“Nunca hemos tenido una oportunidad tan brillante y cercana a para firmar un acuerdo de paz con la FARC como hasta ahora, lástima que la prostitución política la convierta en un dilema”

En la vieja Montería de los años cincuenta el busto de Laureano Gómez , se pavoneaba incólume en medio de las casas conservadoras simbolizando el poder del conservatismo, recuperado en 1962 cuando el Presidente conservador Guillermo León Valencia nombro al joven abogado Miguel Escobar Méndez como Alcalde de Montería, 16 años después de la hegemonía liberal frente a la Alcaldía de Montería. Córdoba aún no existía como Departamento, por lo que Montería pertenecía al Departamento de Bolívar pero el poder político seguía siendo de los liberales y los conservadores como partidos hegemónicos; ya que la tercería estaba en manos del Partido Comunista que no representaba ningún peligro para los dos poderes tradicionales.

En la década del 60 los López, los Cabrales, los García, los Burgos, los Escobares, los Barguiles, los Jattin y los Méndez entre otras familias de tradición liberal y conservadora, al igual que hoy eran los que disfrutaban inmisericordemente las mieles del poder político; si el Presidente era Liberal lo normal era que nombrara Alcalde y Gobernador de su partido, igual sucedía con los conservadores, eso sí ambos con la bendición también hegemónica de la iglesia católica.
La llegada del voto popular para equiparar la elección de ejecutivos departamentales, distritales y municipales no cambio en absoluto el mapa político, haciendo que liberales y conservadores sigan disfrutando de la gobernación de Córdoba los primeros y de la alcaldía de Montería los segundos casi de manera ininterrumpida desde 1983, como si el Frente Nacional se hubieses detenido en Córdoba; y los acuerdo por debajo de la mesa siguen funcionando como en la década de los cincuenta, sesenta y setenta legitimando la prostitución política como un acto viril de fidelidad y corrupción.

No se puede olvidar que el aumento de caciques y nuevos gamonales regionales y nacionales produjo un cismo político en los partidos, principalmente en el Liberal, produciendo un parto de nuevos partidos hijos de su tronco madre el liberalismo tales como; el Partido de la U, Cambio Radical, Alas Equipo Colombia entre otros a los que se sumaron algunos conservadores disidentes; paradójicamente sucedió algo similar con la izquierda de nuestro país, donde el Partido Comunista inicio en 1927 su participación política y le toco ver en el hilo de la historia como otras fuerzas de izquierda se volvían hegemónicas sin sumarse al partido; La Unión Patriótica que fue exterminada a Sangre y Fuego por el paramilitarismo con la anuencia de los partidos que jamás se pusieron en pie de lucha por la defensa de la vida de este puñado de colombianos que se atrevieron a pensar diferente, pero que además habían sacado varias curules a nivel nacional, es un horror que nos acompañará por siempre, del cual las fuerzas de seguridad del Estado ejército y policía fueron corresponsables por su contubernio con el paramilitarismo en varias zonas del país.

En la década de los noventa, las desmovilizaciones del M-19, el EPL Ejercito Popular de Liberación, el PRT Partido Revolucionario de los Trabajadores, el Movimiento Indígena Armado Quintín Lame y la CRS Corriente de Renovación Socialista, imprimieron un segundo aire a la izquierda del país, no solo con su dejación de armas, sino con el impulso a la Asamblea Nacional Constituyente y la creación de la nueva Constitución Política de 1991, pero al igual que la derecha y el centro, la izquierda se empeña en seguir dividida sin lograr ser una opción real de cambio.La Unión Democrática, el Polo Alternativo, el Polo Alternativo Democrático, el MOIR, el Partido Comunista, el Partido Verde como un proceso mixto que reúne excombatientes, izquierda y demócratas, siguen acompañando el pseudojuego de la democracia electoral, dormidos en el millón y tantos votos del ex magistrado Gaviria, del Alcalde Petro, y ahora los dos millones de Clara López en sus aspiraciones presidenciales.

Fue en ese contexto de prostitución política, que mi generación llego al mundo entre los cincuenta y los sesenta, los ricos mandando y los pobres obedeciendo; la mochila llena de plata para comprar votos de ayer, solo cambio de presentación bien por un maletín ejecutivo, un morral marca Totto o un paquete envuelto en película transparente, eso si con grandes diferencias en su procedencia, ya que antaño el dinero procedía de las arcas públicas y del bolsillo de los aspirantes, y hoy procede de aquellos pero también de dineros calientes del narcotráfico y otras fuentes oscuras de financiación y de la mal llamada mermelada..

La papeleta y la tinta eran el distintivo electoral de la época, la misma en la que los muertos votaban desde el más allá en el más acá en las urnas electorales, y su voto era tan válido como el del mejor de los mortales, práctica que fue sustituida por el voto del fusil que obliga a propios y extraños a votar so pena de ser fusilado si no se hace. Aún recuerdo esas papeletas rectangulares de papel periódico que le entregaban a los campesinos que llegaban a casa de mi abuela, con los nombres dentro de por quién votar, regresaban sudorosos blandiendo el dedo untado en tinta roja o a veces azul, como prueba fehaciente de su compromiso electoral, “le metí el dedo a fulano” decían jocosamente, a cambio recibían un pastel, una botella de ron blanco y hasta un “amansa loco” y por supuesto la palmadita en la espalda, las felicitaciones y el abrazo del líder que los guiaba y convocaba hasta el próximo debate electoral.

Aparentemente la violencia “chulavita”, había cesado cuando llegamos a este mundo, el acuerdo del Frente Nacional que remplazo al General Ospina – quien a su vez remplazo a Laureano Gómez y a Urdaneta –, parecía que le había puesto fin a esas diferencias dando paso a la socialización del poder, cuatro años para cada partido y el resto del país que se someta a la dictadura bipartidista que es lo que le conviene. El Partido Comunista siguió siendo oposición junto al resto de la izquierda como hasta ahora sin poder pasar más allá de uno que otro representante al Congreso de la República, pero realmente sin incidir en la política pública del país, llevada al traste por los politiqueros que no se cansan de saquear el erario público como parte de la herencia satánica que nos dejaron los españoles, que aún no se cansan del saqueo impío a que nos tienen sometidos, hoy sin arcabuces ni escafandras, pero sí con sus bancos y multinacionales.

Este breve cuadro del contexto político cordobés, es el mismo que se repite en cada región en cada departamento, en cada ciudad y en cada municipio; el gamonalismo llego con la conquista para quedarse por siempre, si uno revisa el árbol político nacional, regional y local descubre que son los mismos liberales, los mismos conservadores que por generaciones se trasmiten el poder desde 1810 hasta el 2014. Colombia ha tenido solo presidentes conservadores y liberales incluyendo los militares presidentes por lo que son ellos los directo responsables de todos los males que nos agobian desde la guerra de independencia hasta nuestros días.

El centralismo como política de gobierno, el bipartidismo como alternativa permanente de gobernanza y gobernabilidad, los hijos y familiares de corruptos aspirando el poder político, el conflicto armado absurdo, las causas estructurales como educación, trabajo, salud, acceso a la justicia, la corrupción administrativa y otras casi intactas, casi inamovibles, siguen siendo nuestros males de ayer y hoy, llevándonos de paso al infierno sostenido de esta desgracia; la misma que nos abruma y convoca hoy a la encrucijada del 15 de junio que no pudo ser definida el 25 de mayo del mismo 2014 esa que nos coloca per sé en la senda corrupta de la prostitución política o el voto de salvamento que nada decide.
Por eso votar o votar se convierte en un acto prostitución política, que nos coloca en la encrucijada de elegir el continuismo como alternativa coyuntural si queremos cumplir con el derecho constitucional de elegir o abstenernos; ya que el voto en blanco no pasa de ser una entelequia de la seudodemocracia que nos agobia con su modelo neoliberal, con sus TLC – Tratados de Libre Comercio – que nos empujan cada vez más al abismo de la miseria absoluta y la pérdida de calidad de vida, el mismo que le sigue sirviendo a ese 20% privilegiado de la población que lo tiene todo frente a ese 80% que lucha por sobrevivir del cual un 30% aproximadamente no tiene nada y vive en miseria absoluta.

La encrucijada Santos – Zuluaga, sigue siendo la encrucijada liberal conservadora de la mano de la prostitución política, una cosa que ahora llaman mermelada política, no es más que la vieja mochila llena de dinero y corrupción; lo que por supuesto ofende al tradicional dulce de untar sobre panes y galletas, que para el caso, son los votantes que dejan que su mano se unte del dinero corrupto del erario público, el narcotráfico, el cual muchas veces esta untado de sangre y muertes ajenas, no solo porque asesinen, masacren o desaparezcan sino porque son dineros públicos que al no llegar su destino y uso real dejan en vilo los recursos para hospitales y otras instituciones.
Consideraciones electorales.
El voto comprado y vendido es una política de antaño que impusieron por su puesto los candidatos, los partidos y los funcionarios públicos corruptos como costumbre y cultura que no puede ser cambiada, ni por decretos ni por normas, sino por un proceso de deconstrucción cultural a la par de un nuevo paradigma; que a mi juicio debe pasar necesariamente por el VOTO OBLIGATORIO para todas y todos los colombianos aptos para votar, como sucede en muchos países con mayor desarrollo en su democracia. No es justo que el venerable Congreso de la Republica y el Ejecutivo Nacional se sigan eligiendo con el 30%, el 40% o hasta el 55% del total de la votación posible en la mayoría de ocasiones, tal como viene sucediendo con las Juntas Directivas de las JAC – Juntas de Acción Comunal, los Concejales, Diputados, Alcaldes, Gobernadores y Ediles del país, el voto se debe masificar, por lo que toca luchar para que se dé.

De lograrse una norma vinculante de carácter obligatorio, con seguridad el Voto en Blanco cobraría mayor fuerza político jurídica, dado que los abstencionistas que siempre están por encima del 50%, pasarían a votar con decisión, con la certeza y seguridad que su voto tendría validez legal. Además es posible que el voto obligatorio disminuya la compra y venta de votos, los auxilios parlamentarios llamados ahora higiénicamente “cupos indicativos” o “mermelada”. Ya que siempre acusamos al politiquero que compra, pero nunca reflexionamos sobre el papel que jugamos las y los ciudadanos que lo hacemos por prebendas o dinero y no por un programa, por lo que bienvenido el debate sobre el Voto Obligado…
El 15 de junio

Sin lugar a dudas, el 15 de junio representa un rompimiento con hilo de la historia de nuestro país, porque si bien es más de lo mismo, siguen siendo liberales y conservadores los que accederán al poder, con sus virtudes y DEFECTOS; es la primera vez en su historia, que un Presidente, así sea de dientes para fuera, coloca como punta de lanza de agenda el iceberg de la paz como la consigna fundamental de su campaña, lo cual no significa que la compra de voto no se hará de parte y parte, tanto del Centro Democrático como de la coalición liberal conservadora, Vargallerista, a la que se suman conservadores de Martha Lucia Ramírez, como verdes Peñalosistas y amarillos polistas entre otras fuerzas sumadas a ambas campañas, donde por conexidad de ideas la izquierda en su paradoja se une en torno a un candidato de derecha.

Lo cual plantea una polarización política para el país que se define el 15 de junio, debate que deja el voto en blanco sin opción, ya que si bien es viable y estará en el tarjetón, aunque “ganara” no tendría ninguna validez legal; por lo que la posturas respetables, tanto del Senador Robledo con sus 100 mil votos por el Polo Democrático Alternativo, como la del Concejal Antonio Sanguino y sus seguidores con sus 18 mil votos por el consejo de Bogotá de votar en blanco, no pasan de ser entelequias políticas que nada cambian ni nada definen, sino que por el contrario confunden a sus electorales que tanto los han escuchado hablando de paz y condenando el conflicto armado, sin ser capaces de apoyar la coyuntura que demanda el voto obligado por Santos, no como alternativa de democracia sino como alternativa de acallar más de 20 mil fusiles que aun suenan y depredan a la par de las fuerzas militares, por los rincones y vericuetos del país sembrando de muerte y desolación nuestros campos y nuestra naturaleza.

Votar el 15 de junio para algunos de nosotros/as, por supuesto que constituye sin lugar a dudas un acto vil de prostitución política, con la sola diferencia que no se hace por placer, mermelada ni dinero, sino por la dicha sublime de firmar unos acuerdos que se requieren con urgencia para replantear el país, ya que las ventajas comparativas así lo demuestran.

Si Santos gana, lo hace con los votos de quienes apoyamos la paz, lo que nos convierte automáticamente en coparticipes del triunfo, con derecho a voz y voto sobre los diálogos de la Habana, por un cese al fuego bilateral que comience el 7 de agosto con el acto de posesión. Cuántas vidas se lograrían salvar, cuantas viudas que no lo serían, cuantos huérfanos que no perderían sus padres, cuántos soldados y cuantos guerrilleros hijos de la patria lograrían emprender nuevos caminos y nuevos proyectos de vida, cuántos puntos del PIB se liberarían para el progreso y el desarrollo, cuantas posibilidades de sana convivencia aflorarían, cuanta corrupción disminuiría, cuantas aves, peces y árboles de nuestra fauna y flora se salvarían; pero sobre todo cuantas posibilidades para un nuevo país, una nueva cosmovisión y una nueva democracia se nos abrirían.

La mesa está servida bienvenidos y bienvenidas los convocados a este festín de paz que promete sin lugar a dudas un remesón real al árbol de la ignominia el mismo que hace más de 200 años viene dando frutos de miseria y corrupción, de sangre y muerte, de penas y tristezas, de señalamientos y discriminaciones, de víctimas y victimarios, de huérfanos y viudas, de corrupción y depravación llenos de Prostitución Política de noches sin fin que no dejan ver el sol de la esperanza brillando en el horizonte como señal de un nuevo país.

Luis Enrique Sánchez Puche
Sociólogo
Conciliador en Equidad
Socio Corporación Nuevo Arco Iris