Barrancabermeja en los sesenta

Luis A. Cabeza E.

Luis A. Cabeza E.

Eran los inolvidables años 60s.: mayo francés, minifaldas, hippies, marihuana, rock and roll, revolución sexual, la píldora, los Beatles, la era espacial, el muro de Berlín, La crisis de los misiles, el concilio vaticano II, Kennedy, la liberación femenina, el satélite geoestacionario, Vietnam, los golpes militares, el Che Guevara, Martin Luther King, la primavera de Praga, el viaje a la luna, Wood stock, Fidel, la Revolución Cubana, el Apolo 13, los Rolling Stones, Marilyn Monroe, la alianza para el progreso, el apartheid… ya nos adentrábamos en la década revolucionaria por excelencia. Los años 60, cambió el mundo y vino una nueva generación que en todos los ámbitos asumió el cambió.

Nos fuimos a vivir al barrio Palmira en lo que hoy llaman ‘la avenida del ferrocarril’, enseguida de la tienda de la viuda, que más bien era una cantina, pues todos los días se llenaba de obreros petroleros tomando cerveza o licor, debatían los grandes problemas del país y hasta del mundo, al ritmo de la música tropical; recuerdo que estaba de moda la canción Lamento Borincano de Daniel Santos y la repetían tanto que nos la aprendimos, mi hermanito Pacho la tarariaba diciendo “solo el jibarito va cantando así”, diciendo así por el camino”. Sonaban también las canciones de Los Corraleros del Majagual con la voz de un jovenzuelo llamado Alfredo Gutierrez y del nivel internacional se oía a la Sonora Matancera con el Barranquillero Nelson Pinedo principalmente y el Mambo de Pérez Prado.

Por esos años Barrancabermeja era epicentro de las discusiones políticas, de las huelgas obreras y de los compromisos de vida por la revolución social, recuerdo que por el año 66 fue el presidente de turno, el liberal Carlos Lleras Restrepo y una multitud lo recibió, pero por su discurso fue abucheado a tal punto que no pudo terminar su intervención.

Mi padre tenía una camioneta Chevrolet apache modelo 1958, y nos llevaba todas las noches al muelle a comer mangos o zapotes o mandarinas, según las cosechas, recuerdo el olor característico de la ciudad, su calor asfixiante, las luces de la refinería, las lucecitas de las embarcaciones en el rio y el mechón prendido día y noche, además los ribereños sacaban las mecedoras a la puertas de sus casas y allí mientras conversaban con los vecinos, amigos y familiares, se ventilaban con un abanico y tomaban limonada helada o en el mejor de los casos cerveza.

De todos modos este puerto petrolero a pesar de las huelgas de los petroleros y de la influencia de casi todos los grupos de izquierda que anidaron militancia en Barrancabermeja, se vivía una tranquilidad apacible, una calma bacana y sus gentes con la herencia costeña vivían en un paraíso de paz y alegría, eso sí, con un calor sumamente fuerte.

Con la noticia de la muerte del padre Camilo Torres Restrepo, todo el pueblo de Barranca se conmovió, Camilo y el Frente Unido habían calado en los Barramejos y en general en los habitantes del magdalena medio; recordemos que había una gran tradición de años atrás debido a que en esta región se apoyaron y acompañaron las ideas y luchas de los liberales radicales en cabeza de Rafael Uribe Uribe.

Los jóvenes soñaban ser como ese cura o como Fabio Vásquez Castaño, era como una aventura. Se respiraban aires de revolución, pues la hazaña de los barbudos en Cuba sedujo a muchos jóvenes, por no decirlo menos a toda esa generación.

En todos los espacios de la vida cotidiana no se hablaba de otra cosa, tanto los líderes obreros, los jóvenes e intelectuales querían ponerse el camuflado e irse a la guerrilla del ELN y así fue, muchos dejaron sus actividades político sociales, laborales, estudiantiles y fueron a parar a las filas camilistas.

En Barranca aprendí a jugar béisbol, éramos apasionados jugando todos los días, hacíamos pelotas de trapo o con un pedazo de brea la empezábamos a envolver con pita untada de cera virgen y cuando daba más o menos el tamaño, le recubríamos con unas capas de esparadrapo, de todos modos el mejor aliciente era que en 1.965 Colombia ganó la serie mundial de este deporte, superando a los fuertes equipos de Cuba y Estados Unidos. Recuerdo a José Miguel Corpas y otros peloteros.

Los domingos íbamos a ver los juegos de los equipos locales en el diamante que quedaba frente al hospital, tengo en la memoria a nuestros ídolos, Emérito Miranda, la Perra Castro y sobre todo el ambidiestro Adalberto Pérez, quien era short stop del equipo de la refinería y bateaba tan bien por la derecha como por la izquierda. A propósito, hace poco fui a Barrancabermeja para hacer unas gestiones ante la Alcaldía y me dije, “aprovecho que estoy aquí y le compro un uniforme de béisbol a mi hijo Ricardo”, fui a buscarlo y no lo encontré, algunos señores que estaban cerca de la liga de béisbol, me dijeron que fuese al barrio campestre y que preguntara por la señora Lola que ella confeccionaba esos uniformes y así lo hice, al llegar a la casa vieja y cuasi abandonada de doña Lola, le conocí, era una señora ya envejecida y triste, le compre un uniforme y una gorra y le conté que habíamos vivido en Barrancabermeja en los años 60s y que nuestro ídolo de la época era el ambidiestro Adalberto Pérez, con tamaña sorpresa que se inundaron los ojos de la señora y me contó que era la esposa de ese personaje y que había muerto hacia 5 años de un infarto cardíaco, que tristeza y que pequeño es este mundo.

Autor: Luis Alberto Cabeza Espinel

3 comentarios

  1. Magnífico relato de vida y de historia.

  2. Guilermo Valderrama

    Excelente relato. Recordar es vivir. En la barranca de ayer, en cada rincon una historia.

  3. Quiero respetuosamente recordarle que siempre hemos sido barranqueños y no barramejos

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