Recorrido por el festival

 / Por Armando Orozco Tovar

 Tan suave se introduce su delicado silbo, que duda el corazón si es el corazón mismo. (Sor Francisca Josefa del castillo y Guevara)

 Aquella mañana la Plaza de Bolívar de Tunja amaneció  con cientos de ladrillos donde aparecen los rostros de los asesinados y desaparecidos, los que contemplaban algunos tempraneros  desconcertados sin comprender a esa hora de qué se trataba.

Era la instalación, presentada hace rato en diferentes plazas y sitios del país: Carrera Séptima y Plaza de Bolívar de Bogotá, como otra forma de combatir la acrisolada desmemoria por  los crímenes políticos ocurridos en Colombia en las últimas décadas.

Las baldosas de la plaza de la ciudad, que permanece en las postrimerías de un siglo colonial, en la medida que transcurría el día se atiborró de gentes con la muestra de esas fotografías, y el: “Performance por la Memoria la Dignidad y la vida”, montado por la Corporación Zoscua.

En la “Casa del Fundador”, la Fundación  “Rayuela”, dirigida por Iván Torres, mostraba su instalación dejando perplejos a los que también llegaban de día y de noche apreciando la muestra artística elaborada por artistas con cajas de embolar, transformadas en verdaderas obras artísticas de denuncia en homenaje a la memoria del humorista Jaime Garzón. Pero como casi siempre ocurre se descubrió al final del evento el robo de una de ellas cometido seguramente por un coleccionista, o como sabotaje de la desmesura de estos tiempos fascista contra el arte.

Todo esto comenzó el jueves anterior convocado y organizado por la Corporación Casa de la Cultura Popular, que con tesón dirige desde su creación Wistón Porras. Su inauguración fue en el Auditorio Mosser con la presentación de  “La Filarmónica”, dirigida por el maestro Luis Eduardo Vargas Díaz, e integrada por jóvenes mujeres y hombres, adiestrados en el manejo de los  complejos instrumentos como  verdaderos maestros, los cuales abordaron las obras clásicas del pentagrama universal, y varías de la música popular colombiana.

En los cuatro días duraderos del  Festival,  (del 21 al 24 de junio) se presentaron muestras plásticas individuales y colectivas, talleres de escritura de guiones para cortometrajes, la presentación del grupo de teatro Fausto, de música latinoamericana por el grupo Imanayuezue. Conversatorios con el tema “Búsquedas y regresos en torno a Cien Años de Soledad.” Un panel con la presencia del Semanario Voz, el periódico Desde abajo y El Diario de Tunja, abordando el tema: “La importancia y necesidad de los medios alternativos  de comunicación en Colombia. Hubo en Tunja también cine ruso, animado por el conferencista y crítico de cine Juan Guillermo Ramírez, quien presentó las cintas: Nikita 12. Nikita Mikhaikov. Rusia 2007. Drama 153. El Arca rusa de Alexandr Sokurov. Rusia 2002. Drama 96, y la película colombiana “Colibrí”.

El conocido caricaturista Betto Martínez de El Espectador, recreó con su armónica, dulzaina,  firolina, etc, en compañía del músico  Leonardo González, una impresionante muestra de la música norteamericana desde sus orígenes hasta el Jazz, con un colmando total de público en el Auditorio Mosser. También la fiesta artística trajo a la capital boyacense: Títeres, un Taller de Salsa, Danza y una: “Visita guiada por la poesía colombiana del siglo XX”.

Al cierre del VII Festival de las Artes, y por ser domingo a todos llamó la atención la cantidad de  público que se congregó para escucha a los poetas nacionales y extranjeros invitados a la ciudad de la histórica Sor Francisca Josefa del Castillo, la poeta tunjana.