ALAVARO OBANDOYa empezaron las cábalas sobre el tema: artículos, columnas, chismes de cóctel, informes de “fuentes de alta fidelidad” sobre reuniones y pactos secretos; críticas y premoniciones de las más escépticas a las más apocalípticas, la mayoría con angustia y decepción por lo que ha ocurrido en los últimos años o en este pequeño tirón de siglo en el que sobrevivimos algunos dinosaurios que perdimos nuestra virginidad metiendo el dedo, haciendo alusión a la época en que los electores quedaban marcados por los menos durante quince días, dizque para que no hagan trampa, después de haber ejercido su santo derecho a elegir su verdugo. Jua! Jua! Jua! Cuando sabíamos de antemano que esas elecciones ya estaban compradas o vendidas (da lo mismo).

Las redes sociales toman nuevamente el ritmo intenso de su trabajo en la futurología, la prospectiva y el análisis de escenarios y alianzas, hasta de la personalidad y el genio de algunos dirigentes preclaros de la política criolla regional. Muy pocos se atreven a hacer historia y analizar la configuración oficial y no  tan  oficial  de  ciertas  maquinarias  electorales,  de  sus  aliados  estratégicos,  de  sus  padrinos y beneficiarios de siempre, de sus dueños y caciques, de sus pregoneros y oficinas de prensa (llámese “medios de comunicación de alta sintonía o distribución” según el caso), además de las otras “oficinas”.

Y los comentarios de cafetería, de cantina, taberna, bus o metro… la conferencia del profe en la U, el blog del superperiodista, etc. Etc. “..y entonces? Cómo están las cosas?” “Cómo pinta la vaina?” en lo que resulta más una preocupación personal por los afanes, intereses o motivaciones particulares que sobre un ejercicio más “objetivo” de la realidad y las realizaciones políticas en los últimos períodos y los desafíos para los tiempos futuros, pensando en toda la gente, o especial y preferencialmente en quienes tienen que sobrevivir en las peores condiciones, cada vez más difíciles, más duras, más humillantes e indignas. Pero no. Hablamos de la política con cierta arrogancia que nos olvidamos de su sentido original, del más noble ejercicio de un ser humano, del sentimiento de amor por los demás, de la humanidad para servir y para transformar las condiciones materiales y las condiciones subjetivas y culturales que nos provocan nauseas y vómito cuando pensamos en la política como la forma más abyecta de ascenso social y de ejercicio del poder sobre las necesidades, la buena fe, la humildad y/o la ignorancia de la gente.

Como si nada hubiera ocurrido en el pasado reciente, llámese alianzas para primera y segunda vuelta presidencial o elecciones de congreso en marzo de 2014, aparecen los discretos (dígase solapados) y desinteresados candidatos que sacrificarán su tranquilidad y la de su familia, sus actividades académicas y económica (negocios particulares) para servirle al país, a su ciudad y al departamento. Jua! Jua! Jua!. Cambiaron el sombrero, el poncho y el carriel de hace unos cuantos meses -les faltó entonces el caballo y el pocillo de tinto para ser igual a su mentor el innombrable- por una camisa informal, una pose con vestido de marca comprado el fin de semana en las rebajas de Miami o la venta de saldos de “El Corte Inglés”, por cambio de estación, con una foto hecha en estudio de esos para niña de quince.

Propaganda  pública  gratuita  o  pagada  (no  sabemos),  aparece  en  los  portales  y  páginas  webs dedicadas a esos asuntos tan importantes de volver famoso y digno a un gamín con títulos de dudosa procedencia y vaya uno a saber si sus tesis y trabajos de grado fueron conseguidos como ahora elaboran  juiciosamente  sus  “proyectos  de  ley”  en  el  insigne  símbolo  de  nuestra  honorable democracia, “corte y pegue” del “rincón del vago”.

Y los demás nos vamos comiendo el cuento, aunque huela y sepa a lo más podrido de nuestras “honorables instituciones”, hemos aprendido a comer mierda tanto tiempo que un plato más por otros cuatro años no le hacen mayor indigestión ni al más pobre. Así nos vamos yendo, de culo por el desbarrancadero.

Que el modelo económico, que la reforma tributaria, que la reforma política, que la reforma a la justicia, que la independencia de poderes, que el fuero militar, que el marco jurídico para la paz, que la nueva ley estatutaria de participación, que el maquillaje al negocio de la salud, que si la reelección presidencial nunca más, que la de ampliar el período también, que la de alcaldes y gobernadores, que la elección popular de fiscal y otros altos cargos, que si los tratados internacionales y los diferendos limítrofes, la integración suramericana o el juego a los centros de poder. Tanto por hacer o tanto para distraer,  confundir,  engañar,  manipular,  enredar,  dilatar,  negociar,  que  la  escasa  cultura  política decide cambiar por un reality o telenovela, música de la peor factura, llámese regueton o lo más insigne de la trova paisa (parrandera), llena de las vulgaridades más obvias de todos los diciembres que hacen de esta tierra la mayor y mejor muestra de identidad de nuestra cultura nacional. Así, ahí nos van llevando como ganado al matadero.

Entonces  uno  se  pregunta  neciamente:  ¿Quiénes  se  atreven  a  soñar  un  proyecto  político  que recupere nuestros mejores sentimientos en la Política?, ¿quiénes dan muestras de liderazgo, visión y generosidad para que volvamos a juntarnos en un Frente Amplio, en una Unión, Alianza, Alternativa, Convergencia y sean capaces de convocar, con su ejemplo o testimonio, lo mejor que tenemos “el trocito de hazaña que nos toca cumplir”? como diría el maestro Mario Benedetti.

Será que estamos condenados como decía un amigo activista social y político en tiempos de juventud y desgracias (hoy famoso concejal de la capital) a ir de derrota en derrota, hasta la derrota final?, mientras seguimos pensando que estrategias electorales, pegando afiches y montando tarimas, son el mejor  camino  para  acceder  al  poder.  Porque  la  mayoría  confunde  y  ya  no  se  pregunta  por  la diferencia, consideran que acceder al gobierno, o a una curul en espacios institucionales es llegar al poder. Ya no hablan del poder DESDE ABAJO, de la construcción de poder, de la voluntad de poder, del poder popular o por lo menos de la soberanía popular y el artículo tercero de la Constitución Política de Colombia; pareciera, entonces que hasta les da vergüenza recordar algunas palabritas de cuando hacíamos parte de las organizaciones y movimientos que movían a la gente para el tropel y la lucha y no para la locha.

Yo sigo creyendo que un nuevo país está por nacer, pero ese país no se gesta entre tanto engendro de las prácticas electoreras, populistas, clientelistas, demagógicas, corruptas, mafiosas, criminales y cínicas.

Medellín, Noviembre 13 de 2014

Álvaro Efrén Córdoba Obando

Asociado

Corporación Nuevo Arco Iris