Foto: Romney y Obama se disputan la presidencia de EE.UU. 

/ Por Kyle Johnson*. El mes de octubre es el más importante en cuanto a las elecciones estadounidenses, en el sentido de que ya con los candidatos definidos por un buen rato, ellos se enfrentan directamente en tres debates, los cuales son tan cercanos a las elecciones que pueden determinar los resultados mucho más que cualquier otro acontecimiento durante meses de campaña. Y en este año, parece que es exactamente eso lo que ha pasado.

El primer debate, al comienzo de octubre, tenía que ver con temas domésticos, que cómo se verá más tarde, son los más importantes en estas elecciones por razones obvias: sigue habiendo una crisis económica, dejada por la administración de Bush, heredada y manejada por Obama, la cual todavía está afectando a una buena porción de la población en EEUU.

Ese debate terminaría siendo histórico porque Obama entró con una ventaja gigante en casi todas las encuestas y en el colegio electoral, tanto que pareciera que llegó con demasiada confianza y con ninguna energía. Minuto tras minuto Romney hizo lo que no había hecho durante toda la campaña: respondía de manera clara y articulada, mientras el Presidente se veía cansado, impreciso y poco listo para discutir los temas claves del país.

Poco después de ese primer debate, las  encuestas empezaron a favorecer a Romney y la diferencia entre los candidatos iba disminuyendo. Este gráfico del New York Times muestra el efecto del primer debate al contar los probables puntos del colegio electoral – según las encuestas hechas al nivel de cada estado – para cada candidato si las elecciones fueran en un momento dado.

Se ve como la diferencia entre los candidatos al comienzo de Octubre va disminuyendo rápidamente hasta la mitad del mes, cuando hubo el segundo debate.

En ese segundo debate, que era al estilo town hall, en el que la propia gente estadounidense pudo preguntarles a los candidatos por ciertos temas, Obama sabía que había que por lo menos mitigar el daño del primer debate. Por esa razón, salió mucho más a la ofensiva, cuestionando los puntos de Romney, articulando mejor sus respuestas y, a veces, no dejando hablar a Romney. El letargo de Obama no estuvo presente en este debate y en el mismo gráfico presentando arriba –y casi todos de fuentes fuertes y respetables reflejan esa misma tendencia– se puede apreciar cómo el mejor desempeño del Presidente en este segundo encuentro cambió la tendencia a favor de Romney del primer debate.

Entrando en el tercer debate, la idea de la campaña de Obama era consolidar esa nueva tendencia hacia su reelección. Pero se presentó un problema: el tercer debate abordo el tema de la política exterior, y solo a un 5 ó 6 por ciento de los probables votantes les importa este asunto. En otras palabras, para mucha gente, el tercer debate simplemente no era importante. Lo único que cada candidato tenía que hacer era evitar un error grande que pudiera tener incidencia negativa en los medios.

Puede ser por eso que Romney estuvo tanto de acuerdo con Obama durante buena parte del debate – además del hecho de que Obama tiene mucha más experiencia y conocimiento en el tema –. Ir a la ofensiva contra Obama en un debate que no importaba mucho significaba correr riesgos innecesarios. El tercer debate lo ganó Obama según numerosas encuestas, pero no tuvo gran efecto.

Con menos de una semana antes de las elecciones, ¿cómo van? El gráfico muestra que en términos de puntos del colegio electoral, Obama tiene una tendencia importante que será difícil de cambiar por Romney. No sólo el New York Times, sino también el Ángeles Times y el Washington Post, y numerosas encuestas confirman la tendencia, especialmente en lugares importantes como Ohio y Pennsylvania.

Con el huracán Sandy, la tragedia de la muerte de por lo menos 98 personas en el nororiente de Estados Unidos (y más de 40 en Cuba y el Caribe), las campañas pararon oficialmente. Pero la respuesta del gobierno de Obama tendrá que ser perfecta para no afectar sus posibilidades de ganar. Ya el gobierno de New Jersey, Chris Christie – un republicano – ha dicho que la respuesta del Gobierno nacional fue buenísima. Romney ha querido acabar con la ente estatal encargada de ayudar durante los desastres naturales – FEMA –, pero como las campañas están en pausa para ayudar con los efectos de Sandy, ese punto no será tan clave como podría haber sido en otro momento.

Por ahora, el liderazgo de Obama durante la recuperación de Sandy va a ser fundamental. Su tendencia en los estados claves es positivo y fuerte –sólo un error gigante de incidencia nacional podrá cambiarla, y si no, será muy difícil que Romney gane–. Para ver qué tan difícil, veamos las pocas rutas que llevarían a Romney a la Presidencia. Si partimos de la presunción de que si un candidato va ganando en un estado por más de 3 puntos en las encuestas, ese estado ya no es indeciso, quedan los siguientes estados como indecisos:

Estado Puntos en Colegio Electoral Diferencia en encuesta
Colorado 9 Empate
Florida 29 Romney +1%
Iowa 6 Obama +1%
Ohio 18 Obama 2,4%
Nevada 6 Obama +2,4%
New Hampshire 4 Obama +1%
Virginia 13 Romney +,5%
Wisconsin 10 Obama +2,3%

En este escenario, Obama tendría 237 y Romney 206. Para ganar las elecciones se necesitan 270 votos. Así que si Obama triunfa en los tres estados donde tiene una ventaja de más de 2 puntos en las encuestas – Ohio, Wisconsin y Nevada – será reelegido. Por su parte, Romney necesita ganar Florida, Virginia, Ohio y cualquier otro estado para lograr su propósito. Así se ve la importancia de Ohio: cada candidato lo necesita.

Obama se deshizo del daño del primer debate a nivel nacional, pero la carrera a la Casa Blanca, de acuerdo con los puntos del colegio electoral, sigue siendo muy estrecha, y cualquier cosa puede pasar el próximo 6 de noviembre.

* Kyle Johnson es politólogo de la University of Connecticut, Magister de la Universidad de los Andes e investigador de la Corporación Nuevo Arco Iris.