Foto: secretaría de prensa | Presidencia de la República

No existe un consenso claro sobre la gestión de la seguridad de la administración Santos.  Mientras algunos sectores de oposición, como el Uribismo, han manifestado que se ha deteriorado y descuidado, con la consecuencia de un fortalecimiento de las FARC, el Gobierno habla de una reducción de  diferentes delitos y de la tasa de homicidio, manifestando, además, que no hay un fortalecimiento de esa guerrilla, sino que su actividad armada se explica, en buena medida, por la presión que la fuerza pública ejerce sobre sus diferentes estructuras. El propio presidente Santos ha tomado un eslogan claro para explicar esta posición: “les estamos llegando a las madrigueras…. Están desesperados”.

Sin embargo, más allá de este juego de palabras, la Corporación Nuevo Arco Iris ha realizado un balance de los resultados de la gestión de la seguridad durante la administración Santos.  Si bien la conclusión podría ser la de un resultado agridulce en términos generales, será mucho más productivo ver esta evaluación por zonas geográficas y por factores de violencia para tener una mirada más integral del asunto.

Tanto aquellos que defienden la gestión de la seguridad, como los que la atacan, tienen cifras y ejemplos para argumentar su posición. Por un lado, en el primer semestre de 2012, a nivel nacional, se ha producido una reducción de la tasa de homicidios. En Medellín, por ejemplo, la reducción estaría cerca al 40%; Bogotá presenta una reducción de algo más de 3 puntos; y al finalizar el 2012, Colombia podría tener una tasa de homicidio cercana a 28 por cien mil habitantes, es decir, una de las cifras más bajas en más de dos décadas.

En todo caso, la reducción en la tasa de homicidio no ha significado una mejora en la percepción de seguridad en las zonas donde la tasa se ha reducido; allí, la percepción de inseguridad sigue siendo bastante amplia. Esto permite afirmar que la percepción de seguridad no depende de la tasa de homicidio, de hecho desde finales de la década de los noventas del siglo pasado esta situación es constante.

La reducción del homicidio es una tendencia nacional que se manifestó con importancia desde el segundo semestre de 2011. La siguiente gráfica muestra la tasa de homicidios para las cuatro principales ciudades del país.

Fuente: Instituto Nacional de Medicina Legal.

Nótese en la anterior gráfica como entre 2009 y 2010 se presentó un deterioro de la tasa de homicidio en estas ciudades, la confrontación entre alias ‘Sebastián’ y ‘Valenciano’ en Medellín y en varios municipios del área metropolitana, la guerra por las ollas en Bogotá y la disputa interna de los ‘Rastrojos’ en Cali marcaron dicho aumento.

A la reducción del homicidio se la ha sumado la disminución de denuncias de otra serie de delitos, como el de hurto a personas, a residencias, de automotores y motocicletas; sin embargo, en este caso, la situación es bastante compleja, pues ello no significa, necesariamente, que se reduzca el delito, situación que explica, en parte, que la reducción de la percepción no sea tan fuerte.

No obstante, en términos de seguridad ciudadana se han presentado avances interesantes bajo la administración Santos, que si bien no necesariamente responde a políticas públicas nacionales, sino más bien a dinámicas criminales e iniciativas locales de alcaldes y gobernadores, es una reducción importante en los últimos dos años.

Sin embargo, donde mayor discusión ha existido ha sido en el tema de guerrillas, y particularmente de las FARC. Los acontecimientos recientes en Cauca, algunas zonas de Antioquia y Putumayo, han llevado a decir a algunos analistas y observadores políticos que la seguridad se ha deteriorado y que los grupos subversivos se han fortalecido. Más aún, algunos analistas[1] han manifestado que dicha situación se debe a un relajamiento de la administración Santos frente a la presión con las FARC.  Aunque, al revisar los datos y realizar análisis regionales, las conclusiones no son tan claras.

En primer lugar, efectivamente se comprueba una tendencia al deterioro en la seguridad, ya que, las FARC han venido aumentando de forma sostenida sus acciones armadas, pero es una tendencia que se presenta desde el año 2008, es decir, dos años antes de asumir Juan Manuel Santos como Presidente de la República. La siguiente gráfica muestra el número de acciones militares en las que se han visto envueltas estructuras de las FARC.

Evolución anual de las acciones de las Farc 1997-2011

 

Fuente: Bases de datos del Observatorio del Conflicto Armado, Corporación Nuevo Arco iris.

Para el primer semestre del año 2012 el total de acciones llegaron a 1.206, si se compara con el primer semestre de 2011 hay un aumento similar al de los últimos 4 años, es decir cercano al 8%, ya que en el primer semestre de 2011 el total de acciones fue de 1.115.

Efectivamente, existe una gran responsabilidad del gobierno Santos por no detener la tendencia, pero el deterioro de la seguridad era notable desde 2008, debido a un agotamiento de las estrategias militares, o al menos algunas de ellas, que implementó la Política de Seguridad Democrática. Se sobrevaloró, por ejemplo, el Plan Burbuja; el proceso de desmovilización no generó el impacto esperado; y las guerrillas aprendieron a manejar la ventaja aérea de la Fuerza Pública, entre otras.

En segundo lugar, este deterioro no se ha producido en todo el país, de hecho son cinco las zonas o regiones que presentan este deterioro: Cauca, Norte de Santander, Bajo Cauca Antioqueño, Caquetá y La Guajira. Otras zonas siguen complicadas, pero estables, al compáralas con años anteriores, como Nariño, Sur del Meta y Arauca. En otras zonas como en el centro del país o sur del Tolima la situación ha mejorado en los últimos dos años.

Así, la pregunta en este punto es: ¿si esta tendencia no es nueva y homogénea, que es lo que ha cambiado? La respuesta no es sencilla, pero las diferentes investigaciones destacan tres situaciones interesantes a tener en cuenta:

1. Aunque el aumento de las acciones de las FARC no son nuevas, lo que sí es nuevo es que cada vez más estos ataques son cerca a cabeceras urbanas, centros poblados y vías de comunicación. Obviamente esta situación tiene un mayor impacto social.

2. El conflicto colombiano ha tenido una mutación importante, y una de las señales son las nuevas operacionales de las FARC, como utilizar las Unidades Tácticas de Combate, moviéndose en pequeños grupos, vestidos de civil, utilizando el golpe de mano como estrategia de ataque y con ello evitar impactos de la aviación. Este tipo de mutaciones le han permitido a las FARC atacar nuevamente bases militares, incrementar su accionar sobre la infraestructura energética y petrolera.

De hecho, el destacamento de miles de miembros de la Fuerza Pública a la custodia de la infraestructura energética los hace blanco fácil del accionar de las FARC y el ELN. En Arauca, el 81% del total de la tropa cuida torres de energía, tres vías de comunicación y el oleoducto Caño limón- Cobeñas.

3. Han surgido y masificado una serie de delitos para los que la Fuerza Pública no estaba tan preparada y que se explican en gran parte por mutación del conflicto armado: La micro-extorsión que, en realidad, es la extorsión de menor cuantía; el denominado “secuestro exprés”; y el aumento del narco-menudeo, hace parte de esta realidad. Por ejemplo, en Tumaco cerca del 90% del comercio se encuentra extorsionado, hasta las motocicletas pagan una mensualidad. Este municipio a pesar de ser uno de los más militarizados del país casi todo se encuentra extorsionado. Ciénaga Magdalena, Medellín igualmente han vivido dicha situación.

Vale la pena aclarar que este tipo de delitos no los cometen mayoritariamente los grupos guerrilleros, sino la delincuencia organizada y las llamadas ‘Bacrim’, frentes en lo que la política de seguridad sí que ha fallado.

Son nuevos retos y realidades las que explican la situación actual de violencia que vive el país, más no se puede reducir todo a voluntarismos personales o a la falta de una u otra persona. Cambios profundos necesita la política pública de seguridad.

/ Por Ariel Ávila



[1] Rafael Guarín y los uribistas, por ejemplo.