Cuando la mayoría de los guerrilleros de los frentes Libardo Mora Toro y Ramón Gilberto Barbosa Zambrano del Ejército Popular de Liberación (EPL), que operaban en  Norte de Santander y sur de los departamentos de Santander y Cesar, dejaron las armas el 1 de marzo de 1991, durante el gobierno de César Garviria, en el corregimiento de Campo Giles, municipio de Tibú, Víctor Ramón Navarro Serrano, hoy conocido como “Megateo”, no tenía más quince años, era agricultor y  escribía y leía con dificultad. Tampoco había abandonado su lugar de nacimiento: San Calixto. Un municipio escondido en las montañas de la subregión occidental del departamento, cruzado por la Cordillera Oriental tendiendo un ramal denominado La Serranía de los Motilones, cuyos habitantes continúan viviendo en la pobreza[1].

Para esta época, como muchos jóvenes campesinos de la región, hacía parte de las milicias populares, organización que servía de preparatoria para los futuros guerrilleros, pero que como paso previo cumplían tareas de apoyo logístico y de inteligencia a los guerrilleros del EPL, que operaban en la región. Tiempo después se vincula de tiempo completo y hace parte del contingente que se rechaza el proceso de paz de 1991 y decidió continuar en la lucha armada.

Estos con el apoyo principalmente del ELN, lograron reorganizar dos grupos, uno el Libardo Mora Toro, que desarrollaba sus actividades en el Sur del Cesar y Santander, al mando del cual estaba Hugo Carvajal Mosquera “el nene”, que en poco tiempo se convirtió en un verdadero dolor de cabeza de los hacendados, ganaderos y comerciantes de Bucaramanga. Al igual que “Megateo”, “el nene” había ingresado a las filas del EPL desde muy joven, pero sus acciones contra los empresarios de la región, jerarcas de la iglesia católica, ciudadanos extranjeros y pequeños comerciantes lo convirtieron en un blanco prioritario de la fuerza pública.

En febrero del año 2000 el Ejército encontró su cadáver, junto al de alias “Armando” su segundo al mando, después de un combate que duró varios días en el municipio de Matanza, Santander. Más tarde, según información de las autoridades fueron detenidos varios de sus líderes en la ciudad de Bucaramanga, entre los cuales se encontraba su hermano. Estos hechos al parecer, marcaron lo que fue el inicio del desplome y la rápida desaparición de este frente guerrillero.

El otro grupo tomó posición en territorio norte santandereano, específicamente en los municipios de la provincia de Ocaña y del Catatumbo. Un territorio conocido por ellos, ya que históricamente había sido fértil para la insurgencia. Una región geográficamente aislada del resto del país, con poco peso político y económico y con grandes necesidades sociales, en donde la pobreza y la ausencia de estado es lo más notorio, al lado de una extensa selva y una inmensa cadena montañosa.

Al contrario de lo ocurrido con el frente Libardo Mora Toro en Santander, esta región había visto nacer al grupo insurgente desde finales de los años setenta, lo cual llevaba a pensar que este grupo de guerrilleros podría tener mayores posibilidades no solo de sobrevivir sino de desarrollarse nuevamente a nivel regional.

Y así fue, muy a pesar de los duros golpes que la fuerza pública le propinó al EPL a nivel nacional, con las capturas de “Francisco Caraballo” número uno de esa organización, y su mano derecha  “Eduardo Ramírez”[2], así como la de “Javier Robles”. Hechos que fueron determinantes en el inmediato futuro, ya que se evitó el avance de un proceso de reorganización en varias regiones del país como el eje cafetero y el Urabá.

“Megateo”, ex guerrillero del EPL, es en uno de los principales dolores de cabeza para la Fuerza Pública: controla gran parte del tráfico de cocaína de Colombia hacia Venezuela en el Catatumbo; es el artífice del pacto entre el ELN y las FARC en la zona; y maneja parte del contrabando de gasolina. Su fortaleza, el apoyo que tiene de sectores de la población civil.

A medida que la fuerza pública desarrollaba operaciones de detenciones contra líderes nacionales en la ciudad, a nivel regional desde la ciudad de Bucaramanga se desplegaban desde la Quinta Brigada y la Segunda División del ejército, grandes operaciones militares contra los frentes Ramón Gilberto Barbosa Zambrano y Libardo Mora Toro. Entre capturas y muertes, prácticamente desmantelaron la estructura guerrillera que se habían resistido  a vincularse al proceso del año 91.

Duramente golpeados, sin posibilidades de cumplir el plan de proyectarse nuevamente como una organización de carácter nacional, se replegaron, al parecer con apoyo del ELN, a zonas de retaguardia en los sectores rurales de Hacarí, San Calixto y El Tarra, municipios que los habían visto nacer a finales de la década del setenta.

Quedaron convertidos entonces en una pequeña organización, con pocos hombres, mal armados y con enormes limitaciones, no solo logísticas y militares, sino y principalmente políticas. Se asentaron en una zona extremadamente pobre, agreste y que además contaba con la presencia de las FARC y el ELN, lo cual hacia más difícil su fortalecimiento y posibilidades de desarrollo.

Para este momento, finales de la década del 90 e inicios del 2000, el gobierno empezó a fumigar con glifosato extensas áreas con cultivos de coca en el bajo y medio Catatumbo, que ya estaban bajo control del bloque Catatumbo de las AUC.

Esta región se había convertido en el epicentro de los cultivos ilícitos y para ese momento vivía su tiempo de “esplendor” con más de 20.000 hectáreas sembradas de coca. La brutal incursión paramilitar en la región (con la masacre de La Gabarra) y las fumigaciones lograron lo que no había sido posible hasta ese momento: trasladar los cultivos de coca a la provincia de Ocaña, principalmente a los municipios de Hacarí, San Calixto, Teorama, El Carmen, Convención y El Tarra. Precisamente la región en donde tiempo atrás el grupo sobreviviente del EPL, se había establecido. El grupo contaban con una nueva dirección que estaba conformada en su orden por “David”, “Omar” (herido en un bombardeo y capturado recientemente) y “Megateo”.

Como consecuencia de la presencia en esta región del departamento de los cultivos de hoja de coca, cobró importancia la ruta de salida de droga vía Ocaña-Aguachica- Costa Caribe y se desarrolló la ruta Ocaña-Cúcuta-Venezuela. Esta nueva situación le permitió al EPL, controlar parte de este negocio y acceder de manera rápida a un flujo importante de dinero, así como de logística para la guerra.

“Megateo” era el miembro de la nueva dirección que reunía las mejores condiciones para hacerse cargo de estas actividades pues conocía como ningún otro la región. Ahí comenzó a nacer una nueva figura del conflicto armado colombiano a quien los medios de comunicación le han puesto un aura mítica, alimentada por las fallidas operaciones militares realizadas para dar con él, vivo o muerto. Pero “Megateo” ha sobrevivido a todas gracias a una especie de guardia pretoriana que lo rodea, compuesta por entre 30 y 40 personas muy cercanas afectiva y familiarmente a él, a quienes les paga generosamente y que lo acompañan todo el tiempo.

Las grandes sumas de dinero que maneja, en una región con tanta precariedad económica, así como su experiencia militar, le han dado acceso a las esferas del poder político y económico regional, e incluso a poner de su lado a funcionarios públicos. Muchos en la región lo ven como el nuevo mecenas; como un patrón bonachón: paga las fiestas de madre de varios corregimientos, presta plata sin intereses, dirime litigios de linderos y regala ropa. Esta fama ha llevado a que goce del apreció por parte de los habitantes donde el Libardo Mora Toro se mueve.

A final de 2010, recientemente posesionado el presidente Santos, y como producto de una alianza con el ELN y las FARC, Megateo lanzó una ofensiva militar que dejó 5 policías muertos y una decena de heridos en dos acciones del EPL. Las FARC y el ELN hicieron lo mismo, en total una treintena de militares y policías fueron muertos o heridos en tan solo dos meses. Desde ese momento se convirtió en uno de los objetivos más importantes para la Policía. Tal vez el General Naranjo no solo tiene la frustración de no haber capturado al Loco Barrera, capo de capos en el sur del país; sino la de no haber doblegado a “Megateo”.

Ante los pocos resultados obtenidos hasta ahora, el gobierno ha enfilado de nuevo sus baterías contra este hombre que parece invisible. Infiltraciones en la región, operaciones militares y últimamente bombardeos; capturas de presuntos apoyos del EPLN en el municipio de Ocaña, extinciones de dominio y recompensas. No obstante, hasta ahora parece cierto, lo que se dice en la región: todos lo miran pero nadie lo ve.

 / Por Ariel Ávila Martínez y Wilfredo Cañizares


[1] Este municipio presenta un índice de pobreza de 87.4%. Plan de Desarrollo 2005-2007, página 5.

[2] Detenidos en el municipio de Cajicá en junio de 2004