Por Nicolás Castrillón

Hace pocos días se revelaron unas fotografías del autoproclamado presidente de Venezuela Juan Guaidó, donde posaba con reconocidos cabecillas de la estructura narco-paramilitar los rastrojos que operan entre Cúcuta y el Estado del Táchira, frontera Colombo Venezolana. Este gravísimo hecho ya ha suscitado distintas reacciones en medios masivos de información, en el ámbito diplomático internacional y en la misma justicia venezolana que ya viene adelantando acciones legales al respecto.

Alias “Nandito”, uno de los miembros de la estructura criminal los rastrojos, declaró que las fotografías eran prendas de garantía en el acuerdo entre Guaidó y estos paramilitares, que consistía en un permiso para que esta estructura, que se dedica al narcotráfico, la extorción y el asesinato, tenga plena libertad de operación en este extenso territorio de la frontera colombo-venezolana.

Es decir: Juan Guaidó y el presidente Duque están hipotecando este territorio a la mafia y al terrorismo para que operen libremente a cambio de servir como parte del ejército privado que se pretende configurar en todo el corredor fronterizo, con mercenarios criollos provenientes de estructuras del narcotráfico-paramilitares y sicarios a sueldo de todas partes del continente.

En primer lugar, fracasó la táctica de la administración Trump de posesionar la figura de Guaidó ante los gobiernos de Latinoamérica y las Naciones Unidas, como presidente interino para provocar un colapso político en el vecino país. El jefe de la Asamblea de las Naciones Unidas Antonio Guterres, manifestó que no se sentaría a conversar con Guaidó en el marco de la realización de la Asamblea de este organismo, realizada en Nueva York. Además agregó: “Las Naciones Unidas no será el escenario de negociaciones entre maduro y la oposición”, la agenda a debatir -según el jefe de la ONU- será las relaciones bilaterales entre Colombia y Venezuela.

Lo anterior podría significar un cambio de postura de las Naciones Unidas presionada por el bloque de la Unión Europea, que ha venido insistentemente abogando por el diálogo, la salida política a la crisis venezolana y la oposición a cualquier intento de intervención militar.

Guaidó en Colombia

No es relevante tratar de lucubrar los detalles de cómo y por donde entró Juan Guaidó a Colombia, cuando pretendía alentar un golpe de Estado al gobierno de Nicolás Maduro a través del vergonzante circo de la ayuda humanitaria.

Lo importante de este hecho noticioso es que confirma y devela la estrategia que desea aplicar el gobierno de Donald Trump para desestabilizar política y económicamente el continente latinoamericano al mejor estilo de la primavera Árabe, donde la figura de “presidente interino” se aplicó en varios países como táctica desestabilizadora de  regímenes políticos, como parte de la estrategia de ocupación, donde además se combina con un falso discurso de lucha contra el terrorismo y un cerco diplomático, económico y financiero que pretende la asfixia por hambre, para someter a estos países a sus políticas, y de paso, apoderarse de sus riquezas.

Todas las condiciones están dadas para el inicio de una intervención militar a Venezuela con repercusiones a nivel regional, bajo el formato utilizado en el medio oriente. Ya está fabricada la excusa terrorista, pues sin pruebas fehacientes, el gobierno de Colombia ha denunciado  la supuesta presencia de las disidencias de las FARC y el E.L.N en territorio del vecino país. El mismo pretexto que utilizaron en Siria y en otros países.

Por otro lado, se viene configurando un ejército de mercenarios en la frontera con Venezuela compuesto por estructuras narco-paramilitares como los rastrojos, con el apoyo técnico y logístico del gobierno Colombiano. Este, pese a las evidencias que vinculan al diputado Guaidó con grupos terroristas y mafiosos, lo sigue reconociendo como presidente legítimo de Venezuela. Es posible además, que este ejército privado de mercenarios sea entrenado y asesorado militarmente por Israel, que ya cuenta con un convenio de cooperación militar con Honduras, que incluye venta de armas, asesoramiento técnico y apertura de una embajada en este país.

Colombia: punta de lanza en el conflicto regional

Se reactiva el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca de la O.E.A. Dicho sea de paso, no se reactivaba desde el período de posguerra de 1947, es una verdadera alerta de guerra e intervención extranjera a nivel continental, que pone en riesgo no solo los intereses de los países latinoamericanos, sino además la comunidad europea y el bloque asiático que ven con recelo y preocupación la posibilidad de una intervención militar en Venezuela, por la profunda y prolongada crisis que se pudiese desatar a nivel continental y mundial con los nefastos efectos que ha dejado la primavera Árabe en todo la región del Oriente Medio.

La estrategia que viene construyendo el gobierno de Donald Trump para tratar de desestabilizar la región latinoamericana es lo que realmente le preocupa a un importante sector de las Naciones Unidas. No Guaidó y su relación con los grupos terroristas de Colombia. Eso posiblemente ya lo sabían algunos países. Lo que realmente preocupa a las Naciones Unidas, que últimamente ha venido manejando una postura moderada frente a la crisis venezolana, es el papel de Colombia en esta crisis y su radical negativa ante cualquier salida negociada a este conflicto. Colombia es la punta de lanza en el conflicto regional. Es el aliado histórico de los intereses de  Estado Unidos en América Latina. Un alfil de esta perversa estrategia que sumiría a Colombia y al continente en un polvorín de guerras y hambrunas.