A la súper abuela cartagenera: Nicolasa Maza Buendía viuda de Sepúlveda en su 86 onomástico

Foto – Luis Puche/ En la frescura del jardín de Gloria en Rio Negro

La fuerza natural de su inmensurable humildad, constituye el realismo mágico de su estirpe Buendía, construyó su Macondo, entre máquinas de coser y partos consecutivos que dieron vida a seis vástagos, equilibrio perfecto de equidad y género, tres mujeres y tres hombres, razón y orgullo de su obra de vida, compartida durante muchos años con el finado Alberto Sepúlveda QEPD.

Con tesón y voluntad, entre temores y desconsuelos, hizo prevalecer a ultranza su derecho de mujer y madre en los tiempos de la invisibilización femenina, cuando la palabra del hombre, primaba sobre la razón que asistía a la mujer, debido a la cultura machista predominante, a la que logró sobrevivir exitosamente a pesar de los avatares de su vida familiar, los conflictos del matrimonio y las vicisitudes económicas que tanto afectan las relaciones de pareja y la familia.

Alguna vez le pregunte; Nico ¿Cómo te sientes frente a tu vida hoy? A lo que sonriendo respondió, “Muy bien, orgullosa de mis hijas e hijos, cada uno con sus particularidades, pero puedo recurrir a ellos cada vez que lo requiero con la certeza de recibir su apoyo, tengo nietos, nietas, bisnietos, amigos, personas que me quieren, no me puedo quejar”.

El gran amor que ellos le profesan, solo fue posible a partir del calostro. Fueron sus senos burbujeantes de fertilidad los que sellaron por siempre los indisolubles lazos de madre e hijos para el resto de sus vidas, pues es en el rincón impredecible del seno, donde se trasmite la herencia genética del amor sin fin. Recuerdo que escuché de labios de Pedro Miguel, el menor de sus hijos decir: “Lo más importante en mi vida es mami, después vienen los demás, esposa, hijos, hermanos”, frase que reafirma la hermosa posibilidad de querer a la madre más allá del amor.

Lidiar con los amores y desamores familiares, pasa necesariamente por convivir con sus triunfos y fracasos, la diversidad de sus relaciones, la pérdida de seres queridos, estar bien con todas las personas que la conforman; nietos, bisnietos, nueras, yernos, maridos y esposas de los nietos y nietas, pero además también con las cuñadas y cuñados, primos, vecinos, el tendero y toda la relación que cierran el círculo social.

El discreto encanto de su fidelidad permite sostener sobre sus hombros los hilos mágicos del multíverso mundo macondiano de sus arcanos, diseminado entre añejas contertulias que poco a poco abandonan el octogenario barco de sus historias, sobre el cadencioso vaivén del oleaje Caribe, donde risas danzantes parlotean incansable con la espuma hecha palabra; homenaje conmemorativo a las tardes nocturnas compartidas en la inmensidad de los verbos recordando lo vivido.

Los patios traseros de sus propias viviendas, son testigos vivientes de sus encuentros fortuitos, en ellos se hablan de las simples cosas que a su edad llenan la vida de contenido real; las matas del jardín, las comidas, la familia, la salud, los achaques propios de la edad entre otros temas de la amistad en su cotidianidad, imprescindible valor agregado de la vida en sociedad.

Al igual que la mitológica Salamandra supo resistir al fuego de las dificultades, moverse en las distintas formas del agua, flotar en los ambientes etéreos de la pareja y la familia, saliendo triunfante de toda adversidad, tejiendo de colores vivos y alegres su vida y la de los suyos, igual que la mata veranera de su jardín, logrando por fin ese estado de éxtasis surrealista de Remedios la Bella levitando hacía el cielo por encima del bien y del mal.

A sus 86 años esta súper abuela cartagenera, degusta la vida en las combinaciones exitosas de las sopas de letra, descubriendo con pericia cada palabra buscada, terapia lúdica complementada por fantasmagóricas partidas de ludo o parques que, cobran vida en cada risotada provocada en la alegoría vibrante de sus jugadas, su olvido involuntario sorprende a propios y extraños ante una ficha soplada, por tirar un doble y no sacar de su prisión la ficha muerta, multiplica la sorpresa, abriéndose paso a punta de dobles con esa sola ficha, siempre de color amarillo su favorito, pasando incólume, por los vericuetos de la maraña escalonada de las fichas enemigas, entrando victoriosa como una campeona para ganar la partida, solo ahí, el coro de asombro deja escuchar su suspiro ohhh. Por eso el alzhéimer no forma parte de su mundo.

La importancia relevante del rol que asumen miles de abuelas en nuestros país, es reconocer la Nicolasa que hay en cada abuela colombiana, las mismas que reasumen su rol de madres y padres ante la ausencia, e incluso presencia de los padres, la que riegan con su experiencia el terreno fértil y muchas veces árido de la familia, cubriendo con sus acciones las fallas humanas de los hijos.

Por eso les dicen yaya, nana, nona, abue, abuelita, güeli, abu, nena, licha, puza, tita, mamita entre otras expresiones de cariño que buscan resaltar el cariño y el afecto que se les tiene a estos seres de luz terrenales capaces de soportar lo insoportable por el bienestar de los suyos; bien vale recordar o quizás dar a conocer el célebre refrán árabe “Nada se quiere más en la vida que a los hijos, excepto los nietos”, por eso ellas también tienen su nieta o nieto favorito.

Su legado socio-histórico, subyace en el imaginario colectivo de expresiones como, “la maldad es mala”, su actitud y aptitud rica en valores de amistad, humildad y amor, se denotan solidariamente con propios y extraños, lejos de cualquier mezquindad o prevención frente al abuso o la maldad. La aureola frondosa de respeto, democracia y ética que la rodea, simbolizando en ella, la síntesis de su elocuente personalidad cual ser de luz.

Por eso eres nuestra campeona nicolai, mami, nico, Nicolasa, abuela y tantas otras expresiones de cariño que nos hincha el orgullo de conocer y compartir contigo estos maravillosos 86 años dorados, esperando que la vida con calidad te permita seguir cumpliendo muchos años más querida abuela octogenaria.

Por: Luis E Sánchez Puche
Sociólogo y Conciliador en Equidad

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