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	<title>Arcoiris.com.co &#187; Arteta Dávila Yezid</title>
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	<description>Conozca lo que pasa en Colombia</description>
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		<title>1.111 pasos</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Dec 2012 17:10:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arteta Dávila Yezid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
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		<description><![CDATA[Para las hijas e hijos de Colombia que están removiendo cielo y tierra por recuperar la memoria de sus padres Luca li Cauzi se levantó un momento de la taza del inodoro con el cuaderno de notas entre las manos,...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><strong><em><img class="alignleft size-full wp-image-7028" title="yezid_nueva_dos" src="http://www.arcoiris.com.co/wp-content/uploads/2012/11/yezid_nueva_dos.jpg" alt="" width="123" height="152" />Para las hijas e hijos de Colombia que están removiendo cielo y tierra por recuperar la memoria de sus padres</em></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><span style="text-align: left;">Luca li Cauzi se levantó un momento de la taza del inodoro con el cuaderno de notas entre las manos, giró la cabeza cinco veces por la derecha y otro tanto por la izquierda, volvió a sentarse y se detuvo en una página en la que destacaba a manera de titulo –escrito con rotulador rojo y subrayado– de lo que al parecer era el nombre o el apodo de alguien. “Biófilo Panclasta” decía y a continuación, luego de un espacio, Luca había escrito: </span><em style="text-align: left;">Biófilo Panclasta seudónimo de Vicente Rojas Lizcano</em><span style="text-align: left;">. A renglón seguido había consignado entre paréntesis los adjetivos de: </span><em style="text-align: left;">Anarquista</em><span style="text-align: left;">, </span><em style="text-align: left;">Poeta</em><span style="text-align: left;">, </span><em style="text-align: left;">Panfletario</em><span style="text-align: left;">, </span><em style="text-align: left;">Soldado</em><span style="text-align: left;">, </span><em style="text-align: left;">Petardista</em><span style="text-align: left;">,</span><em style="text-align: left;"> Terrorista</em><span style="text-align: left;">, </span><em style="text-align: left;">Periodista</em><span style="text-align: left;">, </span><em style="text-align: left;">Vagabundo Internacional</em><span style="text-align: left;">, </span><em style="text-align: left;">Propagandista</em><span style="text-align: left;">, </span><em style="text-align: left;">Presidiario</em><span style="text-align: left;">, </span><em style="text-align: left;">Prófugo</em><span style="text-align: left;">, </span><em style="text-align: left;">Provocador</em><span style="text-align: left;">, </span><em style="text-align: left;">Suicida</em><span style="text-align: left;">…</span></p>
<p>La piel de Luca Li Cauzi que, guarda unas carnes flacas y unos huesos largos, de repente comienza a erizarse y sus ojos negros, muy negros, comenzaron a brillar como los de un gato que en una noche quieta se desplaza por la cornisa de una casa ruinosa. Pareciera como si se trasportase hacia el pasado y se imagina al joven Biófilo Panclasta de cara pálida en un gélido pueblo colombiano cubierto con un poncho de lana virgen y la mirada vidriosa caminado enérgicamente al colegio-seminario dirigido por un ultramontano reverendo francés quien sospecha que su alumno anda en malos pasos y decide alertar a las autoridades. Ante el temor de ser detenido, huye de Pamplona – como se llamaba o se llama la vieja y católica población colombiana– y cruza la frontera hacia Venezuela donde se alista como voluntario en las mesnadas de un General que ha creado un Comité Revolucionario con el que pretende derrocar al gobierno de otro General. Luca lo ve cabalgando en una mula rucia que avanza por una explanada a trote alegre rumbo a una batalla en la que se juega la suerte de Caracas. Lleva la cabeza cubierta con un sombrero alón hecho de paja, viste una casaca cuyo color no se puede precisar por lo vieja y va armado de un fusil Grass que lleva en bandolera, mientras que muchos de los soldados que marchan a su lado lo hacen a pie, portando machetes al cinto.</p>
<p>Acabada la guerra en Venezuela y envestido con el grado de coronel, Biófilo Panclasta recala en Barranquilla y ofrece sus servicios para encabezar una expedición militar contra los norteamericanos que se han apoderado de Panamá. Por alguna razón, Luca Li Cauzi lo iguala en su paso por Barranquilla a la foto de Nietzsche donde posa de pie, empuñando en la mano derecha un largo sable que toca el suelo y luce un mostacho grueso que le tapa totalmente los labios y a su lado hay una mesilla donde reposa un morrión o tal vez un casco de dragón. Desde entonces, los gobiernos de Colombia y Venezuela prefieren tener lejos, lejísimos, al “anarquista” que reivindica al acero como el único metal precioso, siempre y cuando venga “hecho pluma o hecho puñal”. Luca lo imagina eufórico, pletórico, arengando con su discurso libertario a un centenar de braceros del ferrocarril que laboran en la plaza de la aduana, ante la mirada risueña de dos policías dotados de bolillos y silbatos que, no han dudado de tildarlo de orate, más aún cuando ha cambiado totalmente de apariencia desde que empezó a dejarse crecer unas barbas espeluznantes que le llegan hasta el tórax.</p>
<p>En el muelle de Puerto Colombia Luca lo figura en la cubierta de un vapor sin rumbo, mientras que las ráfagas de viento agitan su larga melena y mira lejos hacia la línea del horizonte como buscando donde anidar las ideas que aguijonean su cabezota. Meses después lo ve desembarcar en el puerto de Barcelona,  donde es recibido por una nutrida delegación de la CNT que se hace acompañar de dos prostitutas del barrio chino quienes se han unido a la causa libertaria y entre todos lo llevan hasta el bar Marsella para que exponga los planes que trae en su condición de representante plenipotenciario de la Asociación Anarquista Mexicana y la Federación Obrera Nacional Argentina. Tanto Biófilo, como los anarcosindicalistas y las prostitutas son gente acción y piden una mesa y una botella de absenta para calentar la conversación.</p>
<p>Luca Li Cauzi percibe a los miembros de la cofradía juntando las cabezas unos contra otras como si fueran ovejas de un rebaño a la vez que cuchichean y por ratos se escucha un murmullo similar al sonido de los patos. Cuando alguien se acerca o pasa cerca a la mesa que ocupan, guardan silencio hasta que la persona se aleja y entonces vuelven a conspirar. Es posible que bajo los efectos de la absenta – han pedido una segunda botella – Biofilo se resolvió a descubrir los planes que traía en mente. Todos guardan silencio. Biófilo levanta la mirada para verificar que nadie, salvo el grupo, lo pueda escuchar y entonces lo dice: la operación se llama “Plan Europa”.</p>
<p>Todos se ponen tensos y una de las prostitutas tose. Consiste, continua Biófilo Panclasta, en la creación de un comité internacional que tenga como misión ordenar, planear y ejecutar en un mismo día al zar de Bulgaria, al emperador de Inglaterra, al rey de Italia, al rey de Egipto, al arzobispo de México, al presidente de Francia, al cardenal arzobispo de Toledo y a León Daudet. El silencio y el asombro que se produjo entre los contertulios cuando Biófilo concluyó su breve exposición se hicieron tan corpóreos que cualquiera de ellos lo hubiera podido tocar con los dedos o rasgarlo con las uñas. Al no encontrar fuelle entre los anarquistas mediterráneos para llevar a cabo el “Plan Europa”, cree Luca, fue la razón para que el ácrata colombiano iniciara un periplo por distintas ciudades europeas, con la clara intención de hallar a los nihilistas rusos que estaban hartos de matar príncipes y en los que Biófilo Panclasta fundaba sus esperanzas de ejecutar el plan.</p>
<p>En busca de acción, Panclasta  erró por buhardillas, bistrós, bares, prostíbulos, tascas, áticos, cafetines, trattorias, cabarets, pubes, figones y pisó las cárceles de Marsella, Genova y Nápoles entre otras. No halló a los nihilistas, pero en cambio si se topó con los bolcheviques que preparaban una insurrección para derrocar al Zar de Rusia. Aquí es donde Luca Li Cauzi observa a Biofilo Panclasta, caminando por la calle Spiegelgasse de Zurich y a su lado se observa a Lenin que viste una desgastada gabardina que casi roza el suelo y junto a ellos distingue a una mujer esplendorosamente bella –Inés la llama Lenin– cuyos ademanes poseen el garbo y la delicadeza de una bailarina de ballet. Los tres se dirigen al café Orión donde han concertado una cita con un miembro del aparato clandestino de los bolcheviques que opera en Munich quien le proporcionará a Biófilo un pasaporte falso con el que intentará burlar a la policía secreta rusa.</p>
<blockquote><p>Porque conoce al dedillo todo lo relacionado con el anarquista colombiano en el que tanto se inspiró durante su pasado libertario, Luca Li Cauzi sabe muy bien que no fue cierto que éste se ahogara ni que los tiburones de Bocas de Cenizas se lo hubieran merendado.</p></blockquote>
<p>Luca Li Cauzi no resiste la tentación de imaginar días después a Biófilo Panclasta disfrazado de burgués en Petrogrado –va en el asiento de un coche de punto, lleva chistera y un bastón en la mano–  y bajo el brazo carga una alforja de cuero en las que esconde unas octavillas que deberá entregar a un contacto que finge de comprador en una boutique de la Perspectiva Nevsky. Una parte de la propaganda deberá distribuirse entre los obreros de la siderúrgica Putilov y el resto las debe recibir un miembro del comité del Partido del distrito de Viborg. Lo que Biófilo no sabe es que la persona que debía recibir la propaganda ha sido arrestada y torturada por agentes de la Ojrana en el cuartel general de Fontanka y encerrado luego en la Fortaleza de Pedro Y Pablo y en su reemplazo han enviado a un agente que lo captura en el momento en que le entrega la alforja.</p>
<p>De allí en adelante la suerte de Biófilo Panclasta en Rusia es un misterio puesto que los testimonios que se refieren a él durante este periodo son excesivamente contradictorios. La mayoría de las versiones provienen de desterrados en Siberia, entre ellas la de un ayudante de Martov quien asegura haberlo visto en Turujansk junto al Círculo Ártico enseñando español a un grupo de prisioneros. Un barquero por el contrario cuenta haber conocido a un hombre desesperado – que decía haber nacido en Colombia – pedirle que lo cruzara al otro lado del río Lena.</p>
<p>Pero de todas las versiones la más cercana a la realidad fue la concedida por dos prófugos de Siberia –un soldado amotinado y un ex miembro del soviet de Petrogrado– quienes caminaron con él durante meses por las estepas rusas hasta atravesar los montes Yablonoi. Cuenta uno de los fugitivos en unas notas autobiográficas escritas posterior a la Revolución de Octubre que los tres llegaron a Mongolia después de un prolongado calvario y que allí recibieron ayuda de una tribu nómada que los acogieron en sus yurtas. Describe a Biófilo Panclasta como un suramericano nacido en un pueblo de Los Andes, de ideas radicales y mirada enfebrecida, quien para ese entonces pesaba cuarenta y cuatro kilos y calzaba unas botas remendadas que por dentro tenían una cubierta de piel de conejo. Agrega en las memorias que, tan lamentable era el estado físico de Biófilo, que la cabeza prácticamente no se le divisaba porque la tenía literalmente perdida dentro de una chapka de piel de oso.</p>
<p>Lo que si pudo comprobar Luca Li Cauzi es que Sorrento fue la última ciudad europea donde estuvo Biófilo. Allí se le veía por las tardes con Gorki –con quien entrabó amistad– paseando por las playas mientras recogía conchas, agarraba cangrejos con las manos que luego dejaban a merced de las olas que morían en las arenas calcáreas o lanzando guijarros desde los acantilados. Al retornar al continente americano el destino le deparará un sinnúmero de vicisitudes al militante libertario que según él, había recorrido 52 países, tal como lo cuenta en su obra <em>Mis Prisiones, Mis Destierros y Mi Vida</em>, publicado en Bogotá por la editorial Águila Negra en 1929.</p>
<p>Luca lo figura en la proa de un barco, cuya bandera no identifica, que ha atracado en el largo muelle de Puerto Colombia con el fin de recoger un cargamento de café con destino a Hamburgo. Alertada la capitanía de puerto acerca del personaje que viaja en el barco, la dirección marítima organiza un piquete de policía para impedir el desembarco del “terrorista” quien, según las malas lenguas, regresaba al país con la intención de llevar a cabo un ataque dinamitero contra monseñor Pedro Adán Brioschi, el controvertido obispo de Cartagena de Indias. Biófilo Panclasta observa la maniobra desde el puente del barco donde conversa con el contramaestre, sus sentidos se han agudizado y tensa los nervios. De repente sale corriendo en dirección a la proa y con la agilidad de una ardilla se encarama en el mascaron de proa y desde allí se lanza a las aguas del Caribe, ante el asombro de la tripulación y de los hombres que vienen a capturarlo. Centenares de ojos se fijan en las aguas encrespadas que apalean los pontones del muelle con la esperanza de observar la cabeza de Biófilo emergiendo en la superficie, sin embargo pasan más de cinco minutos y no sucede nada. ¡Nerdaaaaa! ¡A ese loco se lo tragó el agua! gritó alguien.</p>
<p>Porque conoce al dedillo todo lo relacionado con el anarquista colombiano en el que tanto se inspiró durante su pasado libertario, Luca Li Cauzi sabe muy bien que no fue cierto que éste se ahogara ni que los tiburones de Bocas de Cenizas se lo hubieran merendado. Biófilo Panclasta siguió agitando en cuanto lugar hubiera alguien que lo escuchara. En Panamá, en Chocó, en San Gil, en Bogotá…Hasta que el General que había sido derrotado y ahora gobernaba en Venezuela le cobró todo su pasado y le hizo pagar siete años de prisión en distintos penales de ese país.</p>
<p>Cuando salió de prisión Biófilo Panclasta era un tipo desmadejado, con una voz sofocada que había perdido su capacidad de incineración, pero a pesar de su deplorable estado no tuvo inconveniente en escribir un artículo en un periódico que tituló “Yo Ratifico, No Rectifico”. Según Luca, fue la única época de la vida de Biófilo donde tuvo tiempo y algo de energía para emplearse en los escarceos amorosos, tanto así como compartir su alma con una pitonisa que moriría poco tiempo después.  Luca Li Cauzi lo describe como un hombre de sesenta años, mal trajeado, con la nariz aguileña, los ojos con escaso brillo, la frente ancha, barba rala con motes blancos, de estatura más bien pequeña como si lo hubieran comprimido. No llevaba sombrero y aparecía cubierto de polvo de pies a cabeza al igual que un arriero que ha tenido que conducir una recua de mulas por una trocha en la que hace meses no cae una gota de lluvia. Ya lo había dado todo por la causa libertaria, así lo entendió y en consecuencia intento quitarse la vida en Barranquilla, electrocutándose con los cables del fluido eléctrico al tiempo que se cortaba el cuello con una navaja. Pero ni siquiera ese propósito consiguió. Moriría en un ancianato de Pamplona luego de haber sido recluido en más de trescientas cincuenta cárceles del mundo.</p>
<p>Luca Li Cauzi cerró el cuaderno de notas, se inclinó un poco y lo dejó sobre el suelo. Se sentía agotado y con hambre. Se llevó las manos a la cabeza y empezó a masajeársela con las yemas de los dedos. Volvió a la realidad, al triste papel que el destino le asignó en Granada: prisionero en un baño. Pensó en Julia con mucha ternura y estuvo a punto de llorar.</p>
<p>- ¡Accidenti la mia sorte! – exclamó &#8211; ¡Domani é il mio compleanno!</p>
<p><strong><span style="color: #333333;"><em> / Por Yezid Arteta Dávila</em></span></strong></p>
<h6><strong><span style="color: #808080;">Este es un espacio de opinión del portal ArcoIris.com.co destinado a columnistas y blogueros. Los puntos de vista y juicios aquí expresados pertenecen exclusivamente a sus autores y no reflejan ni comprometen institucionalmente a la Corporación Nuevo Arco Iris</span></strong>.</h6>
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		<title>Ya mataron a la perra pero quedaron los perritos</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Nov 2012 14:24:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arteta Dávila Yezid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[Comunidad]]></category>
		<category><![CDATA[Farc]]></category>
		<category><![CDATA[Santos]]></category>

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		<description><![CDATA[Entre 1957 y 1958 rodaban, literalmente, cabezas en Colombia y la mayoría de los actuales colombianos no habíamos nacido y desconocíamos lo que el destino nos tenía preparado. En Sitges, un balneario  catalán e icono de la cultura gay europea,...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-7028" title="yezid_nueva_dos" src="http://www.arcoiris.com.co/wp-content/uploads/2012/11/yezid_nueva_dos.jpg" alt="" width="123" height="152" />Entre 1957 y 1958 rodaban, literalmente, cabezas en Colombia y la mayoría de los actuales colombianos no habíamos nacido y desconocíamos lo que el destino nos tenía preparado. En Sitges, un balneario  catalán e icono de la cultura gay europea, dos ex presidentes colombianos y católicos para más señas, trataban de matar a una perra llamada “Violencia” que habían heredado y criado al alimón en las feraces tierras tropicales. Consiguieron, mediante una alianza llamada Frente Nacional, matar a la perra pero se olvidaron de los perritos. Antes, en el balneario valenciano de Benidorm, los dos jefes políticos le estuvieron dando vuelta al asunto.</p>
<p>Por cuenta del senador Roberto Gerlein Echeverria -un hombre dicharachero a quien escuché por las calles de Barranquilla por allá a principio de los setenta cuando un voto valía lo mismo que una botella de Ron Blanco- Colombia se volvió el hazmerreír y la vergüenza ante el mundo. El senador expuso, mediante un discurso escatológico pronunciado en el Congreso dela República, su rechazo a los matrimonios entre personas de un mismo sexo. Sobre este tema defiendo la posición contraria a la exteriorizada por “Robertico”, como le dicen sus adictos enla CostaAtlántica.Estoy en las antípodas ideológicas de Gerlein Echeverria pero amparo su derecho a expresarse libremente sobre éste y otros asuntos porque la democracia consiste, entre otras, en decir lo que se piensa. Empero, hay que hacerle ver al senador de raíces laureanistas que sus electores merecen un trato amable, lo mismo que las personas que han elegido hacer con su vida privada lo que le mandan sus sentimientos. Los discursos incendiarios no han dejado más que desolación en Colombia.</p>
<p>En ocasiones la violencia se expresa de otra manera: vertiendo sangre ajena. Por cuenta de unos graciosos y terribles soldados empeñados en afinar su puntería empleando como blanco a un enflaquecido perro criollo, el mundo se enteró, con imágenes incluidas, que la maldad empollada en Colombia no tiene límites. Se cuentan historias de hombres y mujeres que comenzaron matando pajaritos y lagartijas con una honda, luego mataron gatos y perros a palos y finalmente se sintieron cómodos matando cristianos con una pistola nueve milímetros. En las prisiones y sobretodo en las calles y campos hay chicos que llevan en este mundo menos de un cuarto de siglo y sin embargo no les alcanzan los dedos de las manos para contar los asesinatos que han consumado con solo apretar el gatillo.</p>
<p>Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo, los hombres de Sitges y Benidorm, creyeron ingenuamente que en la zona tórrida colombiana el odio y la sevicia desaparecerían de la noche a la mañana con sus solas firmas. Los perritos quedaron sueltos, crecieron y se reprodujeron y siguieron haciendo de las suyas: unas veces con la palabra, y cuando no, con lo que tienen en la mano: un garrote, una soga, un puñal, un rifle, una sierra eléctrica&#8230;con lo que sea. La violencia y el odio enquistados. Es lo que hay, dicen los españoles, en su lenguaje coloquial.</p>
<blockquote><p>Hay quienes aplauden el fin de la guerra en otras latitudes pero se esmeran en que la nuestra nunca acabe, pues los mismos que se pusieron bravos en Colombia por la medida tomada por las Farc, ponderaron lo sucedido en Palestina.</p></blockquote>
<p>José Eustacio Rivera confesó en <em>La Vorágine</em> que jugó su corazón al azar y se lo ganó la violencia. Habría que preguntarnos si sólo fue el corazón del escritor opita que quedó aprisionado en los vórtices del fanatismo o somos todos los colombianos quienes estamos marcados por ese destino maldito. Y no sólo los colombianos de nacimiento sino también a algunos de adopción a quienes les basta el sólo pasaporte dela República de Colombia para acometer contra todo lo que se mueve en el territorio nacional y emplean la tinta y el papel para agredir o alargan la mano para abofetear a quien consideran “el contrario”, un calificativo que, en nuestro país, vale por el concepto de “enemigo”. En un Estado con tanta rabia amontonada no hace falta que venga alguien desde afuera para sumar la suya a la nuestra. Con la que tenemos nos ha bastado para matarnos y aún sobra para la otra vida si en verdad existe.</p>
<p>A veces les hago ver a algunos de mis más entrañables amigos de la izquierda que es una tontería emplear un lenguaje descalificador para rebatir otras ideas. En el polo opuesto, observo a un sinnúmero de columnistas que usualmente publican en periódicos de gran tiraje, la manera como desperdician sus espacios escribiendo una letanía de insultos contra equis o zeta. Más argumentos y menos bronca. Es lo mínimo que merece el lector que religiosamente saca unos pesos de su bolsillo para comprar en el quiosco un periódico o una revista. En ocasiones se encuentran comentarios de los lectores con más lucidez y responsabilidad que el contenido de ciertas columnas de prensa. Los padres y los maestros nos enseñan desde pequeños a no jugar con la candela y menos aún con una bomba de relojería como lo hacen ciertos adultos con su pluma o su verba. Es humano tener ilusiones y hasta los asesinos se ilusionan con la felicidad y por esta razón no me explico el porqué algunos se empecinan en joderle la vida a los delegados del gobierno y la guerrilla que tratan de ponerle fin a la violencia mediante un acuerdo de paz justo y duradero. Si esto no lo paran ahora lo más probable es que Colombia termine pareciéndose más a las convulsas e ingobernables republicas de Honduras y Guatemala que a la calmada Uruguay.</p>
<p>Las FARC decretaron un cese unilateral de acciones ofensivas y hubo muchas personas influyentes del país que se pusieron bravos por esta decisión. En Gaza, después de una semana de terror, Israel y Hamas acordaron un alto al fuego y el mundo entero lo celebró, es más, los mismos que se pusieron bravos en Colombia por la medida tomada por los rebeldes ponderaron lo sucedido en Palestina. Hay quienes aplauden el fin de la guerra en otras latitudes pero se esmeran en que la nuestra nunca acabe. El pesimismo de la razón, como dijera un expresidiario de apellido Gramsci, me lleva a pensar que la reconciliación, si de verdad se piensa en ella, no será misión fácil en un llano en llamas llamado Colombia y dónde los perritos siguen dando la lata.</p>
<p><em>/ Por Yezid Arteta Dávila</em></p>
<h6><span style="color: #808080;"><strong>Este es un espacio de opinión del portal ArcoIris.com.co destinado a columnistas y blogueros. Los puntos de vista y juicios aquí expresados pertenecen exclusivamente a sus autores y no reflejan ni comprometen institucionalmente a la Corporación Nuevo Arco Iris.</strong></span></h6>
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		<title>Los comunistas colombianos: de nuevo en la mira</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Aug 2012 14:18:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arteta Dávila Yezid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[Comunidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Por el recodo del camino, por vigésima vez a lo largo de aquella tarde, se le apareció el hombre a quien debía matar. Avanzaba con paso corto, con el negrísimo cañón de su fusil sobresaliendo a la derecha del cuello....]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>Por el recodo del camino, por vigésima vez a lo largo de aquella tarde, se le apareció el hombre a quien debía matar. Avanzaba con paso corto, con el negrísimo cañón de su fusil sobresaliendo a la derecha del cuello. El emboscado tembló; esta vez no era un espejismo. El acechado venía realmente.</em></p>
<p align="right"><strong><em>Abril Quebrado</em></strong> (<strong>Ismaíl Kadare</strong>)</p>
<p align="right"><img class="alignleft  wp-image-613" style="text-align: left;" title="yezid_arteta_grav" src="http://www.arcoiris.com.co/wp-content/uploads/2012/03/yezid_arteta_grav1.jpg" alt="" width="118" height="146" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Almudena Grandes, la prolífica escritora madrileña, decía en una entrevista para el diario El País de España de que <em>&#8220;en la historia del Partido Comunista Español hay suficiente gloria como para no ocultar sus miserias&#8221;.</em> Igual pienso sobre el Partido Comunista Colombiano &#8211; organización que en julio pasado clausuró su XXI Congreso en Bogotá -: es tanta la cuota de sangre y martirio que ha pagado su militancia desde su fundación hasta el día de hoy que, esta dramática circunstancia, ameritaría que las páginas de los textos de Historia de Colombia, fueran emborronadas con algunos pasajes o vicisitudes por las que ha transitado este colectivo político.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Hubo una generación de comunistas colombianos dueños de una voluntad de hierro que, al igual que ciertos personajes de Balzac, eran capaces de redimir a criminales presos en una cárcel y constituir con ellos una célula de Partido. Y que decir de los comunistas de finales de los ochenta y principio de los noventa, mujeres y hombres que iban hasta la piedra de los sacrificios para que les pegaran un balazo sin rechistar, tal como si fueran dianas para practicar el tiro al blanco o aquellos que proclamaban a los cuatro vientos las orientaciones del Partido en medio de leones hambrientos. Parecían motivados por la misma clase de fe con la que los cristianos primitivos proclamaban su evangelio. Cuantos comunistas eran enviados por las estructuras partidarias a los más apartados lugares del país para reemplazar a un alcalde o un concejal dela Unión Patrióticaasesinado en la víspera. Y se iban, por mera lealtad a la organización. Atornillados a sus miedos y llevando como arma para defenderse únicamente sus convicciones morales. Sabían que unas cuantas horas después iban a morir a balazos, a machetazos, a piedra, a garrote&#8230; pero iban.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Pero la historia de los comunistas colombianos no solamente ha sido de sacrificios útiles e inútiles, de aciertos y desaciertos, sino también la historia de hombres mundanos, de mujeres cosmopolitas. Debo confesar que, el hecho de haberme iniciado enla Juventud Comunistade Barranquilla, hizo que mi vida cambiara radicalmente y cambiara de muchas maneras. Encontré entre las filas de los comunistas caribeños a un humanista como Amílcar Guido, un maestro que podía enseñar Relaciones Internacionales en cinco lenguas, cuando en ese entonces pocos colombianos se podían jactar de haber viajado al otro lado del Atlántico. Escuché en algún acto organizado por intelectuales de izquierda a Jorge Artel, el poeta negro y comunista, descrito por Ramón Vinyes – el sabio catalán – en una columna de El Heraldo de Barranquilla como “un autentico peso fuerte”. Participé en la misma célula de Partido en la que militaba Juan B. Arteta, hijo de terrateniente y egresado dela Universidad Javeriana, quien se deshizo de su herencia para que su vida fuera coherente con las ideas por las que luchaba. Compartí en las cantinas de mala muerte con mujeres comunistas libres de prejuicios y que les importaba un pito que las beatas las tildaran de “blasfemas” y “libertinas” porque su ideal no era llegar vírgenes al matrimonio sino la de emular a Flora Tristán o Inés Armand.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Valores que aún conservo, no tengo dudas, lo debo a mi formación comunista. Admito que cada persona es libre de elegir el lugar político donde se sienta más cómodo e incluso pasar de la izquierda a la derecha o viceversa. Empero, no alcanzo a comprender porqué razón algunos que se enjuagaron en los manantiales de la ideología comunista y aprendieron el abecé de la política entre los comunistas, amén de que conocieron el mundo a través de los comunistas, hoy se satisfacen en escupir a la cara a sus ex camaradas que se empecinan en seguir siendo comunistas. Vete con tu música a otra parte y no mires para atrás a riesgo de convertirte en una estatua de sal. La expulsión de los comunistas por cuenta de los ex comunistas en las alturas del Polo se podría interpretar como una comparsa si estuviéramos en un país distinto a Colombia. Lamentablemente estamos en Colombia: un país en donde no ha habido tregua para los comunistas.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">En casi todo el mundo los Partidos Comunistas siguen siendo organizaciones que luchan por las transformaciones sociales respetando las reglas democráticas y el Partido Comunista Colombiano no es la excepción. Es más, llamarse comunista por estos tiempos, a veces es un simple estado de ánimo, como sucede con los nostálgicos y los que refunfuñan del pasado pero siguen allí, votando por las listas de sus ex camaradas. En el siglo veintiuno se puede aún encontrar a curtidos comunistas que se les eriza la piel cuando escuchan <em>La</em> <em>Internacional</em> en una manifestación callejera y compran sagradamente la prensa partidaria y también se puede ver a adolescentes militando a través de Internet, como lo hace, según él, el bisnieto de uno de los fundadores del PCC. Es una lastima y un menoscabo a la cultura política moderna que los anticomunistas colombianos aún no se hayan enterado de que la llamada “Guerra Fría” terminó en el siglo pasado.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Quisiera sugerir cuatro lecturas publicadas en la última década que, desde mi punto de vista, contribuyen a entender el pasado, el presente y el futuro de los que siguen allí, mirando hacía la hoz y el martillo y para los que miran hacia otra parte.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">El primero: <strong><em>Liquidando el pasado</em></strong>. Una compilación a dos manos (Klaus Meschkat y José María Rojas) que presenta, sin editar, el cruce de cartas entre los integrantes del núcleo fundacional del PCC yla Komintern. No se trata de estimular la deleznable cultura del renegado sino la de desmitificar a quienes optaron por la lucha revolucionaria y entender que aquellos hombres eran, por supuesto, de carne y hueso. Luchadores que arrastraban consigo las miserias propias de la condición humana y simultáneamente sacrificaban su libertad y hasta la vida misma por una idea.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">El segundo: <strong><em>Llamadme Stalin</em></strong>. Escrito por el potente historiador británico, Simon Sebag Montefiori, esta biografía de Stalin se lee como si fuera una novela. Siguiendo la tradición de los historiadores ingleses, Montefiori fue hasta el Cáucaso para desenterrar centenares de documentos inéditos relacionados con el sucesor de Lenin. La rigurosa investigación historiográfica que reconstruye la vida de Stalin a partir de su nacimiento hasta octubre de 1917 demuestra que no todo lo que se ha dicho y escrito sobre este personaje del siglo Veinte fue cierto ni todo ha sido mentira. Una lectura obligatoria para entender la historia dela Revolución Rusa,la URSS y el movimiento comunista internacional.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">El tercero: <strong><em>El Hombre que amaba a los perros</em></strong>. El autor cubano (Leonardo Padura), rompió su trayectoria negro criminal y con gran versatilidad rehizo mediante una novela la vida de Trotski y la de su asesino: Ramón Mercader. El éxito de la novela de Padura es indiscutible hasta el punto de que fue lanzada una edición en Cuba &#8211; un país donde hasta hace unos años nombrar a Trotski equivalía a mencionar al mismísimo demonio – y a la postre ganó el Premio dela Crítica Literaria 2011 que otorga la isla. Somos muchos los que pensamos que con Trotskila Revolución Rusa ganó a un cuadro y la literatura perdió a una gran promesa.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">El cuarto: <strong><em>Años Interesantes</em></strong>. Eric Hobsbawm, considerado por el mundo académico como el más grande historiador viviente, cuenta los sucesos del siglo veinte a partir de su militancia comunista. La obra del historiador marxista posee una tremenda fuerza literaria y sobre todo enseña como un comunista educado en Cambridge puede mantener su militancia y su decoro mediante el <em>aggiornamento</em>, es decir, adaptando el discurso y las perspectivas con los nuevos tiempos.</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><strong>Coda</strong>: A José Obdulio Gaviria, quien me achaca no sé qué militancia, le recomendaría leer <strong><em>El Tercer Reich</em></strong>, una novela escrita por el fallecido Roberto Bolaño – a mi modo de ver el mejor escritor hispanoamericano de los últimos años – que trata sobre los juegos de guerra. Es una historia divertida, como todo lo que escribió el narrador chileno. Para mí la guerra es un capítulo cerrado y más aún ahora cuando se habla en voz alta, y sin miedo, de paz y reconciliación. Sin embargo, cuando quiero conocer los pormenores del conflicto que persiste en el país, busco enterarme a través de las voces autorizadas, como las de los generales Alejandro Navas y Sergio Mantilla de las Fuerzas Militares o Fabián Ramírez de las FARC, hombres que llevan más de tres décadas viviendo en carne propia los padecimientos de la guerra. Una cosa son los juegos de guerra, donde incluso se puede conseguir que Hitler ganela Segunda Gurra Mundial, y otra cosa es la guerra, un asunto bastante serio, como para dejarlo en manos de diletantes.</p>
<p><span style="color: #333333;"><strong>/ Por Yezid Arteta Dávila</strong></span></p>
<h6><span style="color: #808080;"><strong><strong>Este es un espacio de opinión del portal ArcoIris.com.co destinado a columnistas y blogueros. Los puntos de vista y juicios aquí expresados pertenecen exclusivamente a sus autores y no reflejan ni comprometen institucionalmente a la Corporación Nuevo Arco Iris.</strong>      </strong></span></h6>
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		<title>Toribío: Pulp Fiction</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jul 2012 20:01:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arteta Dávila Yezid</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft  wp-image-613" title="yezid_arteta_grav" src="http://www.arcoiris.com.co/wp-content/uploads/2012/03/yezid_arteta_grav1.jpg" alt="" width="118" height="146" />Recuerdo que los últimos combates que tuvo el extinto M-19 antes de iniciar con el gobierno, presidido por Virgilio Barco, un proceso de diálogo y negociación en Santo Domingo, Cauca, sucedieron por los lados de Toribío. Muy cerca de allí, en un pliegue de la CordilleraCentral, localizado entre los límites de los municipios de Corinto y Toribío, estábamos reunidos en una especie de minicumbre varios mandos pertenecientes a las agrupaciones guerrilleras que formábamos en ese entonces la Coordinadora GuerrilleraSimón Bolívar (CGSB) en el occidente del país. A pesar de que los acuerdos entre el gobierno de Barco y Carlos Pizarro, en nombre del M-19, ocurrían <em>sotto voce </em>los tiros seguían. El ensordecedor ruido de la guerra no siempre es sinónimo de “hecatombe” o un vaticinio de que vendrán tiempos peores. En muchas circunstancias la agudización en el plano militar puede ser la señal de un tiempo nuevo, un período de luz y cordura. Quisiera que los sucesos de Toribío y sus alrededores  fueran los coletazos de una guerra que llegó a su máximo techo y que no cuenta con más espacio para seguir avanzando y continuar “disminuyendo la estatura del ser humano”, tal como lo destacaba en un reciente escrito, Joaquín Gómez, miembro del Secretariado de las FARC. Situaciones extremas, similares a lo acontecido en el norte del Cauca, han acontecido en diferentes lugares de la tierra como antesala de un acuerdo que puso fin a una guerra.</p>
<p>Hago remembranza de este suceso porque desde que se tiene noción del actual conflicto colombiano, el nororiente del Cauca y particularmente la zona rural de Toribío nunca ha dejado de ser un lugar donde se muere con la convicción de estar cambiando el <em>estatu quo</em> o se mata con la seguridad de que las cosas seguirán tal como han estado siempre.  Cronológicamente, Toribío es la impronta de lo vieja que es la guerra en Colombia y lo anacrónico y peregrino que significa en estos tiempos la idea de proseguir el esfuerzo bélico para zanjar las diferencias de naturaleza política que dieron origen al contencioso colombiano. Los agravios que sufren los indígenas y colonos que, mayoritariamente habitan las tierras del Cauca, van más allá de una mera reformulación de la táctica o del despliegue operacional de las partes. La seguidilla de combates que se regeneran cada cierto tiempo en esta región del país no hace más que confirmar el fracaso de la guerra como fórmula salvadora. Los partes militares redactados por las unidades castrenses y los rebeldes y que resumen, cada uno a su manera, los resultados de la refriega no cambiarán sustancialmente la correlación estratégica que guarda el conflicto, pero quizá estos mismos boletines de guerra serán útiles más adelante cuando llegue el momento de escribir el narrativo a varias manos de lo sucedido en Colombia en el último medio siglo de vida republicana.</p>
<p>En una entrevista concedida al periódico <em>El Liberal</em> de Popayán, Guillermo Alberto González Mosquera &#8211; gobernador del Cauca durante el segundo cuatrienio de Álvaro Uribe &#8211; se quejaba durante su administración del hecho de que a su despacho entraban cada día entre 15 y 20 llamadas telefónicas relacionadas con ataques armados en alguno de los municipios del departamento. Destaco estas declaraciones de González Mosquera porque a raíz de los recientes sucesos de Toribío pareciera que de repente el país se hubiera despertado de un largo periodo de coma y la telaraña que cubría los ojos de los ciudadanos se rompe abruptamente y los rostros se sorprenden ante el estallido de un país que aparentemente ya no existía sino en los anales del pasado y en las mentes delirantes de los terroristas. ¿Quién o quienes crearon el artilugio del fin de la guerra? ¿Quién o quienes se dieron a la tarea de describir un país que en realidad no existía? Que cada uno deje de mirar en el ojo ajeno y vea en el suyo propio, como diría un tal Mateo.  La picardía y la malicia que nos endilgan a los colombianos es puro cuento chino y en realidad somos un pueblo fácil de engañar. El pueblo raso no es culpable de su ignorancia. Pero, acaso, no hubo centenares de académicos, intelectuales y centros de pensamiento que siguen el curso del conflicto colombiano, desde adentro y desde afuera, que emborronaron miles de páginas con informes traídos de los cabellos y terminaron creyéndose sus propios disparates y mentiras.</p>
<p>A rasgos generales los medios se han empeñado en saber sí el A-29 Súper Tucano siniestrado el pasado miércoles en los Andes caucanos fue derribado mediante una barrera de fuego ejecutada por fusileros de la guerrilla o fue un accidente por falla humana o fatiga de algún componente de la aeronave. Como siempre sucede en estos casos, la muerte se vuelve irrelevante y el deceso de los dos pilotos de combate sólo sirve para fines estadísticos. Los caídos en esta guerra solamente preocupan a sus allegados y cada vez es menor la responsabilidad moral del Estado por estas muertes, al tiempo que la sociedad no pareciera demostrar un acto de constricción por tanta sangre propia y ajena que se derrama.</p>
<p>Visto desde otra perspectiva lo sucedido esta semana en el norte del Cauca puede aleccionar tanto a los combatientes como a los que no lo son. Lo resumo en los siguientes interrogantes. ¿Cree de verdad el alto mando militar colombiano que es posible ganar una guerra pequeña o de montaña como la que se libra en los Andes caucanos? ¿Ha pensado la guerrilla, tal como lo ha entendido la izquierda independentista vasca, que la sola resistencia no siempre equivale a ganancia? ¿Se han preguntado los dirigentes indígenas si es cierto que las tienen todas consigo? ¿Creen los fundadores del nuevo frente antiterrorista que es posible llevar a cabo una segunda versión del país de las tinieblas? ¿Tiene la izquierda colombiana la plena convicción de derrotar la guerra mediante la política? ¿Está maduro el país para apoyar un gran pacto que permita una nueva repartición del naipe, como dijera alguien?</p>
<p><span style="color: #333333;"><strong>/ Por Yezid Arteta Dávila</strong></span></p>
<h6><span style="color: #999999;"><strong>Este es un espacio de opinión del portal ArcoIris.com.co destinado a columnistas y blogueros. Los puntos de vista y juicios aquí expresados pertenecen exclusivamente a sus autores y no reflejan ni comprometen institucionalmente a la Corporación Nuevo Arco Iris.</strong></span></h6>
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		<title>Rueda el balón</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jul 2012 22:40:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arteta Dávila Yezid</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Colombia no es un país de fútbol tal como lo son Inglaterra, Brasil, Italia, España o Argentina y para la muestra un botón: los estadios vacíos y el abandono de los seguidores de un equipo cuando éste cae en desgracia....]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft  wp-image-613" title="yezid_arteta_grav" src="http://www.arcoiris.com.co/wp-content/uploads/2012/03/yezid_arteta_grav1.jpg" alt="" width="118" height="146" />Colombia no es un país de fútbol tal como lo son Inglaterra, Brasil, Italia, España o Argentina y para la muestra un botón: los estadios vacíos y el abandono de los seguidores de un equipo cuando éste cae en desgracia. Este original y polémico comentario lo hizo un periodista deportivo colombiano de paso por Barcelona. Mientras que en España, por ejemplo, se publican diariamente cuatro tabloides deportivos que se venden como pan caliente en los kioscos de las ciudades y pueblos, en Colombia a duras penas se llena un estadio durante los cuadrangulares finales.</p>
<p>El cuento -levantado por gente que se nutre o malnutre de ideas delirantes- de que el fútbol es el nuevo opio del pueblo no deja de ser una historia traída de los cabellos puesto que mucho antes de la televisión, el poder mediático o la era Internet, el fútbol era entonces un asunto que iba más más allá del fútbol. En muchos lugares del mundo los oncenos fueron o continúan siendo una cuestión ligada íntimamente a la política, al poder legítimo o corrupto, a la identidad, a la marginalidad, en fin&#8230;en otros casos la divisa de un equipo se vuelve en sucedáneo de una lucha o de un contencioso que está por resolverse.</p>
<p>Hay <em>teams</em> como el Fútbol Club Barcelona que fue definido por el fallecido escritor negrocriminal Manuel Vásquez Montalbán, como el “ejército simbólico desarmado del nacionalismo catalán” o el Livorno del calcio italiano que está asociado al comunismo y cada partido que juega es un auténtico mitin y los <em>tifosi</em> celebran con cantos revolucionarios, más aun cuando en la plantilla del club hubo figuras como el internacionalista Cristiano Lucarelli – <em>capocannoniere </em>por muchos años<strong><em> </em></strong>- quien exteriorizó en la cancha y fuera de ella su origen proletario y su militancia comunista. Integrantes de las plantillas del Atlético Bilbao yla Real Sociedad, ligados al nacionalismo de Euskadi, han participado en las movilizaciones callejeras que reclaman el acercamiento de presos y la paz en el país vasco. En las antípodas está el caso de clubes como El Lazio que  alinearon en su formación a jugadores como Paolo Di Canio, tatuado con emblemas fascistas y expresando su admiración por Mussolini. Más recientemente Eric Cantoná, idolatrado por la hinchada obrera del Manchester United y quien protagonizó controvertidos actos contra el racismo y la xenofobia, se ha convertido en un referente para quienes luchan contra la dictadura de los capitales financieros.</p>
<p>Por los clubes colombianos han pasado míticos futbolistas como Alfredo Di Stefano y Adolfo Pedernera en Millonarios; Garrincha y Dida en el Junior; Ladislao Mazurkiewicz y el tigre Gareca en América de Cali; César Cueto en el Nacional y otros etcéteras que corrieron en los estadios colombianos. Pasaron también experimentados entrenadores como Osvaldo Zubeldía quien logró revolucionar al Nacional de Medellín y Carlos Salvador Bilardo, el mismo que dirigió a Maradona en la selección Argentina que se alzó con el mundial de México 86. Futbolistas nacionales como el Pibe Valderrama, Faustino Asprilla y ahora Falcao han trascendido en otras latitudes. A pesar de estos palmarés es notable la decadencia del futbol colombiano luego de un efímero brillo en los ochenta y noventa, años en los se conjugaron una serie de factores, entre ellos el dinero del narcotráfico, que permitieron la obtención de varios galardones internacionales.</p>
<p>En Colombia no hay clubes de fútbol como tal sino equipos o montoneras de jugadores que marchan de acuerdo a los caprichos y recursos de sus dueños. Por tanto no hay manera de moldear el carácter y la identidad de los jugadores y sólo cuando algunos de ellos son vendidos a instituciones deportivas de Argentina, Brasil o Europa obtienen un listón de valores y se hacen futbolistas en el mejor sentido de la palabra. Cuando el sindicato de futbolistas españoles, a manera de ejemplo, convoca una reunión o rueda de prensa para anunciar una huelga en defensa de sus derechos colectivos, aparecen en la primera línea de lucha jugadores como Iker Casillas, Carles Pujol, Xavi Hernández o Fernando Llorente. En Argentina, Gareca y Ruggeri provocaron una histórica huelga indefinida del gremio de futbolistas. Manifestaciones colectivas de esta naturaleza son impensables en Colombia por la mentalidad servil a que se ven resignados los futbolistas criollos y cuya rebeldía se sublima entonces a través de la grosería o mediante acciones de mal gusto tales como la de pegarle una patada a un ave que invade una cancha durante un partido o propinarle una paliza a una mujer.</p>
<p>El otro tema relacionado con el fútbol tiene que ver con los analistas y comentaristas de prensa. Ante el descrédito de la mayoría de políticos la gente empieza a creer más en los futbolistas y por esta razón le otorgan más valor y credibilidad a un gol de chilena que a la demagogia de un directorio partidista. Los trabajadores y desempleados se interesan más por la contratación de un delantero centro para reforzar su equipo que por averiguar qué curso han tomado las aguas turbias que circulan por el Congreso dela República.</p>
<p>En el horizonte del periodismo deportivo colombiano no sé observa a un analista que pueda hacer las cosas con la elegancia y el buen juicio de Hernán Peláez puesto que los medios se encargan de reclutar por unas cuantos pesos a periodistas que gritan a tutiplén pero no son capaces de redactar una crónica atractiva acerca de lo acontecido en estadio de futbol. Periódicos como <em>El País</em> de España tienen en su nómina a veteranos corresponsales políticos como el periodista John Carlin, autor de <em>Factor Humano</em> el libro que inspiró la película sobre Nelson Mandela, escribiendo sobre fútbol o cuenta entre sus columnistas a plumas tan estilizadas como la de Ramón Besa cuyas notas sobre fútbol se pueden leer como si fueran relatos literarios. Los argentinos tampoco se quedan atrás y han demostrado talento para combinar fútbol, política y literatura en sus escritos.</p>
<p>Ahora que la selección absoluta de España conquistó un tercer título mundial consecutivo vuelven los grandes escritores a rendirse ante el fútbol y alaban el arte y la estética de Iniesta y compañía cuando toman un balón y lo hacen rodar sobre un césped y entonces la rueda de la historia retrocede hasta 1970 para recordar a la legendaria selección de Brasil. Así ha sido el fútbol y parece que así seguirá siendo. Albert Camus, el exportero de la Universidadde Argel y luego premio Nobel de literatura, escribió por allá en los años cincuenta un artículo para la revista <em>France Futbol</em> en los que decía cosas como esta:<em> “después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”.</em></p>
<p><span style="color: #333333;"><strong>/ Por Yezid Arteta Dávila</strong></span></p>
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		<title>Cooptación, delación y asesinato</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jun 2012 01:59:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arteta Dávila Yezid</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El 23 de abril de 1996 la directora del centro carcelario de mujeres de Cali decomisó  un paquete de revistas y periódicos de izquierda que iban dirigidos a las prisioneras políticas argumentando que dichos materiales “atentaban contra la estabilidad emocional...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft  wp-image-613" title="yezid_arteta_grav" src="http://www.arcoiris.com.co/wp-content/uploads/2012/03/yezid_arteta_grav1.jpg" alt="" width="118" height="146" />El 23 de abril de 1996 la directora del centro carcelario de mujeres de Cali decomisó  un paquete de revistas y periódicos de izquierda que iban dirigidos a las prisioneras políticas argumentando que dichos materiales “atentaban contra la estabilidad emocional de las internas”. Las autoridades carcelarias defendieron el procedimiento y manifestaron que el objetivo de la justicia era  rehabilitar y resocializar a los presos “para que no continuaran en lo mismo”. Meses después,la CorteConstitucionalpresidida por Carlos Gaviria – un hombre coherente de los pies a la cabeza – pronunció una sentencia mediante la cual defendía el derecho de las prisioneras a recibir y leer revistas y periódicos de circulación legal a pesar de su contenido opositor. La resocialización no puede consistir, bajo ninguna perspectiva democrática y razonable, en un “proceso de homogeneización de las conciencias”, sentenció el tribunal constitucional. En resumidas cuentas, el objetivo de un Estado democrático no consiste en desmantelar los ideales del delincuente político sino de convencerlo de que sólo mediante la acción licita puede defenderlos.</p>
<p>Luego de recorrer un largo camino no exento de dimes y diretes el pasado jueves el legislativo aprobó el llamado “Marco Jurídico parala Paz”. Es un esbozo. Una ramita escueta, sin hojas, que puede llegar a cristalizarse – empleando la metáfora de Stendhal &#8211; y embellecer con el tiempo la inclemente realidad del país. La clave de todo este asunto está en cómo conseguir que esos cuantos miles de colombianos que aún siguen echando bala en defensa de una idea dejen de hacerlo. Que sigan siendo revolucionarios pero bajo las reglas democráticas y sometidos al imperio y el mandato que otorga la ciudadanía. Las instituciones estatales deben adquirir un compromiso y mantener una voluntad de hierro para seleccionar un camino firme y consistente donde se puedan colocar los dos pies sin temor a hundirse. Convencer y traer a los alzados a la legalidad sería el fin último del “Marco Jurídico parala Paz”. En otras palabras: sellar la paz.</p>
<p>Salvo algunas excepciones el país ha conocido tres experiencias terribles con relación al tratamiento que se le ha dado a la gente que ha “salido del monte”: la cooptación, la delación y el asesinato.</p>
<p>Hay colombianos y colombianas que otrora días defendieron su pensamiento con rabia hasta el punto de que llegaron a convertirse en rebeldes dentro de los rebeldes. Luego de varios años de ires y venires, estos hombres y mujeres optaron por irse con su música para otro lado y pactaron el fin de su rebeldía armada. Una opción legitima desde la perspectiva que se mire. Lo triste es ver a estas almas rebeldes convertidas en meros espectros del establecimiento, esa “víbora de mil cabezas” que antes combatían con tanto ahínco y fanfarronería. La cooptación.</p>
<p>La vida guerrillera es dura, muy dura y hay quienes renuncian a ella y abandonan las filas con la ilusión de encontrar un camino distinto. Otros, llevados por los azares de la guerra caen en manos de sus enemigos. La opción que el Estado les ha ofrecido a estos ex combatientes es de convertirlos en instrumentos para continuar la estrategia de guerra y muchos son empotrados en las operaciones militares para llegar hasta sus antiguos camaradas de lucha y atacarlos. La delación. Muy distinta es la búsqueda de la verdad y la conservación de la memoria, dos aspectos que manan al final de un proceso de paz.</p>
<p>Primero fue el general Uribe, el insurrecto de los Mil Días, muerto a hachazos en las escalinatas del Capitolio. Luego fue Guadalupe Salcedo. El asesinato de Guadalupe Salcedo ha sido el hecho más emblemático en la historia colombiana relacionada con la suerte de quienes han liderado procesos de desmovilización y reinserción de columnas guerrilleras. Carlos Pizarro, el carismático líder guerrillero del M-19, el caso más reciente. El camino de los extremistas: asesinar a los rebeldes que firman un acuerdo de paz.</p>
<p>Para cortar de una vez por todas con el constante ciclo y reciclaje de la violencia, el Estado, me refiero a todas sus instancias, si de verdad cree que cuenta con la llave de la paz debe blindarse contra estas tres tentaciones: la cooptación, la delación y el asesinato.</p>
<p><span style="color: #333333;"><strong>/ Yezid Arteta Dávila</strong></span></p>
<h6><span style="color: #808080;"><strong>Este es un espacio de opinión del portal ArcoIris.com.co destinado a columnistas y blogueros. Los puntos de vista y juicios aquí expresados pertenecen exclusivamente a sus autores y no reflejan ni comprometen institucionalmente a la Corporación Nuevo Arco Iris.</strong></span></h6>
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		<title>En mi hambre mando yo</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Jun 2012 11:39:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arteta Dávila Yezid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comunidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Foto: tomada de lavozdelpueblo.blogspot.com -¿Ustedes son anticapitalistas?– Nos pregunta Juan Manuel Sánchez Gordillo, el alcalde de Marinaleda, el único pueblo del mundo que rige su economía y desarrolla su vida social conforme a las ideas que Marx y Engels describieron...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-2977" title="marinaleda" src="http://www.arcoiris.com.co/wp-content/uploads/2012/06/marinaleda.jpg" alt="" width="640" height="367" /></p>
<h6><span style="color: #999999;"><strong>Foto: tomada de lavozdelpueblo.blogspot.com</strong></span></h6>
<p>-¿Ustedes son anticapitalistas?– Nos pregunta Juan Manuel Sánchez Gordillo, el alcalde de Marinaleda, el único pueblo del mundo que rige su economía y desarrolla su vida social conforme a las ideas que Marx y Engels describieron en el Manifiesto Comunista de 1848.</p>
<p>-Ñerdaaaaa&#8230;– es la única expresión que Agustín logra sacar de su repertorio caribeño para responder al alcalde, quien se ha sentado sobre un bordillo y juega con un palito en la mano, mientras nos explica las razones por la que ha sido reelegido alcalde por más de treinta y dos años y cómo consiguió llegar al parlamento andaluz con una de las votaciones más grandes obtenidas por la coalición de Izquierda Unida.</p>
<p>Somos cinco colombianos que nos interesamos por lo que está sucediendo en el pueblo de Marinaleda y viajamos hasta la región central de Andalucía -una tierra en la que los partidos políticos de principios del siglo veinte eran partidas de pistoleros y los bandidos mandaban en los caminos– para ver con nuestros propios ojos que tan cierta es la creciente fama que este lugar despierta entre la izquierda mundial hasta el punto de que conocidos cantautores como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina o Manu Chao van hasta allí para cantar gratis o porqué altos funcionarios del gobierno bolivariano de Venezuela vuelven sus ojos hacía esa localidad española.</p>
<p>-Yo pago 15 euros (unos 35 mil pesos colombianos) de cuota mensual por la vivienda nueva que me entregó el municipio– nos cuenta un hombre de unos cuarenta años que apura una cerveza en el bar llamado “Otro mundo es posible”. Vivo con mi esposa y tenemos WIFI gratis en todo el pueblo y por nuestro bebé pagamos 12 euros mensuales para que lo cuiden mientras nosotros trabajamos.</p>
<p>Aquel tipo de sociedades utópicas que crecieron en los Estados Unidos en los albores del diecinueve y luego fracasaron, las cuales fueron descritas <em>En America</em>, la última obra de la desaparecida escritora norteamericana Susan Sontag, parecen estar reeditándose en Marinaleda por obra y gracia de sus tres mil habitantes que en cada proceso electoral seleccionan en asamblea popular a los candidatos al Ayuntamiento (Concejo Municipal)y con sus votos eligen por el partido anticapitalista dirigido por Gordillo a nueve de los once integrantes con los que cuenta la corporación popular.</p>
<p>Gloria, se llama una de los nueve concejales electos por Izquierda Unida, de los cuales cuatro son mujeres. Es una chica carirredonda y de baja estatura que sonríe con bastante facilidad. Mientras voy charlando a su lado en dirección a la sede del Ayuntamiento me cuenta que los concejales de Marinaleda no cobran sueldo por sus funciones públicas y cada uno de ellos vive de su arte u oficio. Me gusta trabajar al aire libre y me gano la vida como jornalera en el proyecto colectivo de <em>Los Humosos</em>, una hacienda que fue expropiada por el Estado hace varios años y entregada a los campesinos y hoy día es un exitoso complejo agroindustrial gestionado por los propios trabajadores. Antes de abrir la puerta del ayuntamiento Gloria me dice que en el pueblo no hay policía porque no se necesita y con esta decisión gubernamental se ahorra una cantidad de dinero que se destina a obras sociales tales como los escenarios deportivos, residencias para personas de la tercera edad, bibliotecas o parques recreativos. La gente que dirige los destinos de Marinaleda desde hace más de treinta años ha conseguido darle la vuelta a la tortilla y sus impuestos no van a parar a manos parasitarias y por esta razón cada vecino recibe 54 veces más del dinero que aporta a las arcas municipales.</p>
<p>-En mi hambre mando yo– nos dice Miguel con su talante andaluz antes de llevarse un trago de brandy a la boca, y enseguida nos cuenta lo que piensa sobre las cosas que están sucediendo en Marinaleda y sus alrededores. A diferencia de la mayoría de los habitantes de Marinaleda que son obreros o jornaleros en el campo, Miguel es un propietario que explota su tierra y defiende lo que está haciendola Izquierdaen la región y nos asegura, con una prosa exuberante, que el carácter social de la tierra viene desde los tiempos de Roma. En estos tiempos que corren no se puede permitir que la tierra esté sin producir alimentos para la gente, recalca Miguel, quien ha invertido capital para producir oliva y otros productos agrícolas en su propiedad.</p>
<p>Son más de las cuatro de la tarde y los fucilazos del sol aún cuentan con suficiente poderío para hacernos sudar, mientras caminamos junto a Sánchez Gordillo por los espaciosos jardines que la administración que preside ha construido por fases. Es domingo y el alcalde da muestras de ser un hombre incombustible, entregado a la causa de su pueblo sin ganar beneficios personales y prueba de ello es que su sueldo, a iniciativa de él y sus compañeros de partido, no supera al de un simple jornalero.</p>
<p>-Un metro verde por habitante es nuestro objetivo y lo estamos consiguiendo- dice el alcalde señalando los árboles que crecen en lo que era tierra yerta, al tiempo que se seca el sudor que corre por su frente con la <em>Kufiyya</em>, el pañuelo palestino que lleva alrededor de su cuello-. Es más, estamos proyectando el impulso de las energías renovables y el sol será la fuente principal de energía para nuestras instalaciones deportivas, la residencia de ancianos y los huertos sociales.</p>
<p>“Marinaleda una utopía hacía la paz”, es el emblema que rige la vida cotidiana de los habitantes de esta comarca andaluza que ejercita la fraternidad y la solidaridad a través de acciones colmadas de contenido. Cada año, al municipio llegan veinte niños procedentes de Palestina y otros veinte más llegan desde los campamentos de refugiados saharauis y permanecen allí durante dos meses. Cada niño es recibido en el seno de una familia que le da techo y pan pero sobre todo le brinda cariño y amor.</p>
<p>Seguimos recorriendo las calles y las plazoletas del pueblo que fueron rebautizadas con los nombres de Che Guevara, Antonio Machado, Jornaleros&#8230;plaza Salvador Allende&#8230;en fin&#8230;y nos encontramos con un grupo de unas cuarenta personas de todas las edades y condiciones que habían viajado desde una población del sur de Portugal para ver de que forma podían replicar la experiencia de Marinaleda en su municipio. Nos hubiera gustado pasar más horas escuchando el cuento de Sánchez Gordillo pero debíamos volver a Sevilla para tomar un tren de vuelta a casa.</p>
<p>-Ñerdaaaaa&#8230;tronco de cuento anticapitalista– nos carcajeamos todos al escuchar el vocerrón del viejo Agustín cuando nos alejábamos de Marinaleda.</p>
<p><span style="color: #333333;"><strong>/ Yezid Arteta Dávila</strong></span></p>
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		<title>Esta noche sale el sol: los temores de la Izquierda</title>
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		<pubDate>Sun, 20 May 2012 19:09:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arteta Dávila Yezid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
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		<description><![CDATA[“Barcelona tiene en su haber histórico más combates de barricadas que ninguna otra ciudad del mundo”, escribía Engels en 1894 en uno de sus informes a la Internacional con relación a los levantamientos sucedidos en España en el verano de...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft  wp-image-613" title="yezid_arteta_grav" src="http://www.arcoiris.com.co/wp-content/uploads/2012/03/yezid_arteta_grav1.jpg" alt="" width="118" height="146" />“Barcelona tiene en su haber histórico más combates de barricadas que ninguna otra ciudad del mundo”, escribía Engels en 1894 en uno de sus informes a la Internacional con relación a los levantamientos sucedidos en España en el verano de 1873. Ciento dieciocho años después de haberlo referido Engels, decenas de miles de personas serpentearon las calles del puerto mediterráneo para conmemorar el primer aniversario del 15-M y de nuevo mostrar que ese bouquet de lucha sigue entrañablemente ligado al talante de su ciudadanía. En el kilómetro cero de Madrid &#8211; la emblemática Puerta del Sol – una multitud delirante lanzó un “grito de silencio” cuando el reloj de la Casa de Correos marcó las diez de la noche, hora límite decretada por las autoridades para abandonar la plaza: a los miles allí presentes no les era necesario pedir una autorización para hacer una revolución. Durante el 2011 los estudiantes chilenos y colombianos ganaron el pulso de la opinión pública y consiguieron detener temporalmente los planes oficiales de intervenir peligrosamente la educación pública. En Barcelona uno de cada tres jóvenes lleva a las manifestaciones algún atuendo que lo identifica con el ideal ácrata y en la reciente Feria del Libro de Bogotá, escribe Carlos Lozano en el semanario VOZ, hubo un inusitado interés de los jóvenes por adquirir literatura marxista.</p>
<p>Amén de lo sociológico, esta deriva contestaría merece una mayor atención por parte de los lideres de la izquierda en el mundo y en particular de la colombiana. Esta rebelión ciudadana y mayoritariamente juvenil viene demoliendo la inflexible ingeniería diseñada y defendida por ciertos directorios de la izquierda que no parecen tomar nota de las nuevas realidades y aún creen ingenua o testarudamente que los manifestantes callejeros del siglo veintiuno poseen el mismo listón de valores que los del milenio anterior. Los indignados de hoy se están rebelando contra el actual modelo económico y cuestionan la manera como funcionan las instituciones y los partidos políticos, pero su acción de resistencia y rebeldía no está asociada al empleo de las armas o al uso de la violencia como generalmente se defendía o justificaba en el pasado.</p>
<p>En un núcleo considerable de los dirigentes de la izquierda colombiana con representación ejecutiva y parlamentaria se observa una tendencia a autocorregirse políticamente cuando el establishment los reconviene o se placen en nadar a favor de la corriente cuando las “encuestas de opinión” dicen afectarles. Así no se consigue musculatura política desde la izquierda y menos a costa de los indignados que, en el caso español por ejemplo, tienen en su haber 14.679 propuestas e ideas surgidas de las asambleas de base que se han se realizado en los lugares más inverosímiles y son terminantes cuando reclaman coherencia y honestidad a la clase política.</p>
<p>Jean-Luc Mélenchon, el aguerrido candidato del Front de Gauche (Frente de Izquierda) en Francia quien abarrotó la Plaza de la Bastilla en París y reunió a millares en una playa de Marsella se reclama como el hombre de la “furia y el ruido” – evocando al personaje de Shakespeare – y sin ambigüedades invita al pueblo a la resistencia lo mismo que a salir a las calles de la República para tomarse el poder y echar por tierra el régimen imperante. Mélenchon no niega sus simpatías con los gobiernos de izquierda en América Latina y en las legislativas de junio ha retado a la dirigente xenófoba, Marine Le Pen, del Frente Nacional en su propio feudo ultramontano para disputarle la curul al parlamento. Bastante daño le hace a los proyectos de izquierda que surgen en Colombia los giros y las maromas que habitualmente realizan dirigentes harto conocidos por la gente y que además se autoproclaman como representantes de la izquierda democrática. No es casual entonces que la mayoría que resiste en la calle, valga la redundancia, se resiste a votar por ellos. Parte de la Izquierda no acaba de entender esta dualidad del 15-M, la MANE o de los indignados en general.</p>
<p>Otro aspecto que no cabe en los cerebros de ciertos cuadros de la izquierda son los conceptos de pluralidad y la aparente “no organización” como forma de organización de los movimientos en rebeldía. Los luchadores callejeros tienen fe en lo que están haciendo y no requieren un dogma para tenerla. Empleando un lenguaje parabólico diría, quizá como cierto evangelista, que de nada vale el dogma si no hay fe. No es una sola idea por la que la gente ha vuelto a las calles y las plazas sino muchas ideas y todas ellas válidas desde la perspectiva de cada luchador. Manifestaciones tales como el teatro de guerrilla, los disfraces, los performances o la exposición didáctica para entender un tema económico son los signos gramáticos de los nuevos tiempos. Construir los proyectos políticos y organizativos a partir de la praxis del pueblo es, desde los tiempos del ruido, el abecé para cualquier partido o movimiento que tenga como objetivo llegar al poder y hacer las trasformaciones estructurales que pide la mayoría. Es triste una historia política reducida a mera constancia histórica. Hay que perder el miedo a la audacia. No se trata de mirar con aire despectivo a los movimientos callejeros o tildarlos de espontáneos o voluntaristas y antes por el contrario desprenderse de esa mala leche e inspirarse en ese “estado de ánimo” que es capaz de mover a múltiples colectivos contra el racismo, por la educación gratuita, contra la corrupción financiera, por los derechos de los animales, contra la guerra, por la defensa de la tierra y sus raizales, contra la homofobia y la xenofobia, por la legalización de la marihuana, contra la censura de prensa, por la libertad de conciencia&#8230;en fin.</p>
<p><strong>/ Yezid Arteta Dávila</strong><em></em></p>
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		<title>Paz, piedad y perdón</title>
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		<pubDate>Mon, 07 May 2012 03:03:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arteta Dávila Yezid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft  wp-image-613" title="yezid_arteta_grav" src="http://www.arcoiris.com.co/wp-content/uploads/2012/03/yezid_arteta_grav1.jpg" alt="" width="119" height="143" />Cuando las ideas escasean y la política queda reducida a escuetos mensajes de 140 caracteres no está mal volver a los escritos intemporales. <em>Paz, piedad y perdón</em>, es el nombre como se conoce a uno de los discursos más importantes del siglo veinte y fue pronunciado el 18 de julio de 1938 por el presidente Manuel Azaña en el legendario <em>Saló de Cent</em> del Ayuntamiento de Barcelona, en el apogeo dela Guerra Civil. Lejos de todo sectarismo y avizorando la enorme grieta que traería para España la continuidad de la guerra, el líder republicano dijo que su empresa era la libertad de todos, incluso la de sus adversarios y recordó que para el hombre el “olvido no es menos esencial que la memoria”.</p>
<p>Rescato la idea de Azaña a propósito de las recientes declaraciones del director de la Divisiónpara las Américas de <em>Humans Right Watch</em>, José Miguel Vivanco, quien se mostró contrario al proyecto de ley que tramita el Legislativo colombiano, más conocido como “Marco jurídico parala Paz”. Creo que Vivanco y otros promotores de Derechos Humanos son necesarios en un país como Colombia, pero a veces los veo como especie de calvinistas de nuevo cuño empeñados en defender la letra y la pureza de los tratados internacionales en la materia, sin medir las consecuencias que estas posiciones pueden acarrear a una nación, es más, poniendo en entredicho el derecho y la autonomía que tiene un pueblo para decidir cuál es el mejor camino para zanjar sus divergencias y alcanzar la paz.</p>
<p>Dicen, quienes comparten la opinión de Vivanco, no ver ninguna oposición entre la posibilidad de un acuerdo de paz en Colombia y la aplicación de la justicia. A mi modo de ver si la hay. Y lo digo sin rodeos: no creo en un contrato social que deje a los miembros de la guerrilla de las FARC y el ELN por fuera de un tablado de lucha política democrática. Castigar y dejar al margen de la contienda política a los jefes de la guerrilla y/o otros protagonistas del conflicto, tal como propone Vivanco, es un mensaje absurdo que desdeña la realidad del país y compromete seriamente las posibilidades de paz y reconciliación. Buena parte de los juristas nacionales y extranjeros que se identifican con Vivanco, rinden un exagerado culto a la legislación penal internacional y parecen olvidar que en Colombia se está viviendo una guerra que, igual que todos los conflictos internos, no cabe en los códigos y por tanto su solución no está en un inciso o un parágrafo. Creer que el conflicto colombiano es un contencioso que se puede resolver en una corte de justicia es una actitud rayana en la pedantería.</p>
<p>De nada sirve que el director de Humans Right Watch se muestre contrario al proyecto de “Marco jurídico parala Paz”, si a cambio no propone algo distinto que sirva verdaderamente para ir hasta un proceso de paz y terminarlo airosamente. Estoy seguro que el proyecto que ronda en el Congreso tiene muchos agujeros que habrá que tapar o remendar pero no se puede negar que, la intención es legítima, si se piensa en diálogo, negociación y acuerdo de paz, es decir, si se aspira a terminar con el conflicto.</p>
<p><em>La Guerra Eterna</em>, el libro que recoge los cuadernos de apuntes del laureado corresponsal de guerra del <em>New York Times</em>, Dexter Filkins, es un testimonio de lo que pasa en Irak y Afganistán pero también es una reflexión sobre todos los conflictos que, similares al colombiano, parecen condenados a no acabar nunca, y más aún si hay personas influyentes que impiden desde distintos ángulos que otros puedan buscar y construir algunas formulas creíbles y realistas para salir del degolladero. Azaña y Filkins, pasado y presente.</p>
<p><span style="color: #333333;"><strong>/ Yezid Arteta Dávila</strong></span></p>
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		<title>Matando con la derecha</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Apr 2012 02:32:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arteta Dávila Yezid</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
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		<description><![CDATA[-Esto no es el proyecto de un loco desequilibrado, es la acción política destructiva de la ultraderecha, intolerante ante los cambios de la sociedad moderna, intolerante frente al desarrollo de la humanidad- me escribía con vehemencia en el verano pasado...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.arcoiris.com.co/wp-content/uploads/2012/03/yezid_arteta_grav1.jpg"><img class="alignleft  wp-image-613" title="yezid_arteta_grav" src="http://www.arcoiris.com.co/wp-content/uploads/2012/03/yezid_arteta_grav1.jpg" alt="" width="118" height="146" /></a>-Esto no es el proyecto de un loco desequilibrado, es la acción política destructiva de la ultraderecha, intolerante ante los cambios de la sociedad moderna, intolerante frente al desarrollo de la humanidad- me escribía con vehemencia en el verano pasado una amiga colombiana radicada en Stavanger, Noruega, desde hace más de dos décadas, a propósito del asesinato de 77 personas, la mayoría menores de 20 años, a manos de un fanático en Utøya una de las tantas islas de los fiordos noruegos. Anders Behring Breivik, un hombre de 33 años, comparece en estos días ante una corte de Oslo como autor confeso de la masacre.</p>
<p>Después de 25 días agonizando, Daniel Zamudio, un joven chileno murió en Santiago de Chile luego de que un grupo de personas identificadas como neonazis lo atormentaran y humillaran sólo por su condición de gay, una orientación sexual que históricamente ha sido perseguida y castigada por los regimenes de índole totalitario y por las secciones  más anacrónicas de las sociedades del siglo veintiuno e incrustadas en no pocas instancias estatales.</p>
<p>El año pasado la revista <em>Semana</em> colgó en su página Web un video en el que aparece un grupo de personas – todas ellas ostentando orgullosamente un brazalete con la cruz esvástica &#8211; participando en un acto político que rendía culto a Hitler y su obra. En Colombia, donde el asesinato con fines políticos es un acto banal a muy pocas personas se les ocurre pensar que cualquier día aparezca un “lobo solitario” disparando a la diabla contra uno de esos colectivos considerados como “enemigos” por los ideólogos y militantes apocalípticos.</p>
<p>Este jueves estuve en casa del periodista Xavier Vinader conversando sobre el juicio que se adelanta contra Breivik en Noruega. Vinader es uno de los expertos europeos que más hondo ha llegado sobre el tema de la extrema derecha y sus ramificaciones y replicas en el Viejo Mundo y otras latitudes. Durante su exilio en Londres, el laureado periodista Catalán, conoció y cruzó información con el desaparecido Stieg Larsson, el autor de la trilogía negro criminal titulada <em>Millennium </em>(<em>Los hombres que no amaban a las mujeres</em>, <em>La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina</em> y <em>La reina en el palacio de las corrientes de aire</em>) quien era entonces corresponsal de <em>Searchlight, </em>la revista fundada por brigadistas internacionales británicos  que combatieron en el bando republicano durantela Guerra Civil española y que de vuelta a Inglaterra se dieron a la tarea de denunciar a la extrema derecha antidemocrática.</p>
<p>-Multiculturalismo- me dice certeramente Xavier Vinader, escoltado por los 14 mil volúmenes que componen su biblioteca personal y entre los cuales hay centenares en inglés, francés, español y catalán que tratan sobre los meandros del fascismo en todas sus expresiones -. El multiculturalismo es el blanco principal de estos grupos de ultraderecha que se reclaman puros y defienden una distorsionada idea de lo identitario.</p>
<p>Antes de ejecutar la masacre el asesino de Utøya, como se conoce a Breivik, colgó en Internet un manifiesto de 1500 páginas que tituló <em>Una declaración europea de independencia-2083</em>, donde expone sus ideas y explica sus actos. El extenso documento es un batiburrillo de autores, citas, hechos históricos y experiencias personales que pretenden justificar el uso de la violencia contra otras culturas distintas a la occidental y contra todos los partidos políticos que defienden que en un Estado legitimante democrático pueden convivir las más diversas culturas, lenguas, ideas y tradiciones. En el juicio que se inició esta semana, Breivik se reclama como un patriota y se autoimpone la tarea mesiánica de liquidar a los marxistas y multiculturalistas. Para Breivik es legítimo eliminar a los enemigos de la patria.</p>
<p>En Colombia, donde los homicidios por diversas razones se cuentan por centenares cada fin de semana, un personaje como Breivik se torna demasiado exótico para el gusto del país y muy lejano en términos geográficos. Sin embargo, hay expresiones empleadas en algunas columnas de prensa y en ciertas tertulias, tales como “apátridas” para tildar a los opositores que se vuelven tan comunes como los asesinatos de los fines de semana.</p>
<p><span style="color: #333333;"><strong>/ Yezid Arteta Dávila</strong></span></p>
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