Foto: José Obdulio Gaviria | tomada de noticiascapital.com

/ Por Oscar Fernando Sevillano. Con bastante expectativa se esperó la decisión de las directivas de El Tiempo sobre la continuidad de José Obdulio Gaviria como columnista de opinión, luego de su más reciente escándalo generado por su última columna de opinión, en la que abordó, con datos “equivocados”, el secuestro de un familiar de un prestante empresario en una zona de veraneo cerca de Bogotá por una facción de las Farc.

El ex asesor presidencial durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez sostuvo que la negociación de la liberación del plagiado había sido tema del comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, con los negociadores del grupo insurgente en La Habana, Cuba, hecho que fue negado por la familia del plagiado, funcionarios de gobierno y guerrilleros.

No hay duda de  que este artículo, escrito con base en argumentos y datos errados,  tenía la clara intención de poner en tela de juicio el proceso de paz que se comienza a gestar entre el grupo guerrillero y  el gobierno que preside Juan Manuel Santos; además, puso en aprietos a las directivas del diario El Tiempo, a quienes la opinión pública no tardó en pedirles un pronunciamiento,  porque lo que describía el artículo no correspondía a la realidad de los hechos, con lo que se ponía en duda no solamente al género del análisis y la crítica, sino también al mismo medio que la publicó.

El episodio del ex asesor de Álvaro Uribe Vélez durante sus ocho años de gobierno, acabó como se esperaba, con su salida de El Tiempo. La lección quedó clara: por mucha libertad que se tenga para escribir, siempre habrá responsabilidad con los lectores y con los medios de información que avalan las publicaciones de sus columnistas.

Este hecho no podía pasar desapercibido ni se podía considerar como un suceso aislado, mucho más si se tiene en cuenta el momento político por el que atraviesa el país, donde se debe cuidar cada palabra que se diga, porque cualquier imprudencia, por pequeña que sea, puede dar al traste con la esperanza de una posible reconciliación nacional, objetivo por el que el Gobierno nacional decidió jugársela, y la mayor parte de la sociedad  ha tomado la decisión de acompañarlo.

Puede uno no estar de acuerdo con lo que se haga desde la administración nacional,  el problema es que no por esto,  se puede caer en el juego de pretender utilizar los medios de comunicación para crear realidades que nunca sucedieron, así como lo venía haciendo José Obdulio Gaviria de tiempo atrás, no solo desde el diario El Tiempo, sino también desde  su desaparecido  programa de televisión en Cable Noticias, que utilizaba para lanzar insultos a quienes ejercieron la oposición al gobierno de Álvaro Uribe. En ambos casos, también queda en duda ante la opinión pública la ética de los propietarios y directivos de los medios de información, que permiten este tipo de intervenciones y publicaciones.

Queda entonces una gran lección, no solamente para el ex asesor presidencial, que de por si goza de poca credibilidad en el panorama nacional,  sino también para el país entero: por mucha libertad que se tenga para escribir o analizar determinado tema, esto conlleva a una serie de responsabilidades, tanto con el lector como con el mismo medio de información que avala las publicaciones.

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