Con un bello libro, Glaciares de Colombia, más que montañas con hielo, el Ideam nos recuerda que somos parte de la montaña. Y así como los indígenas arhuacos consideran a sus cumbres personas y guardianas de honor, los demás colombianos debemos en contraprestación conocerlas mejor para entender los riesgos que hoy enfrentan debido a los cambios climáticos y a las políticas de explotación de recursos del país.

El libro se inicia con las definiciones básicas de los glaciares (y la nieve se hizo hielo) y nos va llevando a entender como se formaron, su importancia e incidencia en los ecosistemas de la alta montaña. Explica como el planeta es un sistema complejo e interrelacionado que atraviesa por un período cálido, interglacial, y que esas condiciones potenciadas por la acción humana han llevado a que gran parte de los glaciares del mundo estén perdiendo su superficie y masa.

Un meticuloso trabajo de varios años de mediciones de variables meteorológicas en diferentes nevados analiza científicamente la situación en que se encuentran los glaciares colombianos. Y los resultados no son buenos. Entre 1850 y 1980 el país ha perdido el 84 por ciento de sus glaciares: pasó de tener 17 grandes áreas cubiertas con nieves perpetuas a solo seis en la actualidad. Más grave aún, hemos perdido el  57 por ciento de los glaciares en los últimos 30 años. De persistir las condiciones indicadas en el libro, cambios de temperatura y humedad, lo más probable es que nuestros glaciares desaparezcan en 30 años.

En un exhaustivo estudio el IDEAM explica el valor de estas altísimas cumbres en la producción de agua. Las seis glaciares de que sobreviven están en alto riesgo.

El texto explica la importancia de los glaciares en el abastecimiento hídrico del país. Como el paso de las masas de hielo sobre la superficie formó las lagunas y los humedales, cuerpos de agua que captan el agua, la retienen y la depositan en los ríos y quebradas, para proveer de agua a la población que habita sus cuencas. Son seis los glaciares que nos quedan y sobre los que se concentra la investigación. Cuatro de ellos son volcanes nevados: Huila, Tolima, Santa Isabel y Ruiz, y dos las sierras nevadas de El Cocuy y Santa Marta. Todos ellos ilustrados con bellas fotos.

Un capítulo se dedica a la relación de los habitantes de la alta montaña con su medio ambiente, más del 70 por ciento de la población colombiana vive en montañas. La alta montaña tiene un carácter y especial y sagrado para las culturas indígenas, los volcanes y lagunas son por lo general lugares sagrados. Las dinámicas socioculturales de la gente que habita en la alta montaña están marcadas por el ambiente en que viven. El texto hace un recuento de la función, uso y significado de los cerros nevados y alta montaña en estas poblaciones.

Todo el libro hace referencia a épocas pasadas, nevados que comenzaban a partir de tal sitio, recuerdos de la música que producían las olas de las lagunas sobre los cristales de hielo,  casas de habitación, potreros y cultivos sobre valles modelados por el hielo; aquello que fue y ya solo queda en los recuerdos de los viejos y en los números que presenta el texto para el análisis histórico de los nevados colombianos.

Las montañas son lugares mágicos, han sido la fascinación de deportistas y románticos de la naturaleza. Como dice el libro, las montañas “tienen un idioma el cual se debe interpretar”. Este gran trabajo de seis años presentado por el Ideam nos acerca a interpretar estas señales, pero nos corresponde a todos actuar y tomar las decisiones adecuadas a las señales que nos llegan.