Foto: Manuel Marulanda y Jacobo Arenas en los años 80 | archivo CNAI


Álvaro Vásquez del Real es el comunista de mayor edad y respeto en las filas de su partido, y hace pocas semanas se le concedió el título de Miembro honorario. Nacido en Barranquilla, estudió Derecho en la Universidad Libre de Bogotá y se vinculó al Partido Comunista a principio de los años cincuenta en el Tolima, donde hacía sus primeros pinos como abogado, profesión que rápidamente abandono para dedicarse de lleno a la actividad política.

En el texto que compartimos con los lectores (Sobre la tregua de La Uribe) , Vásquez del Real muestra las tensiones que hicieron fracasar el primer intento de diálogos y negociaciones con las Farc; lo hace desde la orilla de quien critica al establecimiento de poder y le endilga todas las responsabilidades: señala la oposición de los militares, de la dirigencia política que no acompaña de manera decidida el intento de pacto del Presidente Belisario Betancur, el desarrollo de unas políticas que acrecientan la desigualdad y la precariedad, y cómo en estos años la acción paramilitar se acrecienta y opone a las iniciativas de convivencia.

No hay críticas en sus reflexiones a la actitud de las Farc y su comportamiento político en esos años, no menciona ninguna, mantiene discreción, muy seguramente se tramitaron en privado  y de ellas pudo participar Vásquez del Real, quien en los años del acuerdo de La Uribe se desempeñó como senador por la Unión Patriótica.

Lo que sí queda claro es que hay una valoración de la actitud tanto del Gobierno como de las Farc de ir a un proceso político que despertó expectativa en el país; se veía lo importante que era lograr el fin del alzamiento armado, pero ninguna de las partes logró coincidencia en la dirección en la cual marchar para lograrlo. Además, la posibilidad de construir un movimiento político legal como producto del acuerdo ya firmado en 1984, luego de las reformas demandadas por las Farc, fue una ilusión en la que creían el Partido Comunista y quizás de una minoría en esa guerrilla, pero por dentro de la organización insurgente y por fuera había enemigos dispuestos a obstaculizar ese camino, como en efecto ocurrió.

En esta segunda entrega sobre documentos históricos acerca de anteriores procesos de diálogo entre el Gobierno nacional y las Farc, Arcoiris.com.co publica las reflexiones de una de las figuras más representativas del Partido Comunista colombiano.

Las dudas en el mecanismo del pacto y la  posibilidad de abandonar la estrategia armada eran inmensas y fueron reforzadas con cada muerto que producía la confluencia entre sectores de militares, narcotraficantes, políticos y empresarios del campo. En ese baño cruel de sangre, sobre el que las Farc tampoco hizo mucho por enfrentar, quedaron sepultadas las posibilidades del primer emprendimiento de acuerdo político con lo que aún era una pequeña guerrilla, de menos de mil combatientes y doce estructuras en 7 departamentos al inicio del gobierno del presidente Belisario Betancur y que al final de la administración de Virgilio Barco ya sumaba cerca de 4 mil combatientes, en 26 estructuras y con presencia en 13 departamentos.

Volver a mirar la historia no tan lejana de los años ochenta, y el intento de negociación que se plasmó en los acuerdo de La Uribe, es un buen ejercicio para estos tiempos, sobre todo a partir de las reflexiones de un protagonista de estos hechos como lo fue Álvaro Vásquez del Real, en su condición de dirigente del Partido Comunista.

No puede olvidarse que esta organización alimentó ideológicamente a las Farc desde sus inicios y trató de acompañarlos en la búsqueda de una salida política, tema que fue abordado en su XIII Congreso celebrado en 1980, cuando se caracterizó la importancia de lograr una “Apertura Democrática”, la cual pasaba por cerrar el ciclo del alzamiento armado de ese grupo insurgencia y las otras guerrillas, mediante una “Solución política al conflicto armado”.

La historia nos mostró que una cosa pensaba el Partido Comunista y otra muy distinta las Farc; pero desde otras orillas de la política tampoco había acuerdo sobre el cierre pactado del levantamiento armado; y en otros sectores políticos y gremiales, ni el menor asomo de compromiso con la convivencia pacífica y la pluralidad de proyectos y la competencia política, en lo que se creía y actuaba era en la eliminación de los sectores de izquierda, sobre los cuales hubo una acción criminal, todavía no plenamente aclarada en sus responsables y mucho menos sancionada debidamente.