre la manera en la que el gobierno de Uribe le intentó “tumbar” a los ex trabajadores de la Frontino Gold Mines el derecho sobre la mina de oro de Segovia que ha sido fuente de riqueza por más de un siglo. Romeo no es timorato. En el documental denuncia con una rigurosa investigación tanto los intereses de multinacionales y del propio gobierno en esta mina.

Romeo Langlois no es un corresponsal de guerra que trabaje para el Ejército como han desinformado algunos. Es un experimentado aunque joven reportero cuya independencia ha sido probada en cada uno de sus trabajos. Que estuviera con una patrulla militar el sábado 28 de abril, es algo excepcional debido al reportaje que hacía sobre la lucha anti-drogas.

Ese día una lluvia de balas cayó sobre los helicópteros de la Brigada Antinarcóticos del Ejército que aterrizaba en un paraje del Caquetá. Como quedó claro, un territorio que sigue bajo control de las Farc. Romeo, según versiones del Ministro de Defensa, se habría identificado como periodista ante los insurgentes, para salvar su vida. La emboscada había sido feroz. Tanto que al principio se habló de 15 muertos, y aunque ese número no es exacto, varios soldados estuvieron desaparecidos durante un día. El combate fue largo, y la guerrilla tenía la ventaja.

¿Qué hacía allí Romeo? Lo que manda el periodismo. Buscar la verdad para contarla.

Hasta ahora el único pronunciamiento que se conoce de las Farc es un escueto comunicado leído por una guerrillera del frente 15 en el que esta estructura admite tenerlo en su poder en condición de “prisionero de guerra”. La guerrilla, que prometió no volver a secuestrar, usa este apelativo como si el periodista fuese un combatiente. No existe ninguna justificación para que sea considerado como tal, ni siquiera si ha usado como protección un casco y un chaleco.

Ningún periodista ignora que al viajar con cualquiera de los grupos armados, en este caso el Ejército, pero ocurre igual con las guerrillas, se expone a ser blanco militar. Pero también saben los periodista que hay ciertas historias que el público necesita conocer y que sólo pueden hacerse desde adentro, con los actores de la guerra. De ninguna manera esta decisión cambia la condición de civil del periodista.

Por eso la prensa se ha movilizado, y en una contundente carta; el gobierno de Francia está en alerta máxima y por supuesto este es un momento crucial para que las Farc demuestren si es verdad o no que cumplirá su palabra frente al secuestro.