Durante la presentación de 600 nuevos policías para Bogotá en el mes de mayo del año 2011, el Presidente Juan Manuel Santos anunció que incrementará el pie de fuerza de la Policía Nacional con 20 mil nuevos uniformados antes de finalizar su gobierno en 2014, cumpliendo así su compromiso de campaña presidencial. Con ese incremento, la policía colombiana alcanzará en esa fecha un pie de fuerza del orden de 180.000 uniformados, laborando en una estructura orgánica compuesta por más de 100 unidades de policía, cifra que la ubica como una de las organizaciones más grandes del país y uno de los organismos de policía de mayor tamaño en el mundo.

Según estadísticas recientes numerosos países cuentan con más cantidad de uniformados policiales que el nuestro, como sucede en el caso China (1.600.000), Estados Unidos de América EUA (710.00) Brasil (480.000), México (395.000), entre otros. Sin embargo en la mayoría de los casos este personal se encuentra distribuido entre distintos organismos de diverso nivel: en EUA hay más de 17.000 cuerpos de policía, en Canadá 461, en Inglaterra 43, en India 22 y en Australia 8. Los cuerpos más numerosos y pequeños dependen de niveles locales de gobierno, mientras los de mayor tamaño funcionan a escala provincial, departamental o nacional. En el caso colombiano, la policía está centralizada en una institución de orden nacional por lo cual todos los uniformados pertenecen a la misma estructura orgánica. Por esta razón es una de las organizaciones policiales más grande del mundo.

Cuando se presentan datos comparativos sobre el número de policías por país, usualmente la atención se centra en indicadores como el número de policías por habitantes. La variación de este índice entre países es alta. Algunos países con grandes poblaciones como China (12 policías por 10 mil habitantes), e India (13)  tienen un índice relativamente bajo, quizás debido a que todavía son predominantemente rurales. Otros países con cientos de millones de habitantes y mayor nivel de urbanización como Brasil (28) y México (37), tienen índices cuya magnitud dobla o triplica a los anteriores.  Países urbanizados con conflictos armados en curso o recientemente concluidos como Colombia (35), Israel (33) y Sur África (31), por ejemplo, tienen índices similares a los de países tan estables política y socialmente como Alemania y Austria (30). Finalmente países industrializados con distintos tamaños poblacionales y rasgos étnicos y culturales diversos tienen índices muy similares como ocurre en el caso de Japón (20), Holanda (20), EUA (22), Canadá (20), Indonesia (20), y Chile (19), entre otros.

En relación con este índice, con frecuencia se citan recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas en el sentido que el nivel mínimo del mismo no debe ser inferior a 22 policías por 10 mil habitantes. No obstante las visibles variaciones de este índice entre países sugieren que esta recomendación, a pesar de su valor informativo, no resulta de mayor utilidad para definir la cantidad “ideal” de policías que requiere cada país. Al respecto se señala que los parámetros para establecer los requerimientos de servicio de policía no deben reducirse a consideraciones meramente cuantitativas, como el número de uniformados y la cantidad y calidad de armamento y equipamiento  a su disposición para operar y cumplir su misión institucional. Se remarca también la necesidad de asignar igual o mayor ponderación a aspectos intangibles como la satisfacción de los policiales con sus condiciones laborales y familiares, al igual que  con la calidad del cuerpo doctrinario que rige y direcciona el desarrollo de la Institución.

En decir, la cantidad de policiales es una condición necesaria pero no suficiente para construir y mantener la paz y el orden. Al respecto, no se debe soslayar el fenómeno de la “pluralización de la función de policía” como consecuencia de la progresiva erosión del monopolio sobre esta función que lograron mantener durante buena parte del siglo XX muchos los cuerpos de policía. A medida que la vida moderna se complejiza cada vez se hace más necesario el desempeño de funciones de policía por personal especializado en emergencias, manejo de riesgos específicos y control urbanístico, por mencionar algunos ejemplos, que dependen de otras entidades públicas, o del sector privado o las mismas organizaciones sociales.

Esta es una de las razones por las cuales en todo el mundo la industria de vigilancia y seguridad privada supera en tamaño a las organizaciones policiales, un desarrollo natural en el contexto de las sociedades de mercado donde la expansión de la actividad empresarial es  la “respuesta natural” frente a las deficiencias de los aparatos públicos. En un contexto así, ¿continuará siendo relevante pensar en organizaciones policiales en crecimiento incesante, empeñadas en responder a las demandas cada vez más complejas de la seguridad pública moderna? ¿O será este el momento para que la policía reflexione sobre el núcleo de funciones y actividades en los cuáles debe concentrarse para cumplir cabalmente su mandato dentro de los límites de sus dimensiones actuales?

/ Bernardo Pérez Salazar

* Investigador del Instituto Latinoamericano de Altos Estudios –ILAE–. Asesor en asuntos de seguridad urbana de entidades públicas y organismos internacionales.  Colabora con numerosas universidades y centros de investigación en Colombia y América Latina. Sus principales áreas de interés incluyen temas de desarrollo urbano-regional, y cuestiones relacionadas con la gobernanza urbana.
Es comunicador social de la Universidad del Valle y realizó una maestría en Planificación del Desarrollo Regional en el Instituto de Estudios Sociales en los Países Bajos.