Fernando_Hernandez_gris_columnaEl anuncio de la voluntad de los gobiernos de Cuba y Estados Unidos de normalizar las relaciones diplomáticas a nivel de Estados y el inicio por parte de la administración Obama del fin del bloqueo impuesto hace cincuenta años a la economía cubana por la arbitrariedad imperial, es una muy buena noticia en este fin de año que aporta un marco geopolítico novedoso a las negociaciones de paz  Gobierno-FARC  en la Habana en cuanto significa la superación de rezagos de la Guerra Fria y de la mentalidad de cruzada anticomunista en las relaciones internacionales y en las negociaciones de paz.

En ese marco es también un paso trascendental para la consolidación del proceso de paz colombiano la decisión de las FARC de  asumir un cese al fuego unilateral  e indefinido. Independientemente del necesario debate político que ya se ha desatado al respecto, el solo anuncio por parte  de la insurgencia de un cese al fuego cuyo carácter supera las cinco treguas  parciales que ha implementado desde cuando se iniciaron las conversaciones de paz, es una demostración de que la voluntad  de culminar  con éxito las negociaciones  con el Gobierno Santos ha sido tomada definitivamente por las FARC.

Aún más, la declaración pública ante las víctimas de la masacre de Bojayá de  asumir su responsabilidad en la tragedia,  pedir perdón a la comunidad y comprometerse a la reparación con ellas, es otro paso de gran importancia con el cual se evidencia una evolución positiva en la actitud de las FARC de asumir en serio los compromisos del DIH, y reconocer la dignidad de las víctimas del conflicto armado. Realmente la presencia de las delegaciones de víctimas ante la Mesa de negociación ha sido un precedente de suma importancia.

La respuesta del gobierno ha sido calculadamente ambigua.  Alegando sus deberes constitucionales y legales relega el acuerdo de cese al fuego bilateral para el fin de la negociación. Es claro que el gobierno Santos en cuanto al proceso de paz, al mismo tiempo que ha avanzado en la Mesa en una metodología que ha impulsado una dinámica positiva, sigue siendo cauteloso frente a las permanentes ofensivas de la ultraderecha uribista contra los avances en La Habana. Al respecto es necesario que Gobierno y FARC  retomen la búsqueda de acuerdos para desescalar la confrontación armada como lo han prometido. El DIH contempla acuerdos humanitarios especiales e implementarlos les daría mayor confianza a los colombianos en la solidez del proceso.

Todo parece indicar entonces que 2015 será el año de la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno Santos y las FARC.  Pero no podemos repetir la experiencia de paces parceladas que vivimos al comienzo de los noventa. La negociación con el ELN debe superar la fase de exploración  y abrir la Mesa pública de negociación. Desde la Corporación Nuevo Arco Iris que nació del acuerdo de paz de 1994 entre el Gobierno nacional y la CRS, hacemos un llamado a las partes, Gobierno nacional y ELN, para que asuman sin más dilaciones el sagrado compromiso de la búsqueda de una negociación política del conflicto armado para el cierre definitivo del ciclo de medio siglo de guerra por causas políticas entre los colombianos.

Desde la sociedad civil colombiana los movimientos sociales y de opinión democrática han asumido la defensa y la exigencia de un proceso de paz que, como lo señala la Constitución del 91, es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento. La paz que en estas navidades nos deseamos todos los colombianos y la prosperidad de los años por venir que nos prometemos, se constituyen también en un reto para el compromiso individual y colectivo que significa la construcción de la Colombia del posconflicto armado que, para recordar finalmente a nuestro nobel García Márquez,  se trata de inventar un país al alcance de los niños.

Fernando Hernández Valencia

Director Ejecutivo

Corporación Nuevo Arco iris.

Diciembre 19 de 2014.