Foto: tomada de facebook.com/PDAColombia

Primero fueron Lucho Garzón y Gustavo Petro quienes si bien no fueron echados del Polo Democrático Alternativo, por lo menos salieron por la puerta de atrás. Después vino la expulsión de un grupo de congresistas acusados de ser Progresistas, y ahora le tocó al Partido Comunista.

El comité ejecutivo del Polo Democrático se parece a aquella merienda de locos que describe Lewis Carroll en Alicia en el País de las Maravillas, donde el Sombrerero y la Liebre de marzo le gritan a todos los demás: ¡no hay lugar, no hay lugar! El excesivo purismo de un grupo de dirigentes ha convertido al Polo en un grupo marginal en la política nacional y, por esta vía enterraron, quién sabe hasta cuándo, la posibilidad de un proyecto unitario. Y deja en vilo las aspiraciones presidenciales de Clara López, quien, en otro contexto, podría haber jugado como puente entre diversas tendencias de centro-izquierda.

Pero no todo es catástrofe. Que el Partido Comunista se integre definitivamente a la Marcha Patriótica tiene mucho de positivo. Por un lado, permite que se construya un bloque claro de izquierda que representa a un país marginal, profundamente afectado por la guerra. Si hay proceso de paz en este gobierno, y todo parece indicar que lo habrá, la Marcha puede convertirse en un espacio muy protagónico y en una especie de laboratorio de lo que sería una izquierda con las guerrillas desarmadas.

Si las Farc influyen en la Marcha, como es obvio, eso es una señal más positiva que negativa, porque eso querría decir que las guerrillas están buscando nuevamente el lenguaje de la política y que tienen alguna fe en que esta vez no los matarán como ocurrió con la UP.  Querría eso decir, además, que los tiempos del PCC3 quedan atrás. Eso es algo que la cúpula militar y el Ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón no han entendido. O  por el contrario, lo han entendido muy bien y buscan sabotear la escasa confianza que las bases sociales de las Farc tienen en la posibilidad de salir a la plaza pública.

Total, es posible que al Partido Comunista le vaya mejor en la Marcha que en un Polo agónico.  Y para la Marcha es muy positivo que los comunistas ejerzan como un Partido a su interior, dado que ha demostrado a lo largo de las últimas décadas una crítica sin duda a la combinación de las formas de lucha, y es claro que si hay gente convencida de la necesidad de una salida política al conflicto, esos son los dirigentes comunistas como Carlos Lozano, Gloria Inés Ramírez o Iván Cepeda.  De cierto modo, la presencia de los comunistas blinda a la Marcha de la imprudencia y despiste de Piedad Córdoba.

La expulsión del Partido Comunista del seno del Polo Democrático sella el fracaso de un partido único de izquierda. Pero de cara a las elecciones del 2014 el dilema es crear un frente común o morir.

Como para todo el mundo en la izquierda parece estar claro que no es posible un partido único, a la usanza leninista, lo que se impone cada vez más, de cara a las elecciones del 2014, es la construcción de un frente amplio e incluyente que reúna del centro hacia la izquierda a todas las tendencias. Eso es lo que propone Antonio Navarro, quien agrega que el candidato de este frente debería ser un “outsider”, y parece haberlo encontrado. La semana pasada cuando se reunió en Medellín un grupo de políticos e intelectuales de centro-izquierda, la figura del exministro José Antonio Ocampo destacó como un peso pesado que se la quiere jugar en política.

No obstante, en dicha cumbre, que culminó convertida en el movimiento Pido la Palabra, brilló por su ausencia la izquierda. Ningún Progresista, más allá de Navarro, nadie del Polo, y mucho menos gente que está poniendo agenda en el país como los indígenas del Cauca. Por lo menos en el arranque, Pedimos la Palabra parece un movimiento más de centro-centro y habrá que ver si logra acercamientos con la izquierda, especialmente con los seguidores de Gustavo Petro que, al fin y al cabo serían, junto al sector de Sergio Fajardo, quienes tienen los votos.

Justamente porque Fajardo estuvo, sin estar, en la fundación de Pedimos la Palabra, junto a los disidentes de los Verdes, encabezados por Antanas Mockus, es que se avizora una división inminente en el partido que lidera Lucho Garzón, quien de paso ya le hizo un guiño a la reelección de Juan Manuel Santos.

La idea de un frente coyuntural y electoral parece ser el sombrero del ahogado, ante el fracaso de un partido de tendencias como era el Polo. Y aunque esta puede ser una salida digna para una coyuntura que se avizora desastrosa para la izquierda, es apostarle de nuevo a proyectos más personales que colectivos, al corto plazo, y a los acuerdos meramente electorales.

Sin duda hay tiempo para ajustar las cargas, cerrar heridas y pensar en una estrategia que vuelva a reunificar a la izquierda (incluidos el centro y los sectores radicales) para competir en el 2014 y no ser los convidados de piedra en una disputa entre dos sectores de la élite hoy enfrenados, dos corrientes de derecha, y terminar, como en el pasado, aduciendo que hay que inclinarse a favor del menos peor.