Foto: Juan M. Mogollon, ex candidato a la Gobernación de Arauca.

En la noche del pasado 18 de septiembre fue asesinado en su residencia del municipio de Saravena, Juan Manuel Mogollon, candidato a la Gobernación de Arauca por el partido Liberal en las elecciones de octubre del 2011. Es una nueva víctima en una larga estela de sangre agenciada por paramilitares, guerrillas y fuerzas estatales en los últimos treinta años en esta tierra de riquezas naturales y pobrezas sociales.

Ahora que nuevamente se vuelve hablar de posibilidades de concertación para cerrar medio siglo de violencias, Arauca sigue siendo un territorio de duras confrontaciones armadas y un reto enorme en un proceso que ojalá logre desarrollarse de manera efectiva entre el Gobierno nacional y las guerrillas de Farc y Eln, que tienen arraigo social, territorial y político en este departamento.

Frente a los acercamientos, no solo las Farc hicieron anuncios por parte de los miembros del Secretariado, sino que también lo ha hecho el Eln, cuyos voceros hablaron de los acercamientos a las mesas de negociación con el Gobierno nacional para poner un cese al fuego y poder reincorporarse a la vida civil, quizás como parte de grupos políticos dentro del marco legal constitucional.

Las declaraciones recientes de Gustavo Aníbal Giraldo Quinchía, alias ‘Pablito’, comandante del Eln en Arauca y uno de los referentes históricos de este grupo guerrillero, muestra también una postura conjunta entre las facciones de esa organización en Arauca y el la dirección nacional del grupo guerrillero; sin embargo, el líder guerrillero no deja de lado una postura de confrontación directa contra actores estatales o contra otras guerrillas, en este caso las Farc, lo que podría distorsionar el panorama político que se avecina.

La supuesta responsabilidad del Eln en el homicidio de un ex candidato a la Gobernación de Arauca siembra dudas sobre la voluntad regional de esa guerrilla de acogerse a las negociaciones de paz con el Gobierno nacional.

Si bien el Eln no recurre a acciones terroristas con el complejo nivel de operatividad como las Farc, sí continúa jugando a depurar del panorama político sus compromisos directos y reales en el ejercicio de poder en Arauca, departamento que han cogobernado en muchas ocasiones y donde siguen ejerciendo un poder efectivo en varios temas y sobre algunas comunidades.

En el caso araucano, más que el accionar militar del Eln, que es importante, su accionar se  centra en incidir sobre gobiernos locales y mantener su influencia comunitaria, lo que le puede significar una mayor facilidad de inclinarse al diálogo político, pero también fuertes adversarios con los que ha podido cogobernar durante los últimos 25 años a la sombra de un tipo de constreñimiento electoral, compromisos ideológicos y organización de las bases militantes.

Esas circunstancias genera dos preguntas: ¿Qué pasará con ese entramado ante un eventual proceso de paz? ¿El Eln podrá mantener la importante influencia que ha tenido en Arauca en los últimos treinta años o, por el contrario, se diluirá? Algunas voces autorizadas del departamento de Arauca no le auguran un futuro muy fácil, pero estos son los retos de transformarse en fuerza política en armas a fuerza política sin armas. A su favor tienen su amplio conocimiento y vínculos con la realidad social, política y económica regionales.

Pero esa posición de enfrentamiento directo del Eln contra algunos grupos políticos y diversos líderes es compleja, por lo que podríamos seguir viendo acciones militares de este grupo contra algunos líderes políticos, tal como pasó con Juan Manuel Mogollón Reyes. Son muchas las voces araucanas que señalan a esta guerrilla como la responsable de este crimen, aunque será labor de las autoridades judiciales aclarar este homicidio. Y el de otros más, varios de ellos funcionarios públicos que fueron asesinados tras ser considerados como obstáculos a su expansión en las administraciones municipales y departamental.

El fin del Eln en Arauca no es la toma del poder, es no perder lo ganado durante estas tres décadas de lucha armada en el departamento; sin embargo, las limitantes saldrán cuando comiencen aquellos procesos de verdad, justicia y reparación. En ese momento habrá que ver cómo la dirigencia de esta organización insurgente, tanto a nivel nacional regional, asumirán las responsabilidades en una criminalidad de la que han participado, asesinando a docenas de personas, entre ellas líderes políticos, comunitarios y eclesiales.

Ante todo ello, la futura paz estructural del Eln estará en la encrucijada: ¿una verdad velada o una verdad con reparaciones a media marcha? Porque, contrario a las Farc, la pérdida política en Arauca puede ser grande, sino se asume con todo el rigor el momento tan especial que vive el país ante una eventual negociación entre el Gobierno nacional y las guerrillas, y se es consciente de la fatiga de la guerra y la violencia, que, pese a todo continúa sintiéndose en el departamento y que esta semana cobro la vida de Juan Manuel Mogollón, un hombre con raíces en esta tierra. Esa es la encrucijada.