Las mutaciones de la disputa territorial en tiempo de paz


Presentación de: “La Paz territorial en disputa en el Catatumbo. Del cierre del conflicto armado a la apertura de conflictividades sociales en la nueva ruralidad”

El conflicto armado colombiano ha sido antes de todo un conflicto rural. Surgió de la disputa entre las elites regionales y las guerrillas campesinas para el control de las tierras, y de la incapacidad del Estado a lograr la reforma agraria necesaria. Así, en el contexto del implemento de los Acuerdos de Paz, es más que nunca necesario recordarse las raíces rurales del conflicto armado, y las transformaciones territoriales que se operaron a lo largo de los enfrentamientos, para entender cuáles son los actuales retos del postconflicto en los territorios rurales.

Según Samir Elhawary (1), algunos fenómenos vinculados con el conflicto desempeñaron un papel importante para formar relaciones económicas y estructuras útiles al desarrollo económico del país. Antes del conflicto, existían dos modos de producción tradicional en el país: el sistema de la hacienda -o latifundios- que consistía en una concentración de tierra y requería una amplia oferta de mano de obra barata; y el sistema campesino tradicional -o minifundios- que consistía en una economía de subsistencia de explotaciones pequeñas. La búsqueda de más concentración con el uso de la violencia llevo a la dominación del sistema de la hacienda, generando numerosos desplazados y una reorganización social en las zonas rurales. Para evitar los latifundios, los colones migraban hacia las periferias para cultivar terrenos públicos, lo que provoco una expansión de la frontera agrícola del país.

Sin embargo, la adquisición violenta de estas tierras periféricas amplificó la acumulación primitiva de capital y separó los campesinos de sus medios de producción. Esta acumulación de tierra se acentuó con la aparición de los paramilitares, buscando el control territorial para acumular capital y poder. Eso aumentó el conflicto agrario porque invirtieron en grandes sectores agrícolas: entre 1980 y 2000, los paramilitares adquirieron 4,5 millones de hectáreas, lo que representa 50% de las tierras más fértiles. Los narcotraficantes también adquirieron tierras para desarrollar la industria de las drogas.

En vez de haber permitido una mejora repartición de las tierras, el conflicto armado colombino ha intensificado su concentración en los manos de menos actores. El conflicto ha cambiado la naturaleza del sistema económico colombiano, que paso de manera violenta de una economía tradicional a una economía capitalista, acentuando las tensiones territoriales.

Uno de los retos más importante del post-conflicto es la resolución de la disputa territorial que sigue siendo presente en las regiones. El control territorial es fragmentado y disputado por el Estado y los contrapoderes armados que lo capturan o que han incentivado regulaciones propias en ausencia del Estado, compitiéndole a la centralidad papeles como el recaudo tributario, la justicia y construcción de infraestructura básica. Así, vale la pena analizar como el Estado puede tomar el control en estas regiones, así que comprender en qué medida la paz trae posibilidades de negociación política o en qué casos no hay más salidas que la confrontación y sometimiento de actores armados a la justicia del Estado.

En este sentido, el análisis de la disputa territorial en el Catatumbo es sintomática de esos desafíos del postconflicto. El Catatumbo es una zona de frontera agraria. Históricamente, el desarrollo rural se ha preocupado más por conectar esos espacios periféricos del país a procesos de acumulación, que a la generación de un mercado interno jalonado por la producción y el consumo en zonas rurales. Hoy en día, a través de los nuevos planes de ruralidad integral, la élite agro-comercial ha impulsado estrategias de consolidación territorial que liguen estas zonas periféricas a nuevas formas acumulación que se puedan compatibilizar con la gobernabilidad necesaria para acabar con el conflicto armado.

La descripción del espacio para el Catatumbo permite observar: qué actores buscan la consolidación del proyecto de acumulación minero-energético y agroindustrial; qué actores del territorio resisten en búsqueda de una salida campesina que fortalezca la soberanía alimentaria y dinamice el mercado interno y las ciudades intermedias jalonando otros sectores económicos desde la legalidad.

El Catatumbo se caracterizó por su alto nivel de contrabando y narcotráfico, por omisión de la acción pública desde el Estado central y también por la corrupción que ha existido en las instituciones del estado ya presentes en estos territorios ligadas a la permisividad de las economías de enclave, incluyendo también dentro de éstas a la bonanza cocalera, entendida como eslabón del comercio transnacional.

En este contexto, la encrucijada para cualquier acuerdo territorial pasa por atender desde la institucionalidad también a los procesos ligados al capitalismo criminal mafioso ligado al sector público y al sistema político que asumen un control territorial y sustituyen la autoridad del Estado. Según Jairo Estrada, el principal rasgo de la producción de una nueva espacialidad capitalista en Colombia es “la articulación entre formas legales y formas ilegales del rompecabezas de la acumulación de capital”. El paraestado propicia así una profunda transformación de las relaciones de propiedad y una redefinición de las relaciones entre el capital y el trabajo, a través de acuerdos políticos y alianzas entre el Estado, el paraestado, el capital transnacional y el paraguas de la ayuda estadounidense”. Para el Catatumbo, existe una sistemática doctrina de disciplinamiento por parte del Estado y su poder coercitivo para anteponer las demandas de la agenda empresarial minero-energética sobre las comunidades empobrecidas y los colonos campesinos.

Así, a través del análisis del uso de la tierra y de la integración territorial, el siguiente informe realizado por Esteban Clavijo permite darse cuenta de cómo las tensiones territoriales y los proyectos de minería y agroindustria, que vinculan el Catatumbo a la globalización, provocan el empobrecimiento de los campesinos de la región, sin darle oportunidad de conectarse con el mercado interno o de asegurar su soberanía alimentaria.

(1). Elhawary, Samir. ¿Caminos violentos hacia la paz ? Reconsiderando el nexo entre conflictos y desarrollo en Colombia. Revista Colombia Internacional de la Universidad de los Andes No 67. Enero junio de 2008.

Por Alice Brogat (Cuarta publicación de cuatro artículos sobre zonas de copamiento por parte de organizaciones al margen de la ley en antiguos territorios de dominio de las Farc).

Le puede interesar:

Violencia y disputa territorial: los desafíos para la paz

Buenaventura: corredores estratégicos entre la legalidad y la ilegalidad

La minería amenaza a las comunidades afrodescendientes de Barbacoas

El fenómeno de la violencia en Segovia, Antioquia: desafíos para la paz

A continuación pueden leer completa la investigación: LA PAZ TERRITORIAL EN DISPUTA EN EL CATATUMBO. DEL CIERRE DEL CONFLICTO ARMADO A LA APERTURA DE CONFLICTIVIDADES SOCIALES EN LA NUEVA RURALIDAD

Realizada por:

Esteban Clavijo Rodríguez
Estudiante de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia.
Observatorio del Conflicto Armado y del Posconflicto –OCAP-.
Corporación Nuevo Arco Iris.

Dejar un Comentario

Su dirección de Email no será publicada. Campos requeridos están marcados *

*