El proceso electoral del 17 de febrero en el Ecuador refrendó el poder hegemónico  de la revolución ciudadana.  Correa adquirió una fuerte gobernabilidad cristalizada en un 57% de los votos a la Presidencia y con más del 90 de las 135 sillas parlamentarias, superó a la oposición también en lo regional.

Tras años de inestabilidad política el Ecuador parece adquirir una fuerte institucionalidad política de la mano del proceso liderado por Rafael Correa. Desde 2006 el gobierno ecuatoriano ha demostrado su capacidad para reconstruir al Estado ecuatoriano,  logro que se expresa en una serie de transformaciones tales como, el mejoramiento de la infraestructura vial y de servicios estatales. La renegociación de la deuda extranjera, problema estructural del Ecuador. Reducción de la pobreza y aumento de la clase media. Fuerte supervisión  e incentivo al sistema educativo. Establecimiento de políticas públicas en torno a  la amplia mayoría de derechos reconocidos en la constitución de 2008. Y, la creación de un sistema de rentas internas que logra superar el problema de evasión, común a nuestra región.

Esto ha promovido un resultado electoral no visto desde la vuelta a la democracia. Ningún movimiento político, inclusive en las vertientes populistas de buena parte del siglo XX había logrado un dominio electoral nacional y territorial tan claro, dominio que se expresa también en la hegemonía parlamentaria. Los resultados también significan la caída del multipartidismo fragmentario, dando por terminado el dominio de estructuras partidistas con fuerte imbricación territorial como el PSP de Lucio Gutiérrez, el PRE de Bucaram y el PRIAN del millonario bananero Álvaro Noboa, así como, la difícil situación en que se encuentran las izquierdas, Pachakutik y MPD. Este fenómeno puede pensarse como el resultado  por un lado de fortalecimiento estatal que mina los vínculos políticos tradicionales basados en lógicas clientelares, y por otra parte, la perdida de las izquierdas de su principal base social, la clase media urbana.

La llamada revolución ciudadana impulsada por el Presidente pasa por su mejor momento, sin embargo el movimiento País no consolida una estructura de partido,  y su principal factor de unión sigue siendo el liderazgo de Correa. ¿Hay democracia real o simple caudillismo en el país vecino?

La población emigrante, que representa un importantísimo componente social, económico y político del Ecuador, votó mayoritariamente al gobierno.  Votación altamente simbólica, pues es este grupo heterogéneo el símbolo de la profunda crisis en que se sumió este país durante los noventas y que pervive en la memoria colectiva ecuatoriana.

Sin embargo, este nuevo periodo,  puede enfrentar una serie de problemas.  A pesar de lograr la mayoría parlamentaria, el movimiento PAIS no se ha consolidado como una estructura de partido, teniendo como principal factor de unión al liderazgo de Correa,  elemento que tal vez pueda  reforzar el carácter personalista del gobierno.  De otra parte, la posición hegemónica de la “revolución” puede minar el interés del gobierno de desarrollar procesos de  diálogo con la oposición social y política en temas conflictivos como la ley de medios, ley de aguas y la profundización del modelo económico basado en mega proyectos. Sin descontar la posible falta de crítica, control político y vigilancia que se verá desde el parlamento.

De lado quedan por ahora las posibles sombras sobre el proceso electoral tales como, la falta de claridad en el manejo de recursos económicos de campaña, el uso de propaganda ‘negra’, la posible utilización de la maquinaría gubernamental a favor del candidato presidente,  así como los problemas estructurales del ejercicio político correista,  la falta de respeto sobre la división de tareas entre administraciones locales y el gobierno nacional. El profundo uso de estrategias de comunicación de gobierno para mantener alta favorabilidad en la opinión pública.  Y, el cierre del diálogo, de los reconocimientos políticos a las organizaciones sociales y los movimientos políticos populares alternos u opositores.

El Ecuador ha premiado electoralmente los avances simbólicos y físicos que este gobierno ha dado a una sociedad anteriormente en crisis. Sin embargo,  el proyecto de gobierno corre el riesgo de profundizar el personalismo político, lo que terminaría por debilitar la frágil consolidación de un sistema democrático en el país, no solo por el cerramiento del espectro político en torno a la figura de Correa, sino porque el cumplimiento de las expectativas sociales, los futuros logros o fracasos  caen ahora únicamente en las manos de Correa.

* Politólogo, especialista en DD.HH y estudiante de maestría en Comunicación y opinión pública.

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