Presidente Santos es urgente el desmonte del paramilitarismo

PARAMILITARES-DESMOVILIZACION, REINSERCION Y ENTREGA DE ARMAS. TURBO (ANTIOQUIA)-CORREGIMIENTO "El DOS" NOVIEMBRE 25 DEL 2004 FOTO LEON DARIO PELAEZ- SEMANA
Foto León Darío Peláez- semana/ Paramilitares-desmovilización, reinserción y entrega de armas en Turbo (Antioquia)-corregimiento «el dos» el de de noviembre de 2004

“Lo que lleva  seriamente a plantearse la pregunta en torno a ¿si la normativa expedida por el estado Colombiano para el Desarme, Dejación y Reintegración del paramilitarismo fue correcta o adoleció de fallas sistémicas que han permitido la pervivencia de este fenómeno hasta la actualidad?»

El esclarecimiento del fenómeno paramilitar y procesos asociados que perviven actualmente, es indispensable con el fin de disminuir los riegos que dichos grupos armados representan para la existencia y el desarrollo de las actividades propias de las organizaciones sociales, partidos de izquierda, defensores de DDHH, las organizaciones y movimientos sociales de protesta, reclamantes de tierras, asociaciones de víctimas, así como a las organizaciones políticas que puedan surgir de las negociaciones con los grupos FARC-EP y ELN.

Es indispensable reconocer las diversas modalidades e intereses de estas agrupaciones y sus particularidades regionales y locales, para el adecuado desarrollo e implementación de la paz regional. La continuidad de los grupos armados sucesores del paramilitarismo, sus relaciones con la población en los territorios y su inserción en la actividad social, ponen sobre la mesa la necesidad de considerarlas como un fenómeno complejo, más allá de simples aparatos criminales desprovistos de cualquier consideración o incidencia política; la cooptación del poder local o sus vínculos con élites regionales, en dimensiones cada vez más notorias, ponen de presente la alianza con jefes políticos, contratistas y servidores públicos, incluidos miembros de la Fuerza Pública.

La presencia de estructuras armadas sucesoras del paramilitarismo en áreas urbanas y su reconfiguración como redes, combos, pandillas, oficinas de cobro o las bárbaras casas de pique (descuartizamiento de personas) integradas por jóvenes en condición de marginalidad en las grandes ciudades como Cali, Medellín, Bogotá, Barranquilla, incluso ciudades intermedias como Buenaventura, Palmira, Tumaco, exigen un tratamiento integral que incluya el espacio urbano más allá de las zonas de confrontación armada en zonas rurales. Las acciones de estas estructuras tienden a urbanizarse, especialmente cuando mutan del narcotráfico al microtráfico o narcomenudeo y al control de los mercados de criminalidad.

A pesar de la intensa actividad policial en contra de estas agrupaciones que ha llevado a la muerte de (Cuchillo, Pijarvey, “el mellizo” Mejía Múnera, “Giovanny” Úsuga), extradición, entrega voluntaria y/o captura de algunos de sus jefes (Don Diego, Don Mario, Mi Sangre, Sebastián, el loco Barrera, Martín Llanos, los Comba) y gran numero miembros rasos, no hay indicadores que puedan esgrimirse para señalar que dicha estrategia ha sido efectiva para su desmantelamiento porque las estructuras siguen comandadas por los mandos medios que asumen el relevo. En consecuencia, restringir el tratamiento de estos grupos a un ejercicio legítimo de la violencia por parte del Estado, que incluya, aún de manera eventual, el desarrollo de operaciones en el marco del derecho internacional humanitario como bombardeos, no deja de plantear serias dudas sobre la eficacia de dicha estrategia, más allá de su coyuntural pertinencia.

La percepción del mundo académico especializado y las comunidades en zonas de conflicto es que el paramilitarismo sigue siendo un fenómeno complejo por su inmensa capacidad de supervivencia, transformación, mutación y adaptación a las circunstancias en medio de continuidades y rupturas. Las estructuras sucesoras del paramilitarismo siguen teniendo nexos con agentes del estado, pero son más sutiles y complejos, hay vínculos a través de las economías legales en mixturas con economías ilegales en los mercados de criminalidad, con articulaciones de lo político y con acceso a niveles de poder local y nacional.

Como fenómeno de largo plazo está ligado al surgimiento de una clase social emergente, narco paramilitar cuyo influjo ha llegado hasta el gobierno nacional (Proceso 8.000 y Parapolítica), gobiernos seccionales y locales.

Las estructuras armadas sucesoras del paramilitarismo no recurren ya a las viejas prácticas de control territorial con bloques o frentes porque eso ya se hizo en el pasado, lo que están haciendo actualmente, es extraer rentas producto de sus actividades criminales. Estas dinámicas las ha insertado de manera profunda en el desarrollo de las economías regionales; que se suman al ejercicio de prácticas heredadas de las antiguas Auto Defensas (AUC) de administración del miedo y el terror, desde una perspectiva contrainsurgente del enemigo interno; con la seguridad que esas lógicas han quedado grabadas en la memoria colectiva de las comunidades en los territorios.

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Por Henry Cuervo, Julio Arenas
Investigadores del conflicto
Corporación Nuevo Arco Iris

1 comentario en “Presidente Santos es urgente el desmonte del paramilitarismo”

  1. El único garante de una paz verdadera e integral es una asamblea nacional constituyente en donde quepan todas las fuerzas beligerantes del país, ya que la sola institucionalidad no garantiza La Paz en virtud a que esta se desbordó en mafias y corruptelas, todo el país esta cooptada por una hamponeria desde el palacio de nari hasta la alcaldía mas humilde, pasando por el degenerado congreso y la justicia colombiana.

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