Fotos: AMA

La marcha arrancó desde la Organización Indígena de Antioquia (OIA) protegida por la Guardia Indígena y por la potencia misma de tantas mujeres juntas. Tambores, Batucada, performances y elocuencia en los maquillajes y consignas, hicieron de la marcha no una marcha más sino un bello grito: la furia de mujeres concientes de que “la revolución será feminista o no será”.

Cansadas de la predestinación doméstica, maternal,  de la sumisión enquistada en la cultura patriarcal y vetadas al placer y goce del cuerpo, le dijeron No al maltrato, No al control sobre cuerpo y alma, No a las violencias físicas, latentes y simbólicas. No al machismo tan normalizado hasta en la misma izquierda.

Estuvieron las mujeres del partido de la Rosa con una consigna poderosa: “el machismo no discrimina. Tus ideas políticas o tu profesión no te convierten en un ser exento de machismo: revísate macho progre de izquierda”. Y esto no es mera espontaneidad pues en el mismo movimiento político alternativo ha habido abusos de parte del poder que se reviste de lo mismo sea en la derecha o en la izquierda: autoritarismo-machismo-opresión.

Las consignas enfatizan en la solidaridad: “Si tocan a una nos tocan a todas”, “no seré una mujer libre mientras siga habiendo mujeres sometidas”, “ni soy histérica ni estoy menstruando, grito porque nos están matando”, “Vivas nos queremos, Juntas nos protegemos”, “No son crímenes pasionales, son feminicidios”.

El caso es que las calles se pintaron de violeta, y de rebeldía, y de irreverencia, feminismo insurgente, feminismo crítico, feminismo radical, feminismos todos fundidos en gritos que salen de las entrañas, como el clamor de la madre tierra que es salvaje y resuena en esas miradas impasibles de las mujeres indígenas.

Se manifestaron consignas de solidaridad con las mujeres venezolanas, con las mujeres migrantes, con las trabajadoras domésticas y con todas ellas todas. También contra la policia: “Yo abortaría por si se hace policía”. Y otra vez en clave insurgente: “Compañera,si no vuelves no prenderemos velas sino trincheras”, “Mujeres contra la guerra, mujeres contra el capital, vivas nos queremos.”

El 25N se cerró en el Parque de las Luces con actos poíticos. Uno de ellos por fuera del libreto,  con total sentido crítico de la realidad y de la historia, fue una encerrona a los del Festival de poesía de Medellín señalados de acosar a algunas de las mujeres que trabajan en el festival. Y es que no lo podían dejar pasar porque hasta en nombre de la poesía, de la belleza, de la estética y de la intelectualidad, se cometen abusos contra la mujer. El caso es que los imprecaron en plena calle.

Igual suerte corrieron Alexander Rúa, político joven que se muestra como alternativo por haber sido parte del movimiento estudiantil, y Aquí Noticias, periodista muy famoso en las redes sociales por su humor y cubrimiento del movimiento social, pero acusado de abusar de las mujeres desde su posición de fama y prestigio. A estos últimos los sacaron de la marcha. Porque lo personal es político. Porque la rabia no tiene diplomacia. Porque la marcha es contundente y porque ante las violencias múltiples contra la mujer, las sutilezas o lo simbólico de esas violencias tampoco es transable.