Ricardo Correa

El paro del Catatumbo que ya pasa del mes, el levantamiento minero en el Bajo Cauca antioqueño, las protestas de Marmato, el anuncio de otra jornada cafetera para el próximo 19 de agosto, la cual se extenderá a otros sectores agrarios, el escándalo por las transacciones de tierras en el Vichada a través de las cuales se burló la ley en beneficio de grandes intereses empresariales y que llevó a la renuncia del embajador de Colombia ante Estados Unidos, la emboscada de las FARC en Arauca que causó la muerte a 17 soldados el pasado 20 de julio, las frecuentes declaraciones altisonantes de la guerrilla desde La Habana y sus posturas altamente demandantes frente a las negociaciones de paz, son algunos de los hechos más notorios de la coyuntura política y social del país en este momento. Estos eventos, sumados a una oposición feroz que un sector político, encabezado por el ex presidente Uribe y sus precandidatos presidenciales, está haciendo al proceso de paz en curso en particular y al gobierno en general, así como errores evidentes del propio presidente Santos en varios frentes, están sembrando la desconfianza de un sector de la población en el porvenir nacional a corto y mediano plazo y, lo más importante, de manera directa o indirecta, están erosionando el apoyo al proceso de paz, sin el cual las negociaciones se tornan más complejas y difíciles. El destino se oscurece y el camino se torna confuso.

Pero justo en este momento de incertidumbre aparece una brújula que vuelve a señalar con claridad los puntos cardinales, y que ayuda a los navegantes, que en últimas somos todos los colombianos, a ver nítidamente el sendero y el puerto de llegada. Esa brújula es el informe que el Centro Nacional de Memoria Histórica le entregó al presidente Santos y al país el pasado 24 de julio, y en el cual plasma el más completo estudio realizado hasta ahora sobre la violencia en Colombia durante los últimos 55 años. Este descomunal trabajo pone en perspectiva histórica lo que ha sido el conflicto armado en más de cinco décadas y suministra la información necesaria para entender que la confrontación violenta ha dejado una huella imborrable de sufrimiento y dolor en la sociedad colombiana, y que persistir por el camino de la guerra es un acto suicida. La claridad que nos ofrece el informe denominado “Basta ya, memorias de guerra y dignidad” cumple el papel de la brújula en una noche bien oscura, ya que a pesar de una bruma momentánea, nos señala un norte que nos puede llevar a un lugar donde la paz y la convivencia sean una realidad. Ese norte, hoy, está representado por los diálogos de La Habana.

Doscientas veinte mil – 220.000 – personas asesinadas por causa del conflicto armado en 55 años es una cifra aterradora, 80 % eran civiles. Además de casi treinta mil secuestros, varios miles de mutilados, otros miles de desaparecidos y millones de desplazados. Una historia de horror que hay que parar ya mismo, y justo ahora tenemos la forma de hacerlo. El informe señala con precisión las responsabilidades que los diferentes actores han tenido en esta historia: guerrilla, paramilitares y agentes estatales.

Las cifras a las que llega el informe, así como los eventos en él relatados, tienen el poder de sobrecoger a cualquier persona en cualquier parte del mundo y, en términos comparativos, ubica nuestra guerra interna como una de las más perversas en el mundo contemporáneo.
El grave problema, repitiendo palabras de Gonzalo Sánchez, director de este informe, es que en estas últimas décadas se gestaron la rutinización de la violencia y la indiferencia social e institucional al respecto. Se afianzó también un entramado político y social que la produce y retroalimenta. Somos una sociedad que se volvió adicta a la violencia.

Hoy tenemos una oportunidad excepcional para cerrar este capítulo negro de nuestra historia, para empezar a construir algo diferente. Esa oportunidad está representada por la negociación en curso entre el Gobierno nacional y la guerrilla de las FARC, con la alta probabilidad de que el ELN se sume a los diálogos. Todas las condiciones para que este esfuerzo de paz salga adelante están dadas. Los intentos anteriores nunca tuvieron las posibilidades del proceso actual. Que no vaya a ser que por falta de perspectiva, o por intereses mezquinos de la política, esta oportunidad que tenemos como sociedad se vaya a malograr.

La brújula siempre apunta al norte, y mirando en el mapa, La Habana está justo al norte de Colombia.

Gracias a Gonzalo Sánchez y su equipo por este invaluable instrumento para la paz. Este el el link para acceder al informe http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/micrositios/informeGeneral/descargas.html

Ricardo Correa Robledo
ricardocorrearobledo@gmail.com