Harold Ruiz Moreno – Ex concejal de Pasto / Foto: Jennifer Rueda.

«La injusticia e inhumanidad crece en los países industrializados, la globalización de la economía lleva claramente a la falta de solidaridad de nuestras sociedades. La teología de la liberación en Latinoamérica es la primera alternativa contra el capitalismo. La mercantilización global de todas las cosas. Ya no solo es una teología contextual latinoamericana, sino que, con el desarrollo mencionado, se convierte en teología contextual universal” (Jürgen Moltmann, teólogo protestante).

Construir La Paz y la reconciliación ha sido la tarea más difícil de la historia del país, la tragedia humanitaria que ha significado los mayores vejámenes de conflicto alguno existente en el mundo, porque lo que hemos vivido los colombianos, han sido cruel y doloroso: las masacres, los desplazamientos, confinamientos, torturas, asesinatos sistemáticos, ejecuciones extrajudiciales mal llamados falsos positivos, hornos crematorios, pozos de ácido, casas de pique, violencia sexual, todas las prácticas de una guerra execrable ha ocurrido en la nación. Este suplicio ha sido registrado entre otras investigaciones como la adelantada por el Centro de Memoria Historia en el documento “Basta Ya”, bajo la coordinación del profesor Gonzalo Sánchez en el año de 2013.

En este crudo y doloroso conflicto han participado como responsables directos e indirectos grupos ilegales del paramilitarismo, el narcotráfico, la guerrilla; y también los agentes del Estado, reinando la más completa impunidad, donde millones de víctimas reclaman Verdad, Justicia, Reparación y no repetición.

En medio de la guerra hemos asistido a presenciar el papel jugado por la religión, quienes desconociendo el mandato del estado laico establecido por la constituyente del 91, actúan en contra vía de la constitución. En sus diferentes confesiones han estado involucrados en el conflicto, tomando parte por uno de los responsables de la hecatombe que desangra a la nación; confesiones religiosas que están al lado de los enemigos de la Paz y la reconciliación y tomaron partido por el NO, votaron en contra del plebiscito que buscaba refrendar los acuerdos de la Habana.

Cabe resaltar el papel jugado por la jerarquía de la iglesia católica quien no atendió ni siquiera el llamado del Papa, cuando este desde la santa sede invitó a votar por La Paz, Colombia ha profesado mayoritariamente la religión católica y en ella afortunadamente se presentan excepciones de sacerdotes y religiosas que actúan en consecuencia con la doctrina social de la iglesia católica y acompañan a las comunidades afligidas por el conflicto.

Todavía recordamos la enseñanzas de las conferencias de los obispos de América Latina reunidos en Medellín (CELAM 1968) y Puebla (1979), donde optaron por el mensaje evangelizador y que debería ser el de “la Opción preferencial por los pobres”, o la de la teología de la liberación con la bella experiencia de “las comunidades eclesiales de base”, que llevó a millares de religiosos a caminar por el continente llevando el mensaje liberador de Cristo: que siempre se debe estar al lado de los oprimidos, de los desamparados, de los más débiles; varios de ellos en sana interpretación del mensaje evangelizador consideraron que su servicio era participar en la lucha armada, y ofrendaron sus vidas por ese compromiso, como ocurrió en el país con la participación de los sacerdotes CAMILO TORRES RESTREPO, DOMINGO LAIN, MANUEL PEREZ entre otros.

En los territorios de conflicto donde reinan los actores del conflicto y  se nota la ausencia del Estado, congregaciones religiosas han estado siempre presentes con el bálsamo gratificador de la solidaridad y acompañamiento a comunidades afligidas por la guerra cruenta que vive el país. Cientos de religiosos adelantan campañas con variados programas de asistencia social y ha sido fundamentalmente su apuesta por La Paz y la reconciliación. Ellos también han puesto su cuota de sacrificio en esta guerra y varios de ellos han sido asesinados, desplazados y desterrados, hoy de la misma manera son perseguidos y vilipendiados por las voces de la derecha uribista.

Con ellos no puede haber una palabra diferente para reconocer a estos Apóstoles de la Paz, que el agradecimiento perenne de toda la sociedad colombiana, y más hoy que dos apóstoles han sido vilipendiados, acosados y condenados por el uribismo quien se ensaña contra el Sr arzobispo de Cali, Monseñor Darío de Jesús Monsalve, quien siempre ha estado practicado la opción preferencial por los pobres, al igual que con el sacerdote Jesuita Francisco de Roux, quien preside la Comisión de la verdad.

Monseñor Darío de Jesús Monsalve en todo su ejercicio sacerdotal siempre ha respaldado La Paz y la reconciliación del país y su actuación ha sido sin amagues, clama siempre por  la salida negociada del conflicto armando, como lo hiciere en su último mensaje tan acertado cuando afirmó, “el Gobierno de Iván Duque Marquez tiene una “venganza genocida” contra los procesos de paz que se adelantaron durante el mandato del expresidente Juan Manuel Santos”, este pronunciamiento provocó las amenazas del uribismo y las peticiones temerarias del senador por el Partido Centro Democrático, Gabriel Velasco, quien exige el retiro de Cali de Monseñor Monsalve; y de la misma manera, el señalamiento del ex ministro de defensa Juan Carlos Pinzón en contra de los comisionados que integran la comisión de la Verdad al señalarlos de su cercanía con las ideologías de izquierda, desconociendo la investidura de imparcialidad que posee la Comisión  que acertadamente preside el sacerdote Jesuita Francisco de Ruox, quien en su práctica y recorrido sacerdotal ha demostrado su cariño y afecto por las comunidades perseguidas, a quienes ha acompañado y defendido de las atrocidades del conflicto.

Resulta gratificante las miles de voces de respaldo y solidaridad de la sociedad civil del país, que rodean con sus abrazos afectuosos y cálidos para con estos dos apóstoles que testimonian con su práctica la esencia del mensaje evangelizador del Dios de los pobres, de los oprimidos, del Dios de las víctimas, del poder sanador, del mensaje y testimonio de estos dos apóstoles de la Paz y la reconciliación que tanto reclaman la nación.