El Ateísmo de frente a frente con Dios

Confieso que cada vez que hablo o leo sobre alguien que se ha declarado sin prejuicios y abiertamente ateo me siento más optimista sobre el futuro de la humanidad y sobre mi propio futuro en este paso fugaz y en esta estadía única y privilegiada sobre la tierra.

Y esta semana que concluye ha sido un motivo para recargar ese optimismo porque, por un lado, me he enterado, de su propio puño y letra en su columna de El Espectador, que la profesora, poeta y dramaturga Piedad Bonnette es atea. Y, simultáneamente, que el científico y ateo militante Richard Dawkins, quien ya no necesita presentarse ni que lo presenten como no creyente, ha arrancado atronadores aplausos en su paso por Colombia, donde ha sostenido en Bogotá, Medellín y Cartagena, ejemplarizantes conversatorios con el también respetado filósofo y sacerdote jesuita Gerardo Remolina, un teólogo ecuánime y con fama de no dejarse llevar por pasiones ortodoxas.

Siempre he considerado que el ser ateo no es una secta, tampoco una ideología, pues al fin y al cabo, las ideologías “son una falsa conciencia”, ni tampoco una filosofía. Ser ateo es mucho más, es una forma de vivir y sentir la vida, es una concepción del mundo, un principio, a lo cual solo se puede llegar después de un depurado y concienzudo proceso de transformación de la pura esencia de lo que realmente y materialmente somos y no de lo que metafísicamente otros pretendan que seamos bajo el temor y la amenaza de la muerte, del infierno o de lo inexistente, como lo es la promesa de una vida celestial más allá de la muerte.

Cada creyente tendrá sus razones para serlo y cada ateo sus argumentos para no creer en Dios. Y ambos tienen su propia forma de ser y vivir feliz, con la mirada siempre hacia el cielo o con los pies sobre la tierra, de acuerdo a lo que se quiera ser.

Soy un convencido de que no es fácil llegar a ser ateo, como tampoco puede ser para un creyente poder vivir sin su Dios. Lo importante es que se comprenda la necesidad de convivir en un mundo en el que todos cabemos, sin antropofagia ni canibalismos, sin imposiciones ni sectarismos.

Para no hablar de mi ateísmo y para que esto no tenga un tinte de vanidad ni de refinamiento, debo decir en forma impersonal que, contrario a lo que muchos puedan pensar, al ateísmo se llega cuando se es capaz de comprender en su plenitud a los creyentes, sin odios ni amarguras, cuando se comprende que la muerte es un privilegio de la naturaleza y no un castigo divino por haber pecado, o cometido errores. Se es ateo cuando se comprende que Dios es una palabra, un nombre impuesto, un imaginario implantado colectivamente, en nuestro caso, por los españoles luego de haber matado, violado, quedado y saqueado a casi 90 millones de indígenas en América. Y posteriormente replicada, con amor, pero sin fundamento científico, por nuestros padres, solo por la fuerza de la costumbre de una imposición sobre una falsa creencia que terminó siendo aceptada como cierta.

Se es ateo cuando se llega a la convicción de que el creacionismo carece absolutamente de soporte científico, cuando se es capaz de leer la Biblia con sentido crítico, cuando se toma total distancia, sin resentimientos ni prejuicios y con respeto, de los dogmas impuestos por la Iglesia, como por ejemplo, el de la virginidad de María y la concepción de un líder por el espíritu santo. Pero también se es ateo cuando se vive una vida tranquila, cuando se es capaz de intentar ser un buen ser humano, cuando se comprende que la vida está hecha de errores, cuando se es crítico, autocrítico y reflexivo, en fin, cuando se comprende que se puede llegar a ser y se es feliz sin Dios.

Todo esto es algo que cada quien puede rechazar o apoyar desde su propia perspectiva, pero comprendiendo que se puede vivir y conversar aún desde orillas contrarias, como hoy lo estan haciendo, sin odios ni amarguras, el científico y ateo Richard Dawkins y el sacerdote y filósofo Gerardo Remolina. Así, en un mundo en el que quepan los que cultivan el alma para su Dios y quienes cultivamos los átomos para las plantas, para la Tierra y para el resto del universo. Cuando la humanidad pueda llegar a dialogar de esa manera, se habrá llegado a lo que los ateos queremos y en lo que creemos: la comprensión y aceptación de las contradicciones de la misma naturaleza y el universo.

Por Ramiro Guzmán Arteaga
Comunicador social periodista, Mg en educación y profesor universitario

3 comentarios

  1. Maestro mejor es dificil expresarlo, lo felicito por su elocuente sinopsis.

  2. Fernando Acosta Riveros

    Un saludo de paz y bendiciones desde Jalisco, México para el maestro Ramiro Guzmán Arteaga. Me parece interesante su reflexión. Soy creyente. Nací en un hogar Católico, cercano a la Teología de la Liberación en Colombia. Años después y viviendo bajo otro cielo nuestramericano, el mexicano, acepté el Islam. Comprendí que al aceptar ser Musulmán, subía varios peldaños. Nunca he criticado a los Cristianos ni a los Judíos, tampoco a los No creyentes. Coincido con el autor, en que lo importante es luchar por vivir sin prejuicios y como personas civilizadas. Escuchando con respeto a los demás. Agregaría, en la línea del queridísimo sacerdote insurgente colombiano, Camilo Torres Restrepo, “aportando granitos de arena (y de buen café) al Amor Eficaz” y con ese sueño de que nuestra Patria Grande (Nuestra América) sea un día escenario para la construcción de Paz y Justicia Social. Abrazo respetuoso y los mejores deseos para 2018, al autor, a sus lectores y a todos los amigos y amigas de la Corporación Nuevo Arcoiris. ¡Venceremos!, Fernando Acosta Riveros

  3. Aristides Sourdis Movilla

    “…..el creacionismo carece absolutamente de soporte científico. ….”. Bien y entonces de ¿ donde viene lo existente ?.

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