El pasado 13 de mayo se reveló un plan criminal para asesinar a León Valencia. No es la primera vez que su vida corre peligro, ni la segunda. Este último evento es la repetición de amenazas y riesgos periódicos que él ha debido afrontar. Sin embargo, en esta ocasión el caso es mucho más delicado, pues las autoridades conocieron que ya estaba en marcha la operación para matarlo, incluido el sicario de turno. También estaban en la lista de la muerte Ariel Ávila y Gonzalo Guillén. Toda la información apunta a que el trabajo de ellos incomodaba a una amalgama oscura que reúne política, corrupción y mafia, y que se expresa en diferentes regiones del país.

¿Por qué molesta la voz de León Valencia? En esta ocasión la respuesta parece ser clara: porque su trabajo investigativo y periodístico ha develado perversas asociaciones entre políticos, mafiosos y criminales, y ha puesto en riesgo los intereses de todos estos. En el 2011, León y su equipo de Arco Iris adelantaron una muy seria investigación que reveló la persistencia de vínculos y sociedades entre políticos en diferentes regiones y partidos con actores criminales y mafiosos. En otras palabras, una mutación de la parapolítica, fenómeno este que también fue conocido en una primera instancia por el país gracias a sus investigaciones en asocio con Claudia López y Mauricio Romero. Y con base en la información recogida en ese momento, la Corte Suprema de Justicia comenzó su trabajo judicial que llevó a decenas de parlamentarios y altos dirigentes políticos a la cárcel.

Por otro lado, León Valencia también se ha ganado la malquerencia de una extrema derecha retardataria y oscura que sigue mirando la política y el devenir nacional como si todavía viviéramos en la Guerra Fría, como si el Muro de Berlín no hubiera caído, y que cree que el cadáver del comunismo puede resucitar en cualquier momento para tomar las riendas del mundo. Esta delirante perspectiva también le ha ocasionado serios y dolorosos problemas a León.

Revelar las relaciones entre delincuencia y política, apoyar la salida negociada al conflicto y una mirada liberal de izquierda son las causas de los males de León. Y que esto sea así indica que tenemos un profundo atraso en nuestra democracia. Todavía hay intereses muy mezquinos en Colombia, esos mismos que hacen todo lo posible para que las negociaciones de La Habana fracasen y así mantener viva la guerra y la violencia.

El caso de León Valencia también nos sirve de espejo para ver y tener claro problemas con los que tendremos que lidiar una vez se suscriba un acuerdo de paz con las FARC. El reacomodo de la sociedad y el camino de la reconciliación es largo, muy largo tal vez, y difícil, muy difícil tal vez. Hace ya veinte años que la Corriente de Renovación Socialista dejó las armas y regresó a la vida civil y democrática, y todavía se escuchan las diatribas y calumnias contra quienes fueron sus miembros, entre ellos León.

La voz de León Valencia es muy importante para el país, no puede ser silenciada. El servicio que le ha prestado a la reflexión política, al pensamiento plural y democrático, a la legalidad y contra la corrupción debe continuar. Si se acallara sería una tragedia. León debe tener toda la protección del Estado y de todos los sectores sociales que quieren un país digno, honesto, con libertad de expresión y más justo.
Ariel Ávila es un joven y brillante investigador en asuntos del conflicto armado y crimen organizado, quien ya ha enfrentado amenazas previas. Gonzalo Guillén es un periodista incisivo y molesto para algunos poderosos. El trabajo de ambos es supremamente importante y tiene que ser protegido, empezando obviamente por sus vidas.

Conozco a León desde hace quince años, me une a él una estrecha y fraterna amistad. Doy fe de su compromiso inquebrantable con una Colombia mejor para todos, democrática, liberal en sus instituciones políticas, libre de mafias y corrupción, solidaria y amable. Estos valores los compartimos millones de colombianos. La voz de León debe seguir viva por mucho más tiempo, como se canta en los cumpleaños: “hasta el año tres mil”

5 de junio de 2013

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