Los logros del movimiento estudiantil y profesoral del 2018: retos y perspectivas en defensa de la educación pública en Colombia

Por Maria Rocio Bedoya Bedoya[1]

El movimiento estudiantil y profesoral que tuvo un gran auge en Colombia, en los últimos tres meses del año 2018, evidencia que los principales logros, y toda su grandeza, están vinculados a las luchas que históricamente han impulsado los estudiantes. Tanto El Manifiesto de Córdoba, como el Mayo del 68 son claras expresiones de este tipo de luchas en defensa de la educación pública. Las acciones estudiantiles que se desarrollaron en Córdoba, Argentina, en 1918, fueron un extraordinario cuestionamiento de la universidad latinoamericana que emergió del siglo XIX y cuyos principios estaban anclados en el pensamiento colonial. Si bien este movimiento se dio como reacción frente a una universidad como la de Córdoba, especialmente conservadora, elitista, medieval, decadente y corrupta, las banderas que se levantaron entonces fueron retomadas por otras instituciones a lo largo de todo el subcontinente, convirtiéndose en un importante punto de referencia en la evolución de la universidad latinoamericana de este siglo y, también, de sus perspectivas. (Biagini y Schneider, 2018).

Los estudiantes de Córdoba en 1918 con apoyo de algunos intelectuales y profesores, reclamaron la democratización del gobierno universitario, la gratuidad, la promoción de la ciencia, la libertad de pensamiento y la autonomía universitaria, al tiempo que las protestas en Francia, es decir, el movimiento conocido como Mayo del 68, tuvo un origen plenamente reivindicatorio, pero logró estremecer tanto la sociedad que, como lo destaca Mauricio Liévano (2018) terminó por convertirse en una especie de “ensayo general de una revolución en contra de todo autoritarismo” (Liévano, 2018). Estas dos importantes movilizaciones pueden ser vistas como telones de fondo de una emergente y creciente acción colectiva que desde septiembre de 2018 se levanta en contra del modelo educativo imperante en Colombia que, lenta y paulatinamente, ha desfinanciado a las Universidades Públicas y que, en los últimos tres gobiernos, ha profundizado el problema con una serie de reformas como las que involucran el Programa “Ser pilo paga”, la “Ley de inspección y vigilancia”, “el Sistema Nacional de Educación Terciaria y, más recientemente, el programa “Generación E”. Todas ellas, enmarcadas en el modelo económico neoliberal tendiente a privatizar y mercantilizar la educación. Así, mientras el actual gobierno concibe la educación como un servicio público de usufructo individual, los profesores y estudiantes universitarios la concebimos como un derecho fundamental y un bien común que debe ser universal, gratuita, de calidad, capaz de generar beneficios colectivos y transformaciones sociales.

Este artículo se propone abordar las características de este movimiento, su grandeza, sus principales logros, sus retos y sus perspectivas. Específicamente se vuelve la mirada a sus actores, sus diversos y variados repertorios de acción y movilización colectiva y sus agendas de trabajo en contra del actual modelo educativo y en defensa de la educación pública. Para alcanzar este propósito, se planteará en primer lugar algunos antecedentes de los que han sido otros movimientos nacionales e internacionales en defensa de la educación pública. En segundo lugar, se presentarán algunos elementos del contexto nacional en el cual se despliega este gran movimiento en defensa de la educación pública. En tercer lugar, se describirán las principales características del movimiento y las razones por las cuales algunos analistas han señalado su grandeza. En cuarto lugar, exaltaremos sus logros. Y, finalmente, señalaremos algunos retos y perspectivas propuestos por los estudiantes y  por los profesores que los acompañan.

  1. Los antecedentes

Así como destacamos la importancia que tuvo el Manifiesto de Córdoba y el Mayo del 68 en la consolidación de un Movimiento estudiantil internacional, observamos que en el contexto colombiano, la coyuntura de los últimos tres meses de 2018 con las formidables movilizaciones de estudiantes, profesores y rectores de las universidades públicas y privadas en defensa de la educación pública, emerge como una continuidad de otras movilizaciones históricas que podemos remontar a las luchas estudiantiles del 4 y 5 de junio de 1954 en defensa de la autonomía universitaria, la  libertad  y la democracia. Un movimiento que fue reprimido por la dictadura del entonces presidente de Colombia, el General Rojas Pinilla, con la masacre de diez estudiantes de universidades públicas de Bogotá, en la carrera séptima, a solo una cuadra de la Plaza de Bolívar, donde hoy, sesenta y cuatro años después, las extraordinarias movilizaciones sociales reivindican nuevamente el derecho a la educación y reclaman calidad, gratuidad y universalidad. Esta relación de continuidad histórica nos conduce también a las jornadas del movimiento estudiantil colombiano de 1971, el cual se levantó por un programa mínimo universitario que reclamaba autonomía, financiación y laicidad de la educación pública. 

Tan significativo como los anteriores movimientos -el de 1954 y  el de 1971-, fue la movilización por la educación pública en 2011, la cual estuvo encabezada por la Mesa Amplia Nacional Estudiantil MANE y que logró derrotar en las calles y en las plazas la reforma privatizadora de la educación pública propuesta por el gobierno de Juan Manuel Santos.  Así las cosas, los retos del actual movimiento iniciado en la Universidad de Antioquia en el mes de agosto de 2018, tienen que ver con el desafío de traducir la dinámica de esta acción colectiva -desde una expresión de los anhelos de los actores educativos frente a la educación-, a transformaciones reales en el sistema educativo colombiano que considere la educación como derecho fundamental y bien común  y no como servicio público de usufructo privado.

  • El contexto

Las Universidades Públicas del país vivimos un momento crítico. Desde hace varios años los directivos, los estudiantes, los profesores, los egresados y los pensionados -la comunidad universitaria toda-, le han venido reclamando a los gobiernos de turno recursos para cumplir con sus cometidos misionales debido a que los aportes de la nación, reglamentados por ley 30 de 1992[1], son insuficientes, lo que ha provocado un déficit histórico y estructural de las instituciones de educación superior pública y las tiene al borde del colapso económico y, en muchos casos, de sus estructuras físicas.

Aunada a la anterior situación, los profesores de las universidades públicas del país enfrentamos un conjunto de medidas regresivas en relación con nuestros derechos laborales. Desde el gobierno anterior se anuncia la modificación del Decreto 1279[2] que regula el salario profesoral, con el falso argumento de que los profesores somos los responsables del deterioro de las finanzas de las universidades públicas. Con la reforma se pretende establecer topes para el salario profesoral y se amenaza la estabilidad laboral. Ya en este momento nos hemos visto afectados por la regresiva Reforma Tributaria, aprobada por el anterior gobierno con la ley 1819 de 2016, que recorta de manera significativa el salario de los profesores, al eliminar de forma tácita un derecho adquirido, como lo son los gastos de representación, libres de carga impositiva, correspondientes al 50% de la remuneración (artículo 206 del Estatuto tributario). Sin embargo, gracias a la movilización estudiantil y profesoral, se logró que el 28 de diciembre de 2018 se  aprobara en la Ley de Financiamiento 1943 – artículo 24, la exención tributaria relacionada con  los gastos de representación de los profesores de las universidades estatales.

Como si fuera poco, los profesores enfrentamos también la ley de financiamiento contingente al ingreso para créditos del Icetex, ley 1911 del 9 de julio de 2018, que establece un modelo de financiación de la educación superior que persiste en financiar la demanda en lugar de la oferta educativa. Ante este sombrío panorama profesores y estudiantes universitarios decidimos unirnos en defensa de la Educación pública, por un nuevo sistema de educación pública, por un nuevo modelo de financiación de las Universidades Públicas, por la formalización de los profesores precarizados -ocasionales y de cátedra- y en defensa de los derechos adquiridos y la dignificación del profesorado en su conjunto.

  • El movimiento: sus características y su grandeza

En un artículo publicado en el periódico El Mundo, el profesor universitario Carlos Arturo Soto Lombana se refirió al actual movimiento estudiantil y profesoral en Colombia destacando que:

Estamos ante un movimiento estudiantil altamente motivado, comprometido y que comprende la coyuntura actual, lo que permite asegurar que, si el gobierno nacional no revisa la política de asignación de recursos para la educación superior, se entrará en un estado crítico de parálisis (léase paro); ya se anunció una nueva marcha estudiantil para el 17 de octubre con el lema: “volveremos a llenar las calles con alegría y dignidad para defender la educación. (El Mundo, octubre 15 de 2018).

El país está viviendo un momento histórico, multitudinarias movilizaciones lideradas por el movimiento estudiantil han salido y siguen saliendo a las calles en defensa de la educación pública y exigiendo que los recursos destinados para la guerra sean invertidos en educación. No obstante, el 10 de octubre de 2018  presenciamos una movilización sin precedentes en la historia reciente de Colombia. Así lo percibió el pedagogo colombiano Julián de Zubiria Samper:

El diez de octubre de 2018 será recordado como un punto de inflexión en la lucha por el derecho a la educación en Colombia. Las agencias internacionales estiman que más de medio millón de personas salieron a la calle en diferentes ciudades a defender las universidades públicas, hoy amenazadas por el abandono, la estigmatización y la desidia de los últimos gobiernos. No cabían los estudiantes en la Plaza “Che” de la Universidad Nacional y, como muy pocas veces, tampoco la Plaza de Bolívar, en el centro de Bogotá, alcanzó a albergar a los miles y miles de manifestantes. En hechos sin precedentes, las marchas estuvieron encabezadas por los rectores de las universidades oficiales, fueron acompañadas por miles de estudiantes de las universidades privadas y, durante el día, grandes grupos de jóvenes limpiaron las consignas que habían pintado previamente pequeños grupitos de estudiantes encapuchados. Sin duda, será un día histórico para la educación colombiana y si bien la gran mayoría de marchantes eran estudiantes, también lo hicieron profesores y ciudadanos que saben que la universidad pública tiene la llave maestra para disminuir la inequidad, fortalecer la movilidad social en el país y generar riqueza social. (De Zubiría, 2018).

La jornada se llevo a cabo de manera simultánea y multitudinaria en las principales ciudades del país para exigir más apoyo del Gobierno Nacional a la educación superior. Además de las 32 universidades públicas, participaron otras instituciones de educación superior públicas y privadas, docentes y sindicatos, entre otros.

Las apoteósicas marchas incitaron un pronunciamiento del Gobierno Iván Duque quien, como lo denunciaría El Colombiano seis días después, el 16 de octubre de 2018, prometía dinero inexistente para la educación, como se cita a continuación.  

Tras la contundencia de la movilización, el gobierno tramposamente anunció que se destinaría medio billón para el presupuesto de la educación. Sin embargo, de estos recursos solo 55.000 millones de pesos se repartirán entre las 61 IES públicas y, por el contrario, 101.000 millones se invertirán en el nuevo Ser Pilo Paga, insistiendo en desviar recursos de la oferta pública educativa hacia el endeudamiento de las familias colombianas. (UNEES, citado por El Colombiano, octubre 16 de 2018).

Se destaca del movimiento que ha sido pacífico, creativo, artístico y original, que ha planteado rupturas epistemológicas en términos de construir nuevos lenguajes para la reivindicación del derecho a la educación.  Estos se han expresado en videos, coreografías y otras formas de expresión artística que han permitido visibilizar nacional e internacionalmente las problemáticas de la Universidad Pública colombiana.

Así mismo, se ha podido reflexionar acerca de la función de la educación en la creación de conocimiento, ciencia, cultura y sobre sus enormes potencialidades para la transformación de la sociedad.  Mauricio Liévano, refiriéndose al movimiento estudiantil colombiano de 2018, ha subrayado que si bien “No será mayo del 68,  se está pareciendo” y continúa diciendo:

Las protestas en Francia arrancaron como un manual de quejas en las universidades estatales y acabaron como un ensayo general de una revolución en contra de todo autoritarismo. Las colombianas, que ya van a completar dos meses, se han centrado en la solicitud de recursos para el funcionamiento de las universidades públicas, así como en una reforma a fondo de la Ley 30 de 1992 que regula la educación superior en nuestro país. De Gaulle en Francia y Duque en Colombia, también tienen sus coincidencias: ambos, con una popularidad en picada (aunque el francés era general y héroe nacional y tenía a cuestas diez años de mandato) los miraron al principio de soslayo. Luego, intentaron apretarlos con la fuerza: De Gaulle con la policía antidisturbios y Duque con el Esmad (…).

Los que hablan en representación de los demás, lo hacen con propiedad, sin histeria, con datos y dispuestos a no dejarse engatusar, porque si algo hay que decir, es que los universitarios no son unos adolescentes que quieren capar clase y les encanta el ruido y la recocha, sino que por el contrario, están dispuestos a jugarse el todo por el todo. (…)

Nadie sabe quién ganará este pulso. Lo único cierto es que los estudiantes han logrado darle una bocanada de frescura, entusiasmo tranquilo y argumentos firmes y serenos a una situación que sin duda es la raíz de muchos de nuestros problemas.

A lo mejor las “playas si están debajo de los adoquines y hay que ser realistas y pedir lo imposible” … (El Mundo, Blog Suave y Profundo, noviembre 23 de 2018).

Esta cita recoge la dignidad de este movimiento en el que vamos juntos estudiantes y profesores en defensa de la educación pública colombiana que es la única opción para que las clases populares y empobrecidas de este país puedan acceder al derecho fundamental de la educación y disminuir las históricas y estructurales desigualdades sociales.

  • Los logros

Los múltiples repertorios de acción colectiva en los que participaron estudiantes y profesores de las universidades públicas y privadas en defensa de la educación pública, son, como se ha visto, una continuidad de las acciones y de las movilizaciones históricas que han logrado romper el silencio de los universitarios ante la paulatina privatización de la educación pública y revolucionar el pensamiento como lo hicieron, guardando obviamente las proporciones, los estudiantes de Córdoba hace 100 años y los estudiantes de Mayo del 68, pero también a nivel nacional, los movimientos estudiantiles de 1954, 1971 y 2011, este último con la MANE. 

Entre los principales logros del actual movimiento, que comenzó con una declaración de asamblea permanente el 23 de agosto de 2018 por parte de los profesores de la Universidad de Antioquia, pero que a partir del 10 de octubre de 2018 tiene como grandes protagonistas a los estudiantes de las universidades públicas y privadas que se declararon en paro, se destacan: que es un movimiento justo porque defiende el derecho fundamental a la educación para todos y no para los que tengan con que pagarla; su legitimidad, dado que en esta lucha hemos alcanzado el apoyo de gran parte de la sociedad colombiana; su carácter aglutinador en el que han confluido estudiantes de las instituciones y universidades públicas con estudiantes de las universidad privadas, profesores y directivos universitarios; un importante proceso de unidad entre profesores y entre profesores y estudiantes; mayor conciencia de la situación real de la universidad pública en Colombia, lo cual ha permitido un proceso de politización y creación de una mayor cultura política, tanto entre profesores y estudiantes comprometidos con este proceso, como en la sociedad; nuevos y creativos repertorios de acción colectiva y movilización.

Así mismo, hemos logrado el apoyo de intelectuales y de artistas nacionales e internacionales como el del sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, la cantante Shakira, el cantante puertorriqueño Residente, quien exclamó en su concierto que en Colombia “necesitamos más educación y de calidad” y, entre otros, el músico británico Roger Waters, quien se unió al paro estudiantil en el concierto de Bogotá, el pasado 21 de noviembre de 2018.  Es un movimiento que ha logrado controlar y rechazar la mayoría de las acciones violentas y ha permitido la articulación de acciones multiestamentarias al interior de las universidades y del movimiento estudiantil y profesoral con otros sectores sociales como trabajadores, maestros de la básica y secundaria, pensionados, etc.

Profesores y estudiantes de universidades internacionales también han expresado su respaldo, al tiempo que han emergido nuevos liderazgos estudiantiles y profesorales, destacándose la presencia femenina; se ha hecho uso alternativo de redes sociales mediante las cuales se ha visibilizado y posicionado el movimiento más allá lo que lo han hecho los medios tradicionales de comunicación; se han organizado y participado en grandes movilizaciones que han provocado la reacción del gobierno, quien se sentó con los rectores de las Instituciones de Educación Superior –IES- anunció ante la opinión pública, como se dijo atrás, que se destinaría medio billón para el presupuesto de la educación; también se consiguió la instalación de la mesa de diálogo y negociación en la que participan representantes del gobierno, de los estudiantes y de los profesores con la presencia de algunos garantes.  Los mencionados logros, en otro sentido, significan que se ha logrado ingresar el problema de las universidades públicas en la agenda social y en la agenda política de gobierno y por último y no menos importante, que se ha logrado mantener el movimiento vivo y activo durante estos días de intensos diálogos y negociaciones acompañados de grandes y múltiples movilizaciones.

Sin duda, estos logros son de la mayor importancia y no pueden desestimarse ya que constituyen la fuerza y el impulso de un movimiento de largo aliento que espera dar los lineamientos para negociar con el gobierno del presidente Iván Duque, los recursos necesarios para dar estabilidad financiera al sector educativo en el corto plazo; y  en el mediano y largo plazo, alcanzar transformaciones estructurales tales como: un nuevo sistema de educación superior pública y un nuevo modelo de financiación. Estos nuevos modelos precisaran de una política de Estado para la Educación Superior Pública, en la cual habrá que trabajar paso a paso y con el compromiso de toda la sociedad.

Los retos y perspectivas del movimiento

  • La mirada de los estudiantes

En el periódico Desde Abajo,  Sebastián Giraldo Quintero e Isabel Buitrago Rodríguez, realizaron una entrevista a un participante del Encuentro Nacional de Estudiantes de Educación Superior –Enees-[3],  realizado los días 17, 18 y 19 de marzo de 2018 y el cual se llevó a cabo en la Universidad Nacional sede Bogotá.  En dicho encuentro se dieron cita más de 1.500 estudiantes de todas las latitudes del país, para establecer acuerdos en torno a la educación superior que necesita nuestro país y cómo llegar a ella.

Estos son algunos aspectos que se destacan de la entrevista realizada a un participante del ENEES:

En lo programático, constituyen cinco mesas en las cuales, con apoyo de profesores expertos abordaron los siguientes temas: 1) Autonomía y democracia, 2) Bienestar, 3) Financiación, 4) Calidad y 5) Relación instituciones de educación superior (IES)–Sociedad. El resultado que ello arrojó fue consolidado en la declaración final, donde se plantearon las banderas de lucha del movimiento estudiantil a corto, mediano y largo plazo. Y en lo táctico, se instalaron cuatro mesas: dos que abordaron el tema de lo organizativo y dos mesas que asumieron el tema de la movilización. El Enees entrega entonces dos resultados: las banderas concretas del movimiento estudiantil y la hoja de ruta o el plan de acción del movimiento estudiantil que busca defender y confrontar, a partir de esas propuestas, el modelo de educación de mercado con ánimo de lucro que está impulsando el gobierno nacional.

Ante esta dinámica, los desafíos del movimiento estudiantil en esta etapa, hoy aglutinado mayoritariamente en la Unión Nacional de Estudiantes de la Educación Superior –UNEES- y en otras organizaciones como la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles –ACREES- y la Federación Nacional de Representantes Estudiantiles de Educación –FENARES- y apoyados por el movimiento profesoral, son los siguientes: i) La relación entre las reivindicaciones más concretas, con los elementos de programa o de perspectiva para el movimiento estudiantil; es decir, la relación entre pliego y programa. Cómo relacionamos esas dos cosas, cómo relacionamos las disputas a corto plazo, con las disputas a mediano y largo plazo, es un primer reto que debemos desarrollar, evaluar, aclarar, por parte del movimiento estudiantil a nivel nacional.

ii) La relación entre lo nacional, lo regional y lo local. Cómo se articulan esas 3 cosas, para que no sea una imposición de lo nacional a lo regional y lo local, o una falta de cohesión de lo regional con lo nacional; aprendiendo de las experiencias pasadas como la MANE,

iii) Superar la falta de continuidad entre épocas y luchas, asumir que cada movimiento estudiantil hereda algo de aquel que lo antecedió y, por lo tanto, que no tiene que inventar todo, que todo no es nuevo. Creo que tenemos que pasar a un enfoque que permita reconocer los balances históricos de los procesos de lucha que el movimiento estudiantil ha dado, esto que estamos haciendo hoy no es nada nuevo, no es novedoso, es algo que históricamente el movimiento estudiantil, por su característica, ha tenido, ha desarrollado y que ha generado valiosos aportes como, por ejemplo, los ejes programáticos de la Mane del 2011.

iv) La construcción democrática del movimiento estudiantil, el reconocimiento de las formas organizativas de carácter local, regional o nacional, de las formas organizativas de carácter político, las formas organizativas de carácter gremial que convergemos en este movimiento, por lo cual podamos respetarnos, reconocernos en esa diversidad que tiene el movimiento estudiantil y, a partir de ello, construir colectivamente; no se trata de que las formas organizativas nacionales se impongan, sino de reconocer que el estudiantil es un movimiento compuesto de variadas y diversas maneras, que debemos es dialogar y relacionarnos para que nuestros propósitos –entre ellos un modelo de educación entendido como derecho fundamental y bien común– pueda desarrollarse aquí y ahora. (Desde Abajo, 01/05/2018).

Sin duda, los avances programáticos y organizativos obtenidos por los estudiantes en este encuentro, las dinámicas de las demás plataformas estudiantiles y el papel desempeñado por ellos en la mesa nacional de dialogo para la construcción de acuerdos para la educación superior, dan cuenta de su madurez organizativa, solidez programática y capacidad argumentativa.

  •   El posicionamiento de los profesores

El movimiento de 2018 ha tenido una característica que lo diferencia de la MANE 2011, esto es, la participación de los profesores universitarios que han imprimido el impulso y la fuerza necesarias para que los estudiantes se declararan en paro indefinido desde el 10 de octubre de 2018.

Al igual que los estudiantes, los profesores de la Universidad de Antioquia, durante estos más de cien días de asamblea permanente,  hemos trabajado en cinco comisiones: financiera; tributaria; salarial (decreto 1279), política-organizativa y de comunicaciones. En dichas comisiones hemos avanzado en la realización de diagnósticos y formulación de propuestas, llegando al convencimiento de trabajar para fortalecer el movimiento nacional que se viene gestando en defensa de la educación pública, con el propósito de lograr transformaciones estructurales tales como: un nuevo sistema de educación pública; nuevo modelo de financiación de educación pública; propuestas concretas en torno a la autonomía, el gobierno y la democracia universitaria y; los asuntos relacionados con la calidad y la cobertura en las universidades públicas.  Para ello, consideramos de vital importancia acompañar la mesa nacional de profesores que aglutina las treinta y dos universidades públicas e invitar a los estudiantes a que consoliden su Frente Amplio Estudiantil en defensa de la Educación Pública.

El movimiento profesoral, por tanto, tiene como meta el fortalecimiento económico y científico de la educación pública, pues, como bien señala Julián de Zubiria:

Es claro que, si fortalecemos las universidades públicas con recursos, buena administración e innovación pedagógica, estaremos consolidando el tejido social, formaremos mejores ciudadanos, e impulsaremos el crecimiento económico, la creatividad, la ciencia, la investigación nacional, la equidad y la democracia. De esa manera, ayudaremos a resolver los problemas del país, a disminuir la inequidad y a favorecer la movilidad social (Semana, octubre 16 de 2018).

Por lo pronto, los profesores manifiestan su decisión de trabajar por la unidad, apoyando de manera decidida el trabajo de la mesa nacional de diálogo y negociación, realizando  encuentros virtuales periódicos con los profesores de todas las instituciones de educación pública y preparando los encuentros que se tienen proyectados para el año (2019) con el fin de analizar la coyuntura y avanzar en la formulación de una política de Estado para la educación superior pública, a través de la cual se espera alcanzar las transformaciones del sistema educativo en su conjunto.


[1] Ley por medio de la cual se organiza el servicio público de la educación superior en Colombia.

[2] El cual regula el régimen salarial y prestacional de los docentes de carrera y ocasionales de la Universidades Estatales.

[3] Ver: https://www.desdeabajo.info/colombia/item/34077-la-lucha-por-la-educacion-publica-continuidades-retos-y-perspectivas.html, del 01/05/2018.

Por Maria Rocio Bedoya Bedoya[1]


[1] Profesora Titular de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia

Vicepresidenta de la Asociación de Profesores de la Universidad de Antioquia -ASOPRUDEA-.

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