Por: Danny María Ramírez Torres
Socióloga, Mg. Estudios de Género ©

En el marco de los 20 años de la Ley 70 de 1993, también conocida como Ley de Comunidades Negras, se realizó el primer Congreso Afro entre el 23 y 27 de agosto en Quibdó (Choco). En este encuentro se plantearon mecanismos de interlocución entre las comunidades, negras, afrocolombianas, raizales y palenqueros con el gobierno nacional.

El Congreso, permitió que los diversos sectores del pueblo afrocolombiano colocasen de manifiesto sus posturas frente al derecho fundamental de la consulta previa, los procesos de interlocución y concertación con el gobierno nacional, además de constituir antesala para la reglamentación integral de los capítulos 4º, 5º, 6º y 7º de la Ley 70 de 1993. También, se planteó establecer una agenda desde el movimiento social Afrocolombiano que sirva de eje de articulación del Movimiento, logrando generar un marco de objetivos, metas y prioridades para alcanzar el reconocimiento e implementación integral de los derechos.

En lo fundamental, esta convocatoria juega un papel importante en el proceso de visibilización, identidad, movilización y participación del Pueblo Negro en Colombia, y a su vez en la necesidad de avanzar en el desarrollo de un protocolo de Consulta Previa, Libre e Informada, permitiendo destrabar los procesos de diálogo intercultural del Estado colombiano. Con estos objetivos y la importancia de sus resultados, las expectativas de múltiples sectores sociales convergieron en la convocatoria.

El cabildeo institucional

Es menester resaltar que movilizar al ejecutivo nacional y algunos representantes del Congreso de la Republica fue una tarea titánica y lograda. La participación del Presidente, el Vicepresidente de la República, el presidente del Congreso de la República y otros Senadores y Representantes a la Cámara, así como también todo el sistema de Naciones Unidas en Colombia, fue todo un logro, así a ello se le den diferentes miradas. Ello constató un esfuerzo que debe reconocerse al Comité Organizador Nacional y los equipos departamentales en los que convergen todas las expresiones étnico territoriales afrocolombianas a lo ancho del país.

Vale la pena resaltar la lectura positiva, del interés justo de la mayor parte del liderazgo afrocolombiano con la realidad actual del país y el pueblo afrocolombiano. De igual manera identificar y reconocer el compromiso expresado por el presidente Juan Manuel Santos Calderón con el pueblo afrocolombiano, escenario mediante el cual expresa la necesidad de jalonar medidas de reivindicación con ocasión de los derechos del pueblo afrocolombiano, y su sentido llamado a la unidad.

 El trabajo realizado

Las mesas o grupos de trabajo denominadas de la siguiente manera: Lecciones Aprendidas, Reglamentación Artículo 45 Consultiva, Espacio Autónomo, Capítulo IV, Capítulo V, Capítulo VI, Capítulo VII, Crisis Humanitaria, Jóvenes, Afrourbano, Género, Paz, Agenda Propia, Protocolo consulta previa, Censo, Consejos Comunitarios, Educación Superior y Fondo de Comunidades negras, Departamentos de la Amazonia y la Orinoquia, Mujeres LBTI, Jóvenes y comunidad Raizal de San Andrés, Palenque y Departamentos; fueron espacios reflexivos, de construcción, análisis interesantes, donde reino el respecto por la opinión y vivencias de los otros y las otras.

Los y las participantes se dispusieron a construir, aportar y plasmar sus propuestas en las mesas de trabajo programadas para el Congreso. Otro grupo que no comulgó con esa dinámica, conformó también mesas, postura para resaltar en medio de las diversidades, ya que no estando de acuerdo con la metodología general, se propuso la construcción desde apuestas propias e incluso individuales, que posteriormente se compartieron con la colectividad.

Al finalizar la asamblea general participante del I Congreso Nacional Autónomo de las Comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizales y Palenqueras, se reunió a deliberar aspectos importantes para el pueblo afro, a consensuar y programar el devenir después del Congreso. Entre acuerdos y desacuerdos se sometió a votación, un único punto la conformación de la Autoridad Nacional Afrocolombiana, quedando representada por los siguientes sectores Capitanía (1), Consejos Comunitarios (55), Departamentos para Población Urbana (32), Mujeres (2), Jóvenes (2), Víctimas (2), San Basilio de Palenque (2), Raizales de San Andrés, Providencia y Santa Catalina (3), LGBTI (1), Discapacitados (1), Estudiantes (1), Distrito Especial (5) y Adulto Mayor (1), para un total de 109 delegados y/o delegadas.

Después de esta conformación, los congresistas se dividieron según su sector, para elegir sus representantes, los cuales en algún momento serán citados para dar continuidad y materializar las propuestas expresadas por los participantes del I Congreso del pueblo Negro.

Reflexiones del evento

Este Congreso permitió dinámicas de gran importancia al interior del pueblo afrocolombiano, negro, raizal y palenquero tales, como el propositivo y eficaz liderazgo de los y las jóvenes frente a la intención de algunos asistentes de malograr el Congreso.

Se evidenciaron las fuertes rupturas dentro del movimiento social afrocolombiano, expresas por las diferencias manifiestas que prevalecen y se acentúan gracias a la circulación de dádivas, favores y beneficios tangibles por ejercer la designación de representante de tal o cual comunidad.

La presencia expresa de algunos de los congresistas cuya misión era desarticular cualquier expresión de trabajo y reflexión, lastimosa y tristemente sus estrategias fueron las del barullo, el desorden, los gritos sin fundamento ni racionamiento lógico. Por fortuna en la Guardia Cimarrona, liderada por los y las jóvenes encontraron literalmente una pared que no les permitió avanzar, y lentamente fueron bajando sus fuerzas, reflexionando sobre sus pérdidas y algunos accedieron a mediar, para que los espacios colectivos pudieran avanzar.

Se detectó, además en las dinámicas del Congreso, la inexistencia de un liderazgo hegemónico dentro del colectivo, existen múltiples experiencias de liderazgo, que podría manifestar sin temor a equivocarme que hoy se reflejan en los y las jóvenes, y en una gran parte del colectivo de mujeres, que para decirlo bien, tiene visibles liderazgos, así no todos y muchos sean los ideales para el pueblo afrocolombiano, ello también es del carácter democrático, quien dijo que las únicas democracias son las liberales y en las que hay un gamonal que emite una orden y todo se hace realidad.

En este aspecto se entendió nuestras múltiples diferencias y diversidades, donde se desmitifica totalmente la común expresión racista “todos los negros son iguales”; esto significó que no son iguales, son muy diversos y distintos, aún dentro de similares contextos sociales.

Lo anterior, afirma y sigue convocando a que este escenario debe presentar continuidad y debe optar por demarcar un proyecto organizativo común para la acción política como pueblo, donde se recojan todos y todas las hijas de la diáspora, ante la ausencia constatada de otros escenarios para la participación real.

Después del I Congreso se tiene una radiografía clara de que los afrocolombianos tienen múltiples diferencias, a lo que podrán decir, “eso ya lo sabíamos”. Pues no, se suponía, se presentía, pero no se había tenido un espacio de concurrencia masiva que lo evidenciara desde las bases. Algunos sin constituir mayorías podrán optar por pensar que es un problema, otros, que es una forma más de la diversidad de cualquier expresión social y pueblo arrasado históricamente.

¿Qué sigue después del Congreso?

En el colectivo negro o pueblo afrocolombiano se dispone de un gran y valioso capital humano, lamentablemente se carece de una estructura que dinamice el trabajo de líderes y lideresas capaces de transformar las realidades o empujar al colectivo para la transformación de sus realidades, lo que también podría convertirse en un reto de creación para el colectivo.

En esta perspectiva, es necesario centrarse en la participación real y efectiva de las mujeres y los jóvenes, pues desde sus experiencias y procesos podrán dinamizar colectivos más justos y prósperos que enarbolen las banderas del cambio y la transformación a múltiples realidades adversas y así proponer propuestas de país.

Es necesario abrir los caminos para contar con una población afrodescendiente más y mejor formada política y académicamente, permitir la equidad y participación de las mujeres en las dinámicas del colectivo, es decir, que agencien sus propias voces y procesos reivindicatorios. Ello de seguro se logrará continuando el dialogo bajo el encuentro constante.

Se evidencia que el movimiento organizativo y activismo afrocolombiano continúa afectado por las condiciones estructurales manifiestas en los informes nacionales e internacionales sobre sus condiciones de vida, la exclusión social en materia de educación por ejemplo.

Una problemática que debe resolverse con los instrumentos de educación y mecanismos de formación especial o diferencial que posibiliten nutrir de rigurosidad política y técnica los diversos diálogos y debates internos y externos. Así se permitiría al interior del movimiento un proceso de potenciación del liderazgo con ello iniciar otra fase que continúe sentando las bases para resolver con mayor idoneidad y pertinencia los nudos y divergencias al interior del movimiento.

No obstante, debe afirmarse que existen una base de líderes y lideresas con buenos niveles de formación y con dominio de información que nutren la discusión con excelentes cualidades. Nótese, que muchos de ellos se ubican en la academia pero su militancia y activismo es de menor proporción; es necesario que de estos privilegios del sistema educativo goce una mayor parte de la población activista; en ese sentido se refleja uno de los retos más grandes del colectivo afro.

Dentro de los múltiples retos que cobijan después del Congreso, está el poder construir una cohesión social (en medio de las diferencias) que permita pensarse escenarios más justos y con mejores condiciones equitativas para jalonar mejores condiciones sociales, de participación, representación, poder económico y político. Es una opción, para limitar la intermediación.