Uribe y el lado oculto del lenguaje

“Esta llamada la están escuchando esos hijue***”; es posible que tengan razón quienes pretenden justificar el hecho de que el expresidente Álvaro Uribe Vélez, en una conversación telefónica, y no en una conversación cualquiera, haya utilizado esta expresión, pues a la larga, un “hijue****zo” se le puede escapar tanto al Papa como al ciudadano de la calles. O al hincha que lamenta el gol que acaba de botar su equipo favorito.

El problema es que estas expresiones, con el tono que el expresidente le imprimió y el contexto en el que lo dijo, no muy favorable por cierto, lo hacen quedar muy mal parado por cuanto es el lenguaje propio de un delincuente, y no de un delincuente cualquiera, no de un salta patios ni roba calderos, sino del traqueto y el mafioso.

Mucho más allá de los motivos que llevaron al expresidente a escupir esta frase, por demás cargada de odio, lo que queda evidenciado es que en Colombia se está imponiendo, a través del lenguaje como instrumento de comunicación, una sub cultura delincuencial.

Es esa la forma en que estamos construyendo nuestra nueva realidad, nuestra nueva forma de ordenamiento de pensamiento y actuar colectivo. Nuestro país. Es cierto que una expresión tan fuerte puede ser aplicada para imprimir seguridad o convencer al otro, o para celebrar un triunfo, o lamentar una derrota; pero en casos como el de Uribe Vélez, es distinto, porque acuñan el concepto de que se es un Patrón y no un Amigo, de que se es un guerrero y no un hombre de paz, ni un memorable ser humano.

Al decir del filósofo Humberto Maturana, cuando conversamos bailamos una danza en la que el hablar y el escuchar se entrelazan constituyendo un espacio psíquico relacionado, dinámico, que cambia y nos hace cambiar el mundo y por tanto nuestra forma de vivir, de actuar y pensar. Entonces, es claro que las conversaciones expresan de forma palpable el carácter de las personas y definen su perfil; por ello, si queremos conocer cómo es una persona debemos escuchar sus conversaciones. Y ese es el punto que no favorece para nada al ex presidente Uribe cuando dijo en un arrebato de soberbia, de esas que lo marcan e identifica, que “esta llamada [la de él] la están escuchando esos hijue***s”. Allí su figura se pulveriza, su accionar queda evidenciado y a la intemperie.

Y es ese permanente intercambio de expresiones, como la del ex presidente, las que están permeando nuestra sociedad y construyendo un imaginario colectivo perverso, dañino y degradante; es este el lenguaje que se está diseminando por las redes sociales, un lenguaje de alcantarilla, que está impactando en la vida cotidiana, en la vida social y política del país, un lenguaje que está formando una sociedad violenta. Que refleja el bajo nivel de educación de los colombianos. Desde luego que este lenguaje no lo podemos entender como inevitable ni mucho menos como impositivo; debemos superar y estar muy por encima de estos nuevos “docentes” de la opinión pública, porque si bien es cierto que son las condiciones sociales las que determinan el pensamiento y el accionar de las personas, en las que el lenguaje es un instrumento, las mismas acciones de las personas pueden hacer cambiar todo ese armazón de esa nueva cultura que pretende imponerse a través del lenguaje. Por eso, que bueno sería que el expresidente Álvaro Uribe Vélez reconsidere su lenguaje delictivo.

Por Ramiro Guzmán Arteaga
Comunicador social periodista, Mg en educación y profesor universitario

3 comentarios

  1. Alejandro Hernández

    El lenguaje y el inconsciente nos delata y permite mostrar la verdadera catadura.

  2. Ramiro: hay un vacío ético difícil de llenar en nuestra sociedad agrandado en los cambios de ejercer liderazgo a la forma cartelizada que esgrimen los actores políticos de altos cargos, ( recuerdas la otra perla del personaje? ) si se deja ver le doy en la cara Marica. La mitad más uno de nuestra sociedad se inscribió en ese formato mafioso para demostrar por medio del miedo que así se ejerce el poder. Es creo yo la razón del inmenso apoyo electoral del gran ciudadano.

  3. Gracias por el libro…

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