Por Julián Granda Munera

Este ensayo desarrolla una breve narración y con ella una explicación, con distintos significados, sobre el momento político y el conflicto de las economías con mayor peso relativo en América Latina actualmente, esto es: Brasil, Argentina, Colombia, Venezuela, Chile, Ecuador. En el análisis también podrán vincularse Paraguay y Puerto Rico.

La narración breve es un riesgo que asume quien escribe este ensayo, a sabiendas que también pretende afirmarse en un debate y así mismo elaborar propuestas de interpretación con la historia presente. En este sentido,  arranca una experiencia y la condensación de la misma. La experiencia arranca en 1994 en Colombia, sigue en 1999 en Venezuela, 2001 en Argentina, 2002 en Brasil, 2004 en Bolivia, 2001 y 2004 en Ecuador, 2010 en Paraguay, 2006 y 2008 en Chile[1].

Nombro estas fechas y países porque pretendo demostrar la idea que han esbozado muchos analistas de América Latina y es que en la primera década del dos mil, el poder constituyente de las clases plebeyas, trabajadores, campesinas, estudiantes, indígenas, mujeres, sociedades en movimiento, emergieron con alta intensidad. Las calles de las principales ciudades de esos países se llenaron de entusiasmo y de una alegría inusitada hasta ese momento. Massimo Modonessi, Raúl Zibechi, Constanza Moreira y Boaventura de Sousa[2] en particular han demostrado esto.

Pero este ciclo de resistencia social y confrontación popular en las calles se condensó en uno de dos procesos. En la reacción y contra insurgencia más virulenta, como fue el caso de Colombia o México durante el periodo 1994-2017, y en procesos constituyentes democratizadores o cuanto menos reformistas y neoliberales[3].

Es decir, de la ola popular como también podría llamarse este período se vino la construcción estatal de carácter refundacional en los países donde cuajó, o el repliegue como se indicó. Por ejemplo, la Alianza País y el Movimiento Quinta República, de Ecuador y Venezuela respectivamente, se hicieron con el poder de un modo sorprendente. Señalo estas dos experiencias porque a mi juicio son las que lograron volcar una situación de debilidad a una situación de control y libertad política. Correa y a Chávez pasaron de tener menos de 10% de apoyo a contar con mayorías, es decir, lograron tener un proceso de construcción de estabilidad desde lo plebeyo y popular, adoptando posiciones democratizadoras radicales.

Ahora, y acá coincido con Massimo Modonessi, el proceso de construcción de hegemonía, sin embargo, generó un efecto desmoralizador y captador de la movilización por lo que esa luminosidad se opacó. El ejemplo tal vez más claro fue el de Argentina. En el 2008 la presidente sufrió una enorme resistencia por parte de la burguesía terrateniente de Córdoba y Santa Fe como consecuencia del aumento de la tasa de impuestos a las exportaciones de la soja. En ese entonces no hubo movimiento para atajar y apoyar la medida por lo que al gobierno le tocó retroceder[4].

Pero casos así son muchos. Brasil 2014 y la participación importante en el ejecutivo del movimiento democrático brasileño; Brasil 2015 y el impeachment. Bolivia 2014 y el Tipnis. Ecuador 2014 y Yasuni. Incluso, el poder luminoso plebeyo se tornó en oposición a las medidas económicas de los gobiernos por los que habían apostado vidas de sus propias familias[5].

Explicaciones distintas. Pero tal vez una de ellas sea la captación burocrática de los mejores cuadros del movimiento plebeyo. Recordemos que Evo nombró como ministra del trabajo a la secretaria general del Sindicato de trabajadoras domésticas de Bolivia, Casemira Rodriguez. Otra explicación es la acción dubitativa contra el Imperialismo, mucho discurso y poca práctica[6].

Pero, en la lucha por el poder y la propia contingencia de las tácticas de confrontación, el 2018-2019 nos ha demostrado la existencia de esa luminosidad de lo popular. Venezuela, Nicaragua, México, Argentina, Chile, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay, Puerto Rico, Honduras han vivenciando sendas movilizaciones que han puesto contra las cuerdas a los gobernantes progresistas o derechistas en cada una de esas naciones. De hecho, los ejecutivos han salido a agitar como consigna de sofoco al enemigo más palpable que encuentran a las primeras, Estados Unidos[7] o Venezuela. O ahora, en el más ridículo sentido, el foro de Sao Paulo, queriendo con ello desconocer las demandas justas de esos movimientos, de democracia, seguridad humana y bienestar.

Sin duda hay que asumir defensa, pero también análisis en Venezuela, en Nicaragua, en Bolivia, porque si bien allí es el fascismo político latinoamericano quien aglutina, hay más pueblo plebeyo en esa movilización. Pero esto es sintomático. En el regreso de lo plebeyo son las derechas de los movimientos quienes se han ganado la batalla o llevan el balance del poder a su favor.

Son distintas explicaciones para dar cuenta de este surgimiento y de este clivaje derechista. Las promesas pospuestas o traicionadas son útiles para Ecuador, Bolivia, Colombia, Argentina y Chile. Pero también la aberrante sumisión al poder del mercado internacional: Argentina, Chile, Ecuador. O la renovación del descontento y la desconfianza hacia las instituciones por su incapacidad estructural, rasgo principal de las repúblicas dependientes latinoamericanas. Todas estas son afirmaciones explicativas útiles.

Atilio Boron también les da un papel importante a los medios de comunicación imperiales y sus sucedáneos locales y Jairo Estrada destaca también el aspecto religioso de las iglesias evangélicas. En todo caso, son factores muy complejos que han emergido para explicar la instrumentalización de este movimiento plebeyo hacia la derecha y el fascismo.

Me atrevería a destacar adicionalmente las respuestas abandonadas de la historia y creo que es bueno plantearlo así. De los rasgos de este movimiento más típicos, excepto el de Chile que comienza a decantarse por una propuesta democratizadora, son la falta de programa para el momento, la crisis del liderazgo y la incapacidad de hegemonizar horizontes alternativos al modelo político y económico capitalista más allá de las naciones.

Por ejemplo, en México el movimiento que llevó a Amlo al poder ha entrado en reflujo. Las reformas estructurales y progresivas han quedado pendientes y se han maquillado con medidas efectistas de la reducción del gasto estatal ocioso pero la capacidad movilizadora ha perdido inciativa y esta está en el ejecutivo; por su parte, el reclamo argentino de la deuda es con el pueblo mas no con el banco, no se traduce en actitudes políticas de Alberto Fernández, quien se muestra dubitativo ante tamaño problema del préstamo del FMI; la renuncia de Evo está siendo capitalizada por el fascismo. La libertad de Lula aún no muestra rasgos reales que permitan pensar en la destitución de Bolsonaro; el descontento callejero violento en Asunción contra Abdo y su línea dictatorial proveniente de su historia con el dictador Strossner no lleva más que descontento rebelde. Y el llamado de atención contra el títere de Iván Duque no se transforma en la obligatoriedad de su despedida, por incapaz e inepto. En ecuador, a pesar de la conciliación que logró Lenin Moreno con la Conaie, se pudo sofocar y reprimir los participantes del Gran asalto en Quito y cuyo programa se decantó por lo accesorio, la derogación del decreto 883.

En todos estos relatos es el mismo problema. El programa, el liderazgo y el marco estratégico de la acción. No quiere decir que con programa se resuelvan las cosas. Pero siempre uno de estos tiene la capacidad de responder al momento, decantar su proyecto mínimo para la coyuntura y tenerlo en consideración con las apuestas máximas[8].

Además, la capacidad política de los Partidos con el movimiento y su participación sin críticas contundentes en los gobiernos, los neutraliza para articularse con las masas espontáneas[9] y ponen a favor el balance hacía las derechas.

Por último, no menos grave, la pérdida del objetivo a corto plazo y el anti imperialismo con una forma organizativa latinoamericana también se convierten en explicaciones del estancamiento y el perfil de la balanza hacía las derechas, quienes a pie juntillas toman acciones internacionales comandadas por los Estados Unidos.

De este modo, aunque la acción política es dinámica, no se saben los resultados aún en Chile y Bolivia. Sí es necesaria una nueva articulación hacia dentro, una recomposición de programas y alianzas, liderazgos y marco de la acción, para que las derechas fascistas no encuentren todo pavimentado hacia el autoritarismo más despiadado y cruel que traen consigo en su haber.


[1] El movimiento por la paz y las juventudes en Colombia surgidas en este año; el control del ejecutivo tras las elecciones en Venezuela por parte de Hugo Chávez, pero la convocatoria de la Asamblea Constituyente con sus resultados positivos, el movimiento de Piqueteros, la crisis de la deuda y la alta inflación nacional en Argentina, el ascenso al poder de Luis Inacio Lula da Silva, la crisis inflacionaria y del sucre, así como los movimientos anti neoliberales en Ecuador que dieron con la caída de Lucio Gutiérrez; la guerra del agua, del cobre en Bolivia; el ascenso al poder de Fernando Lugo; las grandes movilizaciones de los pingüinos en Chile y los Estudiantes Universitarios, son los fenómenos que expresan estos datos consignados.

[2] Este libro de Franck Gaudichaud, Jeffery Webber, Massimo Modonesi, Los gobiernos progresistas latinoamericanos del siglo XXI. Ensayos de interpretación histórica, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México, 2019, ISBN: 978-607-30-1770-1; de Santos, Boaventura “La refundación del Estado en América Latina”. Moreira, Constanza (2019) Tiempos de democracia plebeya

Presente y futuro del progresismo en Uruguay y América Latina; Zibechi, Raúl (2019) El mundo de abajo crece en silencio en https://www.nodal.am/2019/08/el-mundo-de-abajo-crece-en-silencio-por-raul-zibechi-y-juan-wahren/

[3] Claudio Katz ha hecho una elaboración muy cercana a estos gobiernos. Al respecto ver su página https://katz.lahaine.org/que-es-el-neo-desarrollismo-i-una-vision-critica-economia/

[4] Claudio vuelve a poner énfasis en este hecho en el link que se adjunta: https://katz.lahaine.org/deuda-fmi-y-auditoria-en-un/

[5] El relato de Zibechi sobre Bolivia es una muestra actual y fehaciente de este hecho. https://desinformemonos.org/bolivia-un-levantamiento-popular-aprovechado-por-la-ultraderecha/

[6] El Banco del sur fue bloqueado durante la presidencial de Lula.

[7] Venezuela y Cuba son una muestra excepcional de esto. Allí el imperialismo Estadounidense, ha tenido bloqueada a la administración por consecuencia del bloqueo económico y la guerra comercial. Y los movimientos populares contra el presidente legítimo están desorientados. En el momento el principal enemigo son los gringos. 

[8] Las tesis de abril de Vladimir Lenin son una muestra palpable de adaptación a la circunstancia y con esto articulación con el descontento.

[9] Estoy de acuerdo con Atilio Borón en su libro Diálogos sobre el poder del 2006 en el que afirma, la política de alianzas de los partidos revolucionarios con los movimientos políticos liberales o progresistas tiene que ser clara para no perder el objetivo y aceptar la crisis civilizatoria que traen consigo.