A finales del mes de enero la Silla Vacía publicó el perfil de ocho mujeres profesionales con reconocidas capacidades y trayectoria en temas de paz, defensa y derechos humanos.  Señala el artículo que estas mujeres, de la oficina del Alto Comisionado de Paz, trabajan intensamente para que los negociadores tengan la información y las propuestas en la mesa, y  que son la “espina dorsal de la paz”.

Resalto positivamente este reconocimiento que hace Juanita León  y lo retomo para afirmar  lo que en sectores del feminismo hemos venido expresando que Colombia tiene mujeres capaces para participar como negociadoras principales, tal como lo recomienda la Resolución 1325 del Secretario General de las Naciones Unidas.  Entre las mujeres mencionadas se encuentran Elena Ambroci  y Lucia Jaramillo, conocidas como suplentes en el equipo de negociadores por parte del gobierno.  A ellas queremos recomendarles que consideren los a portes de las feministas en temas de género.

En  los puntos de discusión de la mesa, debe incluirse un enfoque de género el cual permitiría hacer visible las afectaciones diferenciales del conflicto armado en las mujeres. Ya esta ausencia se nota en el primer punto de la agenda  por lo menos en las propuestas  de los delegados de las Farc.  Por lo tanto, en el acuerdo general de la negociación debe quedar explicito los efectos desproporcionados del conflicto en la vida de las mujeres.

La visión de género va a permitir  que se ponga en evidencia la responsabilidad de los actores en las graves violaciones a los derechos de las mujeres como lo es la violencia sexual: la violación, la esterilización forzada y el aborto forzado, pero también el desplazamiento forzado, entre otros crímenes. De acuerdo con el análisis de cifras sobre violencia sexual hecho por organizaciones de mujeres, se encuentra que la Policía cuenta con el 38,8% de las denuncias, las Fuerzas Militares con el 19,2% y  las FARC con el 7,3%.  La violencia sexual es considerada una violación de los derechos de las mujeres, un crimen internacional y un asunto de seguridad y paz.

Una mirada de género en este escenario se requiere para hacer una lectura de las recomendaciones consignadas en las Resoluciones 1325 y 1820 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y del Secretario General y tomarlas en cuenta, en lo que  hace referencia a la justicia para las mujeres víctimas de violencia sexual, del desplazamiento y de otras violencias de género; a la protección y al reconocimiento del papel de las mujeres en la toma de  decisiones en escenarios de la paz.

Respecto al papel de las mujeres en la participación en procesos de negociación existen experiencias positivas; el reciente proceso de Filipinas con el MILF ( Frente Moro de Liberación Islámica) de cinco negociadores principales, dos son mujeres, la Comisionada de Paz es una mujer; hay cuatro mujeres en los comités temáticos y un hombre.  Su presencia ha sido clave en los avances y se ha asegurado el cumplimiento de la Resolución 1325 de del Consejo de Seguridad que en Filipinas como en Colombia, constituyen obligaciones de los Estados con las mujeres.

Las feministas estamos dispuestas a compartir un diálogo constructivo con las mujeres del gobierno, ojala también  con las mujeres de las Farc,  intercambiar aportes  y propuestas que rescaten toda la verdad, la mayor justicia posible, la reparación y las garantías de no repetición de los hechos y crímenes cometidos en el marco del conflicto armado en el marco de este proceso de negociación.  Estamos seguras  que será beneficioso para las mujeres colombianas, especialmente  para las víctimas del conflicto armado.

* Integrante de la Red Nacional de Mujeres