Alejandro NeitaActualmente vivimos en la sociedad del espectáculo y el consumismo basados a su vez en el desenfreno del mercadeo y la publicidad; los economistas argumentan este fenómeno bajo las premisas de la famosa Ley de Say que expone que toda oferta puede crear su propia demanda; se vende casi todo, si las almas existieran de una manera tangible seguramente Dios y el diablo entrarían a pujar en el mercado de los espectros aumentando o disminuyendo sus valores como fuertes actores que llegarían a ser. En ese caso se formarían tres claros monopolios, el cielo, el infierno y, como siempre, el monopolio de los ricos especialistas en las transacciones de las almas. Sin embargo, aún quedan cosas valoradas más por sus cualidades intrínsecas y no por las transacciones en el mercado, una de ellas el ciclismo, cuyos aficionados aunque siguen creciendo en número son pocos comparados a los seguidores del fútbol.

En este escrito señalo ciertas características y cualidades que, en mi opinión, serían suficientes para valorar al ciclismo por una fórmula distinta a la cantidad de dinero invertido, los títulos, o las inmensas transacciones que por este tiempo hacen mella en el fútbol.

En primer lugar, aclaro, también soy un aficionado al fútbol y mi intención no es desacreditar a sus seguidores ni al deporte como tal, doy por sentado que una pasión, cualquiera que ella sea, tiene sus fundamentos estéticos en las personalidades y en los gustos de las personas que pueden responder así mismo al desarrollo histórico de sus biografías, a ciertas técnicas y habilidades únicas. Sí, uno se apasiona el ver los partidos de fútbol u otro deporte, pero con respecto al ciclismo hay algo más que solo una mera pasión. Vuelvo y señalo que en cada deporte hay técnicas, esfuerzos y valoraciones únicas; hablo desde mi afición por el ciclismo.

El ciclismo es un deporte de verraquera, no solo recorren distancias muy bastas de más de ciento sesenta kilómetros en las que ponen a prueba los límites físicos de los corredores, también deben sortear varios tipos de adversidades: fuertes vientos, descensos peligrosos, montañas de inclinaciones insólitas, caídas estrepitosas, lluvias torrenciales, fríos devastadores, incluso he visto carreras bajo nieve y niebla. Una carrera puede ser de lo más impredecible pero y, aquí va el punto, las fuerzas de las piernas y la voluntad de los ciclistas de sortear esos obstáculos son el condimento esencial para dar un espectáculo lleno de buenas sensaciones.

En segundo lugar, si bien es cierto que existen ciclistas favoritos para ganar las competiciones, la suerte nunca está echada porque los demás pueden llegar a hacer lo suyo y, con frecuencia, ganan etapas y hasta dan sorpresas en la general. Hay días malos para unos, buenos para otros. De nuevo nada está previsto.
Tercero. Es cierto que algunos patrocinadores mejoran el equipamiento y la tecnología de los equipos en cuanto a ciclas, bebidas energizantes, comidas, entre cosas, pero en últimas son los pedalazos y las estrategias los que hacen a los ganadores. Además también existen controles que regulan las mejorías impidiendo de esa forma los ‘dumpings tecnológicos’.

Por último, aunque hayan más argumentos a favor del ciclismo (los que practican este deporte lo sabrán mejor que nadie), las pretensiones en éste, aparte de ganar como se desea en todas las competiciones, es llegar por la gloria, subir las montañas imposibles, estar literalmente en lo alto porque es un esfuerzo abismal de las piernas y una firmeza de la voluntad de los ciclistas. En la mayoría de las competiciones llega hasta el último, o si no se retirarían la mayoría debido a las altas exigencias en este deporte. No es fácil entonces subir a una velocidad de treinta o veinticinco kilómetros por hora inclinaciones de diez, doce por ciento o más.

En comparación al fútbol se puede ver que éste se ha convertido en una mafia de millones de dólares y euros, despilfarrados en un solo jugador como si él valiera el hambre de miles de personas o las excentricidades de los ejecutivos de los clubes. El fútbol por este tiempo es una presunción, un signo pesos en el balón, la imposición de modelos de vida: una costosa moda internacional.

En el ciclismo no hay monopolios ni monopolizan nada ¡Y la figura estética en todo esto es el esfuerzo combinado con la firmeza de la voluntad en llegar y el deseo de la gloria! Me parece que en este deporte los reconocimientos se combinan con valoraciones más elevadas.

Quiero terminar con una advertencia. Como cualquier cosa en el mundo que se mueva exclusivamente por los motores del capitalismo y sus rendimientos, el ciclismo puede correr el riesgo de verse en el juego de los rendimientos del capital. En todo caso, lo que quisiera que ocurriera en cuanto a un hipotético desplazamiento al fútbol como el deporte con más seguidores nunca podría ser la creación de nuevas barras bravas, pues no hay nada mejor que un placer llano, de solo verlo por el gusto y el sentimiento de algo que vale la pena porque se siente en los cuerpos exigencias y satisfacciones; ni tampoco la compra de ciclas con las etiquetas de los equipos; lo que sí pudiera ocurrir es la invasión de las carreteras por parte de miles de ciclistas recorriendo los pueblos aledaños a los lugares de residencia, matando el sedentarismo moderno, comprobando que no hay fronteras en el esfuerzo del cuerpo ni fronteras políticas o administrativas y que la vida misma es un continuo pedaleo de pendientes y bajadas.

Mario Alejandro Neita Echeverry
Politólogo de la Universidad Nacional