Foto: Víctor Mosqueira, secretario general de la Confederación Sindical de las Américas | vía Flickr CSA

Aprovechando su presencia en el Seminario Internacional sobre Metodologías y Experiencias de Medición de Trabajo Decente realizado en Bogotá, y la celebración de los 30 años de la Escuela Nacional Sindical (ENS), la Agencia de Información Laboral tuvo oportunidad de hablar con el Secretario General de la Confederación Sindical de las Américas (CSA), Víctor Báez Mosqueira, quien habló sobre diversos temas de interés, no sólo al movimiento sindical colombiano sino el de todo el continente.

Báez Mosqueira tiene 56 años de edad y es de nacionalidad paraguaya. Empezó su carrera de dirigente en 1977, como secretario del Sindicato de Empleados del Banco Real del Paraguay. Luego, en 1982, fue nombrado secretario general de la Federación de Trabajadores Bancarios de este país. En 1989, y durante 4 años, fue Presidente de la Central Unitaria de Trabajadores del Paraguay, para iniciar su carrera internacional en 1995 como representante de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT) para el Cono Sur. Posteriormente fue Secretario General de esta misma organización, cargo desde el cual acompañó el proceso que terminó con la creación de la CSA, que nació de la unificación de la ORIT y la CLAT.

(AIL): En un reciente discurso usted dijo que hay una ola de renovación y crecimiento sindical en América Latina. ¿Puede precisarnos esa apreciación? 

(VBM): A pesar de todas las dificultades, las represiones y obstáculos que ponen los empleadores y muchos gobiernos, en América Latina hay un crecimiento sindical, tanto en número como en la calidad de los planteamientos que se están haciendo. Si bien la función principal de los sindicatos es organizar y contratar colectivamente, hay otras funciones que no son menos importantes, como, por ejemplo, las propuestas de un desarrollo alternativo al modelo que nos han impuesto. En ese aspecto también ha habido progresos. Desde Alaska hasta Tierra del Fuego está creciendo la cohesión sindical, está creciendo la participación de los sindicatos en las instancias internacionales, en procesos como Unasur, el Celac, en los procesos de integración subregionales y también dentro de la Conferencia Interamericana de Ministros del Trabajo. Y está creciendo la conciencia de lo que representa el modelo neoliberal a nivel mundial. Hay gran preocupación por lo que está pasando en Europa con las medidas de ajuste; medidas que nosotros en Latinoamérica ya hemos sufrido y que nos trajeron mayor desigualdad, y son las mismas que ahora se aplican en Europa con resultados que no van a ser diferentes. Necesariamente van a redundar en un aumento escandaloso de la desigualdad en el viejo continente.

¿Cuáles cree usted que son las razones para ese crecimiento?

En algunos países se debió a que gobiernos progresistas han facilitado el crecimiento del Movimiento Sindical (MS), con mejores leyes y la posibilidad de contratación colectiva. Pero en otros países el crecimiento se ha dado a pesar de los gobiernos de derecha. Uno de ellos es Panamá, donde el presidente Martinelli reprimió escandalosamente a los trabajadores de la localidad de Changuinola, lo que a su vez, como reacción, posibilitó que los trabajadores se unieran más. Los casos de México, Honduras y Paraguay hablan por sí solos, con los proyectos de promoción de la tercerización y los contratos por hora. Hace poco tiempo conseguimos detener la “ley chorizo” panameña, que iba en igual dirección.

En cuanto a las elecciones presidenciales en Estados Unidos, ¿qué expectativas hay?

Nuestra expectativa es que el Partido Demócrata gane las elecciones, para evitar que, en caso contrario, el enfoque fundamentalista del Partido Republicano incorpore nuevos problemas a la de por sí delicada situación de los trabajadores de ese país.

Pasando a la situación de Colombia, la 2ª Encuesta de Opinión Sindical adelantada por la ENS revela que el 92% de los dirigentes sindicales perciben la división interna como el mayor problema del MS. ¿Qué opina sobre este hecho?

No es sólo un problema del sindicalismo colombiano, es endémico del sindicalismo de América Latina. En las últimas décadas, con la fragmentación sindical, ha habido más sindicatos con menor número de trabajadores. Pero con el proceso que nosotros llamamos de “autorreforma”, estamos implementando políticas que están dando como resultado que ese proceso se revierta: que haya menos sindicatos y más trabajadores y trabajadoras organizados. Porque en esto juega mucho el modelo sindical. En países donde está consagrado el sindicalismo por empresa hay menos trabajadores sindicalizados y menos cobertura de convención colectiva. Es el caso de Colombia, que tiene apenas el 4% de sindicalizados y el 2% con negociación colectiva, o Guatemala, donde los primeros son el 2% y los segundos menos del 1%; y lo que es peor: hay varios sindicatos dentro de una empresa y solamente uno negociando, lo que posibilita la pelea entre los sindicatos. Lo que contrasta con lo que ocurre en los países del cono sur, donde prevalecen los sindicatos por rama y negociación colectiva por rama. Brasil tiene el 16% de sindicalización y 69% de trabajadores cubiertos por contratación colectiva; en Uruguay 30% de sindicalización y 80% de contratación colectiva; en Argentina 30% la primera y 40% la segunda.

La encuesta que le menciono fue hecha a 104 dirigentes, y de ellos sólo uno tiene menos de 35 años, y el 87% más de 45 años. Además, sólo 21 son mujeres, es decir, una relación 5 a 1. ¿Qué reflexión le suscita esa realidad?

En primer lugar, hay una  necesidad de renovación, y estamos trabajando en eso, con los ejes de edad y género transversalizados. Necesitamos que haya más jóvenes y más mujeres en el MS. Pero eso debe lograrse a través de políticas, porque entre otras cosas los jóvenes son los que más están sufriendo la situación laboral. Ahora se les quiere educar dentro de lo que llaman el emprendimiento, con la perspectiva de que todos sean empresarios. Eso es mentira. De cada 100 jóvenes, uno o dos como máximo serán empresarios, el resto va a vivir de su trabajo, de su salario. Uno de los instrumentos para llegar al joven y la joven es precisamente el cambio en los criterios de la comunicación. No podemos llegarles con los discursos tradicionales, tenemos que hacerlo con nuevos planteamientos y por medios alternativos, por las redes sociales, con un lenguaje distinto. Y en otro frente buscar la democratización de los medios masivos de comunicación.

¿Cómo así la democratización de los medios de comunicación?

En Brasil a los grandes medios de comunicación se les llama “latifundios mediáticos”, porque eso es lo que son en la realidad. Se han apoderado de la opinión pública a voluntad de sus dueños; tergiversan la verdad, desinforman y, por supuesto, no dan la mejor imagen del MS. Los sectores populares en general y el MS en especial, son víctimas de las políticas de desinformación de estos grandes medios. Por tanto, debemos buscar democratizar la comunicación de diferentes formas; exigiendo políticas a los gobiernos para que los latifundios mediáticos tengan apenas una parte de la comunicación, que los Estados tengan otra parte, y que los sectores de la sociedad civil, incluidos los sindicatos, tengan la otra. Porque, ¿quién es el que va a dar el mensaje más indicado sobre lo que es el MS y las aspiraciones de las y los trabajadores? El propio MS. La gran prensa nos calumnia, distorsiona lo que hacemos y lo que queremos hacer, entonces es necesario democratizarla. Hay medios de prensa que están queriendo echar gobiernos, ejemplo la prensa hondureña. Parece que la bota militar del pasado ha sido reemplazada por otros medios. Hoy en América Latina para dar un golpe de estado ya no son necesarios los militares, bastan el gran capital y los medios de comunicación que se alquilan a ese gran capital.

Cómo se ve desde la CSA la crisis en Europa, que está golpeando duramente a los trabajadores y sus organizaciones sindicales.

Las y los trabajadores europeos con muchos esfuerzos y luchas lograron importantes conquistas, lo que llamamos el Estado de Bienestar, que va mucho más allá de los pisos establecidos por la legislación laboral internacional, o sea por la OIT. Por eso es difícil creer que el modelo europeo de negociación colectiva sectorial y territorial, como superación de la negociación por empresa, que es nuestro paradigma en la búsqueda de una transformación del derecho colectivo en las Américas, fuera abandonado mediante reformas laborales espurias, como la que se está desarrollando en España e Italia. Ahora los Estados conservadores dicen que la crisis es producto del ese Estado de Bienestar. Eso es mentira. Europa creció y llegó a ser lo que es gracias al Estado de Bienestar, y fue la especulación insaciable de los sectores financieros la que produjo la crisis, y para pagar los costos de esa especulación se están recortando salarios, beneficios sociales y demás conquistas de los trabajadores. Las políticas de recortes laborales son las responsables de la asfixia económica y el desmantelamiento del modelo social en muchos países de la Unión Europea. Eso no le conviene a América Latina ni al mundo. Porque si triunfa esa política de la derecha ello tendrá consecuencias negativas inevitables en los derechos de las y los trabajadores de las Américas.

De qué forma los sindicalistas y el MS latinoamericano pueden ayudar a los europeos.

Las y los trabajadores de Europa se han solidarizado con nosotros en innumerables ocasiones, combatiendo junto a nosotros los asesinatos, los gobiernos dictatoriales, la persecución antisindical. Es hora de devolver en parte esa solidaridad. Tenemos que ayudarles a que los compañeros de Europa a reconquistar los beneficios perdidos en los últimos años, y a la vez nosotros acá tratar de que esos beneficios se implanten. Debemos prestar solidaridad a los trabajadores de Grecia, España, Portugal, que el próximo 14 de noviembre van hacer una huelga conjunta porque ya son insostenibles las medidas que sus gobiernos están adoptando. El sindicalismo de las Américas no puede mantenerse ajeno a esa jornada histórica, en especial cuando nuestra lucha es contra la hegemonía del modelo neoliberal.

En concreto, ¿cómo se podría prestar esa solidaridad?

Desde la CSA solicitamos a nuestras organizaciones afiliadas y fraternales que el 14 de noviembre realicen acciones públicas notorias ante los medios de comunicación y movilizaciones ante embajadas y filiales de empresas de esos países. Vamos a hacer saber el descontento en las Américas por lo que los gobiernos y los grandes conglomerados económicos están haciendo con sus respectivos pueblos.

Finalmente, ¿qué significa que al frente de la OIT esté ahora Guy Ryder?

Conocí a Guy Ryder cuando yo tenía 27 años y él estaba por la misma edad. Viajó desde Europa a Paraguay para solidarizarse con los trabajadores y trabajadoras que estaban bajo dictadura. Desde entonces ha hecho una carrera sindical muy importante y también una carrera dentro de la propia OIT. Creo que es un hombre muy inteligente, capaz y muy comprometido con la justicia social. Él es nuestro compañero, pero hoy su función es administrar una organización tripartita, donde debe sopesar las posturas de los gobiernos, los sindicatos y los empresarios, y nosotros debemos respetar esa función. La mejor ayuda que le podemos dar, no a Guy Ryder sino a la propia OIT, es que como sindicatos cumplamos cabalmente nuestra función en defensa de los derechos de las y los trabajadores en el seno de la OIT. Porque la OIT nació en 1919 para promover la justicia social, es decir, para dar igualdad a los desiguales. Tenemos que hacer que los gobiernos y los empresarios no olviden los motivos por los cuales fue fundada esta organización.