Sí, ciertamente hacía falta que la ciudadanía saliera a la calle a expresar su apoyo al actual proceso de paz sin mezquindades. Lo de Bogotá fue apoteósico, allí el país, en toda su diversidad, le dijo al presidente Santos y a las FARC que los acompañan en este esfuerzo difícil por revertir décadas de violencia, de heridas que aún no cicatrizan, de múltiples odios promovidos desde arriba y desde abajo.

Hacía falta que después de varias semanas de esfuerzos del uribismo, en una ofensiva pocas veces vista, por desprestigiar el proceso e impedir la movilización,  la ciudadanía le diera un rotundo no y le expresara a aquellos que hoy fungen de defensores de las víctimas pero que siempre lo han sido de los victimarios,  que nos adentramos  en un momento en el cual renace la esperanza y se le abre el espacio  a la reconciliación.

Hacía falta, que las calles se vistieran de blanco y que el ingenio popular colocara en pancartas, volantes y diversas expresiones artísticas sus percepciones sobre la paz, sus  sensaciones sobre un proceso que  sentían lejano y que ahora quiere tomar cuerpo, en las conciencias y en las voluntades, como algo que les es propio.

Hacía falta ver una nueva generación de jóvenes y aún de niños  movilizándose por un mejor futuro, imprimiéndole  frescura a la participación ciudadana sin los prejuicios y no pocos estigmas que aún perviven en la sociedad que jalonan el espíritu vengativo, el odio y la pulsión por eliminar al contradictor.

Hacía falta, que en la movilización social las víctimas fueran el protagonista principal con figuras tan emblemáticas como Jorge Eliecer Gaitán. El cambio de movilizarnos en CONTRA DE a movilizarnos a FAVOR DE, expresa un giro sustancial como expresión de las masas y señala el camino constructivo que debemos imaginar para que algo como lo que ha sufrido la sociedad colombiana no vuelva a presentarse.

Hacía falta, que en Medellín, nos sacudiéramos de una modorra que no se compaginaba ni con la  coyuntura política, menos, con una realidad regional que arrastra centenares de víctimas en campos y comunas. Marchamos, no obstante la displicencia de nuestros gobernantes, que no tenían ninguna justificación para no haber liderado una movilización por sus propias víctimas: Guillermo Gaviria y Gilberto Echeverry, para sólo mencionar estos dos, y por todas aquellas que  están dejando de ser innominadas. Aun no entendemos si es consecuencia de la alianza AMA, el hecho de colocar la paz  bajo la lupa de los cálculos electorales,  interés de congraciarse con una elite regional cercana al Uribismo o sectarismo. Lo cierto es que apenas se han manifestado apoyos destemplados y a veces hasta forzados a un proceso en  el cual Antioquia  debería estar filando como su primera promotora y defensora.

Sergio Fajardo y Aníbal Gaviria son demócratas, son indiscutibles líderes regionales y son nuestros gobernantes ¿Qué es lo que les pasa con la paz? No es posible cometer errores sean ellos por acción o por omisión en algo de tanta importancia y trascendencia para el país y para la región, pues la historia no les será benévola para quien los cometa.

/ Jose Giron Sierra

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