Por Harold Ruiz Moreno / Foto: AMA

“Es mejor liderar desde atrás y poner a otros al frente, especialmente cuando las cosas van bien. En cambio, debes tomar la primera línea cuando hay peligro. Es entonces cuando la gente apreciará tu liderazgo (Nelson Mandela).

Colombia se jacta de ser la democracia más antigua del continente, con división de poderes, con el ejercicio de la “libertad de prensa”, la existencia y participación de partidos políticos y la llamada sociedad civil en diferentes formas de organización: gremiales, populares, sindicales, ambientales, de cultura, Indígenas, campesinos, afros, trabajo social y popular en la ciudades.

Pero el país asiste a la presencia de un conflicto armado interno con las prácticas más execrables, la tragedia humanitaria que vive la nación ha significado los mayores vejámenes de conflicto alguno existente en el mundo, porque lo que vivimos los colombianos es cruel y doloroso. Las masacres, los desplazamientos, confinamientos, las torturas, las ejecuciones extrajudiciales -mal llamados falsos positivos- hornos crematorios, pozos de ácido y casas de pique, la violencia sexual, todas las prácticas de horror y miedo, con indicadores de un holocausto donde hemos perdido toda posibilidad de asombro, porque la insensibilidad de la guerra nos lleva a despreciar la vida como derecho fundamental y el estado llamado a defender y proteger, no solo no actúa, sino que cientos de sus agentes están involucrados en el atentado y el asesinato sistemático de los líderes sociales.

Con la agudización del conflicto, el número de asesinatos contra los líderes sociales se incrementa, frente a un estado cómplice que no hace mayor cosa para que sistemáticamente se atente contra hombres y mujeres que le dedican gran parte de su vida, a trabajar por el desarrollo y bienestar de las comunidades, en especial con los sectores más débiles y menos favorecidos.

Hoy asistimos al asesinato sistemático de líderes sociales, desde la firma de los acuerdos de La Habana en el año 2016; 971 (!casi mil!) líderes sociales han sido asesinados, cifra corroborada por entidades de seriedad comprobada como INDEPAZ, el CINEP,y otras ONG de la misma seriedad y verificadas por entidades internacionales del prestigio de las Naciones Unidas.

Los 971 líderes sociales asesinados corresponden a sectores campesinos 342; 79 comunitarios; 124 cívicos; 71 Afrodecendientes; 6 Ambientalistas; 58 Sindicalistas; 250 Indígenas y 131 mujeres, anotando que hasta la fecha, 222 integrantes del partido FARC han sido asesinados, muestra más que fehaciente de que están haciendo “trizas La Paz”, como lo anunciara rabiosamente un vocero destacado del uribismo.

El gobierno del presidente Iván Duque Marqués y sus voceros en vez de proteger a los líderes sociales, dan voces destempladas y Re victimizan esta práctica sistemática de asesinato contra los líderes sociales, con irresponsables pronunciamientos, como el del innombrable que para justificar los falsos positivos afirmó: “No estarían cogiendo café…”. O cuando el ex ministro de defensa Luis Carlos Villegas manifestó: “ La inmensa mayoría de muertes de líderes sociales se deben a peleas de vecinos, faldas y por rentas ilícitas”, y en la misma línea irresponsablemente el ex ministro Botero acusó a la protesta social cuando dijo: “Y con los dineros ilícitos corrompen, y en tercer lugar financian la protesta social. Entonces, cada vez que ustedes ven que cerraron la (vía) Panamericana, o ayer que me cerraron unas carreteras en Nariño, detrás de eso siempre hay mafias organizadas. ¡Pero mafias de verdad, mafias supranacionales!”,

Los líderes sociales están siendo asesinados y sus organizaciones están a merced de los actores ilegales y de agentes del estado. Para el gobierno sus vidas se comparan con la violencia callejera del robo de celulares como lo afirmara la ministra del interior, Sra. Alicia Arango. Desconociendo que pareciera que en Colombia uno de los mayores delitos es ser líder social.

Una democracia deja de serlo cuando se asesina sistemáticamente a sus líderes sociales y se atenta contra sus organizaciones; el mundo ve con estupor como una parte de la sociedad colombiana está en contra de la Paz y la reconciliación; y festeja o en el peor de los casos no actúa contra esta hecatombe contra los líderes sociales, quienes no sólo deben tener la protección del estado, sino la garantía que sus acciones y actuaciones de trabajo denodado por las comunidades a quienes le dedican sus vida deben tener el reconocimiento de la sociedad en su conjunto. !Que pare ya el asesinato sistemático contra los y las líderes sociales en Colombia!