Antecedentes de Negociación con las Guerrillas

Desde finales de los años ochenta, tras el mandato de paz que se delegó en el gobierno Betancur, distintos gobiernos han iniciado acercamientos, diálogos y negociaciones con el movimiento guerrillero colombiano. En aquellos primeros esfuerzos y emprendimientos por la paz el movimiento guerrillero se encontraba en un ascenso de favorabilidad política y crecimiento militar, no obstante la abrumadora dispersión de sus múltiples y variadas expresiones.

Alrededor de una decena de agrupaciones armadas como el M-19, el EPL, la ADO, el PLA, el Quintín Lame, el MIR-Patria Libre, el ELN y las FARC, entre otros, surgieron tras el entusiasmo que sobrevino en la región tras la revolución Cubana, la cual, al identificarse con la revolución soviética, dio lugar a un tensionante capítulo de la guerra fría que se vivió no sólo en Colombia, sino también, a lo largo y ancho de todo el continente americano.

Los acercamientos que derivaron en los primeros diálogos durante el gobierno de Betancur, fueron la antesala para las primeras negociaciones de paz exitosas, las cuales, se iniciaron durante el gobierno Barco y se concretaron en acuerdos durante el gobierno Gaviria. Allí agrupaciones como el M-19, el Quintín Lame, y el EPL, firmarían acuerdos de paz, dejarían las armas, y harían transito a organizaciones políticas inscritas en el marco de la democracia y del nuevo Estado Social de Derecho que devino a la Constituyente del 90 y la Constitución Política de 1991.

Ante el ambiente de clamor popular por una Asamblea Constituyente vivido a finales de los ochenta el cual se expreso masivamente en el movimiento de la “séptima papeleta”, el fin formal de la guerra fría que se simbolizó a nivel mundial en la caída del muro de Berlín, el naciente movimiento civil por la paz que entonces reaccionaba no sólo, ni principalmente ante la violencia guerrillera sino fundamentalmente ante la violencia terrorista del narcotráfico; los grupos guerrilleros y movimientos políticos que sintonizaron con éste espíritu, se sumaron al pacto nacional de paz, reconciliación y refundación de la patria que tuvo lugar entonces, y que se simbolizó y sintetizó en la nueva Constitución de 1991.

Sin embargo, el proceso de paz que la nación emprendió a finales de los ochenta, aún mantiene como irresoluto el alcanzar un acuerdo de paz con las FARC y el ELN. Desde la perspectiva de un alto Comisionado para la Paz, la dificultad se ha basado en el hecho de que “Los procesos de paz exitosos que se adelantaron a finales de la administración de Virgilio Barco y comienzos de la administración de César Gaviria Trujillo, partieron de una decisión por parte de grupos guerrilleros como el M-19 y el EPL de dejar las armas, actitud estimulada por la posibilidad de lograr una participación política amplia dentro de la vida nacional. Las FARC y el ELN siempre han visto estos procesos como una traición a los ideales revolucionarios que ellos encarnan, manteniendo su rechazo a la desmovilización y el desarme. Su modelo de negociación sigue orientado a consolidarse como fuerza política mientras mantienen las armas en la mano. De allí lo difícil que ha resultado para los distintos gobiernos avanzar con ellos en un diálogos útil.” (Restrepo L. C., 2008, pág. 4)

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Hernando Castro Prieto
Abogado Investigador UNIJS-GISDE
Universidad Nacional de Colombia