Foto: Jacobo Arenas brinda con Manuel Marulanda, en lo que parece ser la celebración de sus 64 años.

‘Jacobo Arenas’, cuyo nombre real es Luis Alberto Morantes Jaimes, nació en Bucaramanga en 1924 y fue, junto con Manuel Marulanda Vélez, el gran constructor de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).

Se inició en la política como integrante del Partido Liberal, para luego militar en el Partido Comunista, desde mediados de los años cuarenta, desde donde se dedicó a la promoción de la organización sindical. Pasó varios años en Barrancabermeja y se formó una vida intelectual rica en lecturas no solo de textos políticos, igualmente lo convocaba la literatura y una curiosidad por la historia de Colombia, de América y Europa.

Siendo integrante del comité central del Partido Comunista y en momentos en que se avizoraban operaciones militares contra los destacamentos de autodefensa campesina que se mantenían recelosos de los primeros gobiernos del Frente Nacional y en medio de la denuncia que hacia el Senador Álvaro Gómez Hurtado, de estas comunidades campesinas como verdaderas “Repúblicas independientes”, Morantes se ofreció como voluntario para fortalecer los procesos de conducción política de estas comunidades y preparar la resistencia armada

A finales del año de 1963 partió al sur del Tolima, donde conoció a Manuel Marulanda Vélez, cambió de nombre a ‘Jacobo Arenas’ y jamás volvió a abandonar las montañas y selvas del sur del país. Estuvo presente en las acciones para enfrentar el cerco contra Marquetalia y en la fundación de las Farc en 1964.

Como un aporte a la reflexión sobre el proceso que han iniciado el Gobierno nacional y la guerrilla de las Farc, Arcoiris.com.co publica en esta primera entrega un perfil de ‘Jacobo Arenas’, su análisis sobre los fallidos acuerdos de paz de 1984 y el llamado Acuerdo de la Uribe.

El país conoció de él cuando al inicio del gobierno del presidente Belisario Betancur se habló  de la posibilidad de poner punto final al alzamiento armado. Dio la cara y conversó con toda la clase política y gremial que visitó al Secretariado de las Farc, instalado en el municipio de La Uribe, en el sur del Meta; allí desplegó su  vocación por la política y siempre llevó la voz cantante en todos los intercambios con el Gobierno: era directo, sin ambages ni ambigüedades para plantear sus críticas a lo que consideraba “una Colombia mal gobernada” y describía con detalles los males y las dificultades de las mayorías, por las cuales decían luchar, así estas mayorías nunca los respaldaran ni con las armas ni en las urnas.

Se asimiló de manera completa a las Farc, ya no reconocía en el Partido Comunista una dirección legitima y acatada, fue de los dirigentes de la esa guerrilla que criticaba abiertamente a la dirigencia urbana, fue severo en sus juicios y no pocos desplantes a la insistencia de la dirigencia comunista de la época de encontrar un camino de acuerdos.

Compartimos con nuestros lectores un texto escrito por ‘Jacobo Arenas’, en el primer semestre de 1987 (Vicisitudes del proceso de paz), mostrando las dificultades para lograr que los acuerdos de la Uribe se hicieran realidad y exponiendo la imposibilidad de unas reformas sociales, políticas y económicas que abran posibilidad al acuerdo. Además, acompañamos ese análisis con el texto de los Acuerdos (Acuerdos de La Uribe).

Ahora nuevamente el país tratara de construir un acuerdo con las Farc y es bueno recuperar para el análisis, la comprensión y la acción política este texto de un protagonista de estas historias.

‘Jacobo Arenas’ tenía la esperanza de salir de la guerra para hacer vida política legal, pero el inicio de la violencia contra la Unión Patriótica, movimiento que surgió en el marco de los acuerdos entre el gobierno de Belisario Betancur y las Farc, lo sumió en mayor desconfianza y por tal razón las Farc se atrinchera en la idea de seguir creciendo militarmente.

‘Arenas’ fallece en 1990, cuando las Farc se preparaban para continuar su expansión y enfrentarse con violencia a quienes consideraba que debían derrotarlos e imponerse por la fuerza.