Foto: Gustavo Petro, alcalde de Bogotá. / Archivo Semana

El Plan de Desarrollo de Bogotá se venía discutiendo con relativa calma en el Concejo hasta ayer cuando se vivió una intensa pelea entre opositores y defensores del Plan. El motivo: las declaraciones del secretario de Gobierno Guillermo Asprilla, sobre el proyecto político del alcalde Petro y los intereses particulares  de algunos concejales que se verían afectados. El concejal Javier Palacio, del partido de la U, rechazó las afirmaciones de Asprilla y le solicitó aclarar cuáles son aquellos concejales a los que se refiere. Ahí comenzó la discusión que terminó entre gritos y reclamos, y la sesión se levantó.

Recordemos que desde la campaña Petro se enfrentó a algunos de los concejales que fueron relacionados con el cartel de la contratación. Luego el Alcalde intentó conformar una coalición mayoritaria en el Concejo y se le frustró. Aunque Petro invitó a cogobernar a los partidos políticos que decidieran acompañarlo, también calificó esa posible participación como clientelismo. El resultado fue una coalición independiente conformada por más de 30 concejales. Desde entonces las relaciones no ceden y el distanciamiento y las críticas han sido una constante. Ahora es un imperativo lograr puntos de encuentro entre el alcalde y los concejales de la ciudad para sacar adelante el Plan de Desarrollo.

La pregunta es si el Plan saldrá por acuerdo o por decreto. En los ocho días que lleva la discusión todavía es prematuro afirmar si los concejales lo van a aprobar, pues tienen hasta el 31 de mayo para tomar una decisión y las relaciones han sido difíciles con el gobierno distrital tanto en materia política como técnica y burocrática.

El Plan es la brújula de navegación del alcalde durante su periodo de Gobierno y allí se plantea la asignación del gasto, los programas y proyectos a financiar. El Plan de Petro cuesta 61.1 billones de pesos, el más caro en la historia de la ciudad. En caso de que el Concejo no lo apruebe, la ley faculta al alcalde para adoptarlo por decreto. En 2001 Antanas Mockus tuvo que decretar su plan, ya que su gobierno no contaba con el respaldo del Concejo. Pero tanto Luis Eduardo Garzón como  Samuel Moreno lograron que los cabildantes se los aprobaran.

Según Asprilla, Petro está muy interesado en que el Plan se apruebe por acuerdo.  “Técnicamente no pasa nada si no se aprueba en el cabildo, pero políticamente si es dar un paso atrás” dijo el secretario de Gobierno. Asprilla afirmó que a pesar de las diferencias políticas y las visiones distintas del modelo de ciudad se buscarán consensos siempre y cuando no signifique renunciar al proyecto de gobierno del Alcalde. Dijo que en el campo político no se puede absolutizar y que frente a los reparos al Plan estarán dispuestos al diálogo.

Aquí cabe preguntarse cuál es el ánimo conciliador de la administración distrital y del Concejo de Bogotá. En el discurso plantean el deber ser de las relaciones entre ambos, pero en la práctica persiste la desconfianza, la predisposición y la prepotencia. Al parecer falta humildad y sobre todo voluntad política para comenzar a construir una relación que hay que tejer como filigrana. En este tire y afloje no será posible sacar adelante el Plan de Desarrollo para los bogotanos.

Actualmente el ambiente político en el Concejo de Bogotá está muy tenso y las posiciones son variadas. Que se adopte por decreto o por acuerdo tiene implicaciones distintas. Si va por acuerdo, el Plan tendrá modificaciones sustanciales como producto de la discusión en el cabildo distrital;  y si va por decreto, perdería el apoyo político de los concejales, necesario para la aprobación de los proyectos de acuerdo con los que se financiará. Es decir, que el problema se viene después, en la ejecución del Plan porque necesariamente debe contar con el respaldo del Concejo. Y es ahí donde Petro queda en sus manos si quiere materializar la Bogotá Humana, orientada a cambiar el modelo de ciudad a través de apuestas ambiciosas y costosas como la revitalización del centro ampliado, la recuperación de la estructura ecológica y los espacios del agua, el apoyo a la economía popular, la atención integral a la primera infancia, solo por mencionar algunas. ¿Cuáles son los caminos posibles para ganar el apoyo de los concejales? ¿Qué le tiene que dar Petro a cambio a los concejales? Es un pulso complicado sobre todo cuando las fuerzas están a favor de los concejales y no de Petro.

Por ahora están así las tendencias en el Concejo de Bogotá.

Angélica Lozano del movimiento Progresistas, segunda vicepresidenta de la Comisión Primera Permanente del Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial

Progresistas apoya el Plan de Desarrollo de Petro. No somos la mayoría, pero vamos a votar positivamente, sugiriendo algunas modificaciones. Por decreto el Alcalde lo saca tal cual está y si el Concejo lo adopta va a influir en su contenido. Gana más el Concejo aprobándolo porque le hace cambios con la anuencia del gobierno distrital.  Yo creo que ese es un incentivo real para aprobar el Plan. Lo propio de la corporación es lograr acuerdos. Otro aspecto, es que los concejales ponentes como Jorge Duran Silva, quien fue ponente hace cuatro años y en otras oportunidades, es un veterano con mucho manejo y él es de la política de aprobar el Plan. Dice que no es el Plan del Alcalde sino el Plan de Bogotá y ha rendido ponencia positiva siempre.