Foto: Indígenas del Cauca en la vía que conduce a Toribio retiran morteros. / Tejido de Comunicación de la ACIN.

Los recientes acontecimientos en el Cauca parecen una narración propia de una verdadera guerra, militares y guerrilleros muertos y heridos, hostigamientos constantes, bombardeos, e incluso un presidente que viaja al lugar de los hechos y no logra estar más de algunas horas en la zona de combate, debido a la inestabilidad de la zona. Y es que los datos sobre la intensidad del conflicto son alarmantes, hasta el 5 de julio del 2012, se contabilizaban 159 acciones armadas en el departamento del Cauca, según las cifras del observatorio del conflicto amado de la corporación Nuevo Arco iris. La distribución municipal de dicha intensidad es la siguiente.

Al observar los datos anteriores, es notorio que la intensidad del conflicto se encuentra en los municipios del norte del departamento, al sur, principalmente Argelia, y en la Costa Pacifica Cauca principalmente con Timbiquí. La intensidad en esta zona del país no es nueva. Desde que Alfonso Cano asumió la dirección de las FARC en 2008 esta zona se convirtió en un verdadero teatro de operaciones militares.

Así, sí partimos del principio de que no es nueva esta situación del Cauca, entonces ¿qué es lo que ha cambiado en 2012? o mejor ¿qué de nuevo hay hoy en el Cauca? Estas preguntas, podrían tener varias respuestas, pero se podrían destacar tres. Por un lado, de confirmarse lo sucedido con el avión súper Tucano, estaríamos ad portas de una nueva situación estratégica de la guerra. Ya que el derribamiento significaría, o bien que las FARC lograron por fin adquirir misiles, o bien que han logrado detectar la forma como la Fuerza Aérea realiza las operaciones de registro y control, y han utilizado los denominados tatucos para contrarrestar la Fuerza Aérea, esto último a su vez significaría que estos explosivos artesanales han sufrido un proceso de sofisticación.

En el Salvador, por ejemplo, cuando la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la liberación nacional de El Salvador lanzó la ofensiva, lo que obligó al gobierno salvadoreño a negociar fue el derribamiento de un avión. Esta guerrilla recibió de los sandinistas 15 misiles anti-aéreos, y uno de ellos significa el vuelco general de la confrontación armada.

La Fuerza Pública colombiana, ha logrado mantener dos gran ventajas en la confrontación militar; la aviación y la inteligencia; de tal forma que si las FARC logran contrarrestar, así sea parcialmente estas asimetrías, el escenario cambiaría radicalmente: el país entraría en una nueva escalada del conflicto.

La segunda novedad que se ha presentado en el Cauca, es que si bien, no hay un aumento significativo de las acciones, si se puede decir, que cada vez más las acciones de las FARC se hacen cerca a cabeceras municipales, centros poblados de corregimientos y vías de comunicación. Lo cual obviamente causa un gran impacto mediático. Dicha situación se hace con las denominadas Unidades Tácticas de Combate, es decir entre 5 y 8 guerrilleros muchos de ellos vestidos de civil, con armadas cortas y bien entrenados en el manejo de explosivos.

El tercer cambio que se ha presentado en el Cauca, es la reactivación del movimiento social y principalmente el movimiento indígena. Luego de cerca de dos años de repliegue de este movimiento, producto de la persecución que se realizó contra las comunidades indígenas en el último tramo de la segunda administración Uribe, nuevamente el movimiento social ha tomado la iniciativa promoviendo escenarios de agendas regionales de paz y acuerdos humanitarios en torno a la guerra.

Algunos líderes indígenas han manifestado que en sus territoritos no desean la presencia de grupos armados ilegales y de la Fuerzas Pública. Para ello han propuestos entre otras cosas dos iniciativas: diálogos directos con los actores en conflicto, es decir, llegar a unos acuerdos mínimos sobre la humanización de la guerra con las FARC y la Fuerza Pública; y por el otro lado, la salida de los actores en conflicto de su territorio.

Dichas propuestas no han sido bien recibidas por el gobierno nacional, quien no está dispuesto a sacar la tropa de ninguna zona del país, y sobre todo, a delegar en intermediarios o comunidades  posibles acuerdos  sobre la humanización de la guerra. De hecho aunque existe una ley sobre los Concejos Municipales de Paz, esta nunca se ha aplicado, debido al recelo con el que el gobierno maneja el tema de diálogos y acercamientos de paz. Lo cierto es que la situación humanitaria en el Cauca ya no aguanta más y las comunidades indígenas y campesinas se encuentran no solo sitiadas por la guerra, sino cansadas de la misma.

Llama la atención como a pesar de que el Cauca ha vivido más de 40 años de confrontación armada intensa, es la zona del país con la mejor organización social, es decir un  movimiento fuerte, organizado y con capacidad de movilización. Todo ello amenazado.

/ Por Ariel Ávila