Porqué Peñalosa

“Violencia intrafamiliar lo que estamos presenciando entre el Santismo y el Uribismo.”

Es un falso dilema. O violencia intrafamiliar lo que estamos presenciando entre el Santismo y el Uribismo. Han pretendido deliberadamente graduarse mutuamente como enemigos irreconciliables. Y buscan que el país todo se alindere en uno u otro bando. Y peor aún, persiguen desatar las peligrosas aguas del sectarismo y el fanatismo en la actual campaña presidencial. A cambio de enriquecer la deliberación pública, compiten por el calibre de los improperios y las acusaciones.

Y no es porque Francisco y Juan Manuel Santos Calderón sean primos hermanos y estén en los dos bandos que quieren apropiarse de todo el espectro político colombiano, que para muchos este enfrentamiento es visto como fuego amigo. Es porque han hecho política juntos en el pasado reciente. Porque han compartido agendas. Porque en el contenido son caras de una misma moneda. Porque la línea divisoria entre unos y otros es tenue en la mayoría de los casos. Una especia de zona gris. Quizás por ello comparten una franja del electorado. O se disputan las mismas estructuras políticas tradicionales. Porque los Tratados de Libre Comercio que han desencadenado las protestas sociales recientes son obra de Santistas y Uribistas. Lo mismo que la depredadora locomotora minera. Así como la vergonzosa ubicación en el puesto 62 entre 65 países en las prueba PISA es el resultado de la política educativa del Partido de la U de Uribe y Santos. Y las chuzadas. Y los falsos positivos. Y la mermelada, dulce nombre del clientelismo y la politiquería con el que se reeligió Uribe, se eligió Santos y compiten por reelegirse ambos.

Me dirán ciertos amigos que ahora se trata de escoger entre la paz de Santos y la oferta guerrerista de Uribe con rostro de Óscar Iván. Y quizás en principio tengan razón. Pero también hay razones que inhabilitan a Santos para ser el Presidente de La Paz y el postconflicto. Su fanático enfrentamiento con Uribe puede conducir a un ciclo de violencia tan grave como el que pretendemos superar con un arreglo con las guerrillas. Y porque el resto de su agenda está en contravía de la sostenibilidad de la paz. Su gestión agraria, su insensibilidad ambiental y su clientelismo ilimitado son vacas muertas atravesadas en el camino de una reconciliación de verdad.

Por eso Enrique Peñalosa representa una tercería cierta y un proyecto de reconciliación. Tiene una agenda de transición que se compromete con la paz negociada con las guerrillas y con cambios que atacan el corazón de nuestros conflictos y violencias. La educación como instrumento de transformación y la salud como prioridad social. Una reforma urbana para mejorar sustancialmente la vida en las ciudades y un Ministerio del Bienestar Rural constituyen una pertinente apuesta por reducir odiosas desigualdades y discriminaciones. Su agenda verde atiende los desafíos del cambio climático. Y su convocatoria a una revolución contra la politiquería y el clientelismo abre los espacios para que las fuerzas políticas surgidas de los acuerdos compitan en igualdad de condiciones. Peñalosa no cae ni en la polarización de élite, ni en el dilema izquierda/derecha que tantas heridas nos ha abierto.

Una “fuerza tranquila” que desborde las artificiosas, impostadas y violentas contradicciones entre quienes hasta hace poco actuaron como socios y compadres es lo que necesitamos. Y Peñalosa puede serlo. Por eso votaré dignamente este 25 de mayo por la fórmula verde, por la alianza ciudadana de Enrique Peñalosa e Isabel Segovia.

@AntonioSanguino

Tomado de: http://www.kienyke.com/kien-escribe/porque-penalosa/