Foto: Mesa Amplia Nacional Estudiantil -MANE- 

Los movimientos estudiantiles de finales de los sesentas y comienzos de los setentas en el siglo XX; el movimiento de la Séptima papeleta, que impulsó la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente que terminaría en la creación de la Constitución de 1991; y, en la actualidad, el movimiento estudiantil liderado por la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE), cuyo mayor logro hasta el momento ha sido el de poner freno a la reforma a la Ley 30 propuesta por el gobierno de Juan Manuel Santos, muestran a una juventud sedienta de cambios.

Por lo menos en tres momentos de la historia reciente del país, los estudiantes han empujado a la sociedad hacia el cambio: en los 60 y 70;  en los albores de la Asamblea Constituyente del 91 y ahora. Protagonistas de las tres épocas reflexionan sobre cada momento: Carlos Medina Gallego, Óscar Ortiz y Sergio Fernández.

Presentamos tres entrevistas en las que se reflexiona sobre lo que representan para el país y se confrontan estas tres etapas de las luchas estudiantiles. La primera esa Carlos Medina Gallego, profesor asociado al Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional. La segunda es una conversación con Óscar Ortiz, ex Zar anticorrupción, quien participó activamente en impulsar la Séptima papeleta. Y por último está una entrevista con Sergio Fernández, vocero nacional de la MANE. Cada uno de ellos aporta un punto de vista acerca del papel de la universidad y los estudiantes en diferentes momentos de la historia de Colombia.

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Foto: Carlos M. Gallego. / Giovanni Moreno C.

“La Mane está refundando la democracia”: Carlos Medina Gallego

¿Qué legado dejó el movimiento estudiantil de los años 60 y 70 a las nuevas generaciones?

La década del sesenta es una década de aparición de la juventud, que hasta entonces no existía como actor social y político. Los jóvenes toman parte en las luchas armadas de países de Asia y África, y en América en las luchas anticoloniales y antiimperialistas. También aparecen en procesos de la contracultura, representados a través de la música, el jipismo y momentos clave como Mayo del 68. En el caso de Colombia eso se refleja en el surgimiento del movimiento Nadaísta.

En 1963 se da un proceso fundamental que es la creación de la Federación Universitaria Nacional. Esta es la consolidación de un movimiento social, articulado con intereses políticos que pasa de ser liberal a revolucionario en el sentido de que se plantea una toma del poder político y la necesidad de una transformación en el país. Asume banderas como la autonomía universitaria,  la financiación de la educación pública y su defensa, y la lucha anti-imperialista. Aunque este proceso tendrá una fractura al darse la incorporación de líderes estudiantiles a las organizaciones armadas (MOEB, FAL, ELN, y en menor proporción las FARC). Muchos estudiantes e intelectuales van a querer seguir el camino del radicalismo que tomó Camilo Torres Restrepo.

Esto se vio acompañado de procesos académicos como el surgimiento de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional (1959), que dio paso a la formación humanística del estudiantado. Orlando Fals Borda va a aportar en el desarrollo de un pensamiento crítico y la construcción de nuevas interpretaciones de la realidad.

¿Eran movimientos impulsados por organizaciones de izquierda?

En esa época se construyeron las llamadas Reivindicaciones Centrales, que buscan un proceso de cogobierno en las universidades, la autonomía universitaria y la financiación y defensa de la educación pública; cuatro banderas que han permanecido en el ámbito de las luchas estudiantiles. En 1970 y 1971 se va a evidenciar un liderazgo juvenil muy importante que tiene adherencia a partidos de izquierda, como la Juventud del Partido Comunista (JUCO) y la juventud del Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR), el cual recoge el ideario planteado por Francisco Mosquera.

Es una segunda generación de estudiantes que viene de ver el surgimiento de los movimientos políticos de izquierda, pero también del surgimiento de la izquierda armada. En los setentas hay una transición del movimiento estudiantil que viene de los sesentas, que llevará a una radicalización dogmática desde la izquierda, que va a pretender que todas las luchas apunten a la destrucción del Estado y la creación de uno nuevo.

En la década del 80 los movimientos comienzan un periodo de disminución. Es una época difícil porque se lanza una fuerte ofensiva desde el paramilitarismo contra las universidades. Hay muchas pérdidas de jóvenes, desapariciones y asesinatos de maestros. La represión es muy fuerte. Así continúa hasta los 90, lo que no quiere decir que desaparezca la actividad estudiantil.

¿La MANE tiene alguna identidad con esos movimientos de los años 70?

La MANE tiene un tinte político. Está marcada por una fuerte inclinación política que viene de distintos sectores. Sin embargo, allí se ha logrado un acuerdo que está por encima de los intereses partidarios, que se descarga sobre el Programa Mínimo; lo que no quiere decir que al interior de la MANE, a pesar de ser un movimiento social, no haya organizaciones políticas moviéndose. Al contrario, allí se mueven muchas organizaciones políticas, de las que se espera respeten los acuerdos mayoritarios; que se dispongan a reivindicar, desde las lógicas colectivas y no partidistas, los aspectos centrales de la educación superior; que pongan al frente el interés de la nación más que el del partido; que depongan los protagonismos y los vanguardismos; que se construyan como una comunidad inteligente, movilizándose de manera civilizada; que tomen distancia de las generaciones anteriores, pues algo se ha sacrificado, y es que muchas generaciones de estudiantes (décadas del  70, 80 y 90, e incluso la generación de la primera década del siglo XXI) quedaron atadas a la lucha de los sesentas.

La Séptima papeleta ¿se puede considerar como un movimiento estudiantil muy importante para el país?

Yo creo que la Séptima papeleta es la instrumentalización que hicieron las élites, en un momento crítico del proceso de la guerra sucia, para buscar un cambio en la constitución política para la finalización de un ciclo de guerra. Hay que tener en cuenta que lo que allí prevaleció fue un sector del movimiento estudiantil que, manipulado por los partidos tradicionales, planteó como alternativa la Séptima papeleta.

Este movimiento no nace en las universidades públicas sino en las privadas. La dirigencia de la Séptima papeleta estaba lejos de ser crítica y revolucionaria. Cuestionaba las prácticas y sabía que era lo que estaba necesitando el país en ese momento: Hacer una constitución que se ajustara a las lógicas de la demanda del modelo neoliberal y de la globalización, y estos estudiantes se prestaron para eso.

¿O sea que usted no le atribuye al movimiento de la Séptima papeleta el mismo virtuosísimo de los movimientos estudiantiles?

Yo no veo la Séptima papeleta como el hito de la juventud que fue capaz de convocar a la nación través de una papeleta para transformar la institucionalidad. Fue todo el establecimiento el que se puso al servicio de eso.

Los movimientos de los 60’s y 70’s fueron algo que se estaba transformando en términos de los imaginarios políticos e ideológicos de la época, ylos jóvenes de la MANE son los que crecieron durante la administración de Álvaro Uribe Vélez y ahora se encontraron con un país y una realidad que les disgustaron.

Porque estos jóvenes están refundando la democracia -no refundando el país- a través de las lógicas de la movilización callejera, creando una democracia de la calle, del acuerdo, del consenso, del diálogo amplio. Por eso el valor tan importante de la MANE, que ojalá no la dejen sepultar.