“Negociar sin cese al fuego ni cese de hostilidades, es pintar de sangre la paz”

(parte II)

El cese unilateral

El vehículo militar redujo su velocidad, frenando de una forma pulcra, al frente de la humilde vivienda; un uniformado de rango, miembro del Ejercito Nacional, descendió con parsimonia acercándose a la vieja vivienda. Fue recibido con escepticismo por doña Eudosia Palacios y demás familiares presentes, intrigados por el motivo de la visita, -aunque todos temían lo peor-  luego de los saludos protocolarios el militar dijo, “El soldado profesional Mosquera Palacios Julio Cesar, fue asesinado vilmente por los facinerosos de la Farc en una cruel emboscada  donde cayo cumpliendo con su deber, su hijo murió como un héroe  al servicio  de la patria. Para  usted y su familia nuestras sinceras condolencias a nombre del Ejercito Nacional, las Fuerzas Armadas y el Gobierno Nacional, en cabeza del Presidente Santos”.

Setenta y dos horas después a eso de las 9 de la noche el timbre de la puerta de la humilde vivienda sonó incesantemente, Doña Eudosia volvió a abrir la puerta para toparse con  la cara  adusta de un hombre común, al que invitó a seguir, este hombre, de igual forma que el militar de rango, sentenció con voz grave; “El camarada  Antonio Mosquera Palacio, conocido como El compañero Toñito, cayó defendiendo la revolución y la gloriosa lucha  de nuestro pueblo por la liberación nacional, en un ataque aleve de la fuerza aérea que bombardeó el campamento mientras los camaradas dormían. Las Farc EP, presenta a usted y su familia sus más sinceras condolencias,  no sin antes decirle, que el compañero “Toñito” fue un héroe de nuestro pueblo que murió defendiendo los principios de la libertad y la democracia en contra de la oligarquía asesina colombiana”.

Cumplida su misión, el comandante “Farucho” se despidió dejando un silencio hondo y abismal en el seno de la familia Mosquera Palacio, donde Doña Eudosia ejercía desde siempre como cabeza de familia. El llanto inconsolable de la mujer no alcanzaba para lavar la pena de la perdida inconmensurable de sus dos hijos varones, que decidieron defender sus ideales en bandos opuestos.

Este cuadro se repite a diario en diferentes hogares colombianos, militantes de uno y otro bando caen como mangos maduros, todos ellos humildes, hijos de la patria, de vez en cuando se cae un coco o un mango verde, pariente de un ilustre hijo de la patria, General, Coronel, político u oligarca. Puesto que ellos se cuidan para no dejar sus vástagos como carne de cañón, ese es un trabajo que solo a los del pueblo le corresponde, por eso es que a los señores de la guerra les importa poco si termina o no el conflicto armado, no es su sangre la que corre, ni su estirpe la que se extingue, ellos no son ni Mosquera, ni Palacio. Unos caen víctimas de una mina antipersonal que los deja sin sus miembros inferiores, otros lo perdieron todo en un retén ilegal, algunos que, el cumplimiento del deber y la revolución les arrancó la vida a temprana edad, otros terminan como falsos positivos y así sucesivamente. En este instante que usted lee este artículo, nuevos hijos de la patria perdieron su vida, o peor que la muerte, quedaron inválidos para lo que les resta de vida, con seguridad a ningún hijo ilustre le pasó algo.

Sí, se rompió la tregua, y,  en solo 30 largos días, 76 acciones de la Farc aumentaron en un 68 % su operatividad en comparación con el mismo periodo en el año 2014, según cifras del observatorio del conflicto armado y RCN radio de junio 23 de 2014; cuadro que además se vuelve apocalíptico en manos de los medios irresponsables que sacian con sangre ajena sus deseos homicidas de comunicación febril, alertando los sentidos de la guerra en la franja de opinión contra la paz y la guerra, o contra la guerra y la paz, como en la vieja novela de Tolstoi.

La pregunta entonces sería, ¿Vale la pena menospreciar el cese unilateral de los faruchos, vale la pena seguir negociando sin cese al fuego ni de hostilidades, es justo y consecuente que cada día nuevos hijos de la patria boba entreguen su vida por un conflicto vetusto que solo beneficia a los señores de la guerra; militares de alto rango, generales, coroneles, Estado mayor, comando central, comandantes de frente, comandantes de columnas, narcotraficantes, parapolíticos, furibistas, y también gente del pueblo que por diferentes razones considera que la aniquilación total de las guerrillas seria el fin del conflicto?.

En la pasada entrega el oráculo predijo el cambio de marcador, lo que se le olvidó fue predecir que el nuevo inventario, no sería solo de seres humanos, sino que vendría acompañado de infraestructuras destruidas, el deterioro ambiental, la voladura de torres, los golpes al tubo petrolero, la afectación de la sociedad civil, la perdida de energía, las pérdidas económicas, la contaminación de las aguas, la disminución de la libre movilidad por carreteras y zonas del país gracias a los retenes ilegales.

Como si con la locomotora minera el país no tuviera suficiente para contaminar los ríos, aumentar la minería ilegal, lo que sumado a las miles de hectáreas de cultivo ilícito, el mono cultivo, la ganadería intensiva, tienen en jaque nuestra biodiversidad, nuestros recursos hídricos, nuestras selvas, los parques naturales y el futuro agropecuario y alimenticio del país, con el paso del tiempo quedaremos en manos del cartel de la semillas transgénicas, las multinacionales mineras, agropecuarias y por supuesto a merced de los TLC.

Parece ser que la mayoría de colombianos y colombianas no tenemos claro lo que significa el fin del conflicto armado, ni por qué es necesario un cese bilateral de alto al fuego YA, ni qué pasará con nuestras selvas cuando los armados ilegales no estén presentes, ni quiénes seguirán poniendo los muertos, ni cuántas vidas humanas, fauna y flora estaremos salvando. Peor aun, parece que nadie se diera cuenta de que las causas estructurales que originaron el conflicto armado en el país, no solo están casi intactas, si no que algunas se deterioran más.

La tenencia de la tierra en pocas manos, la educación, la vivienda digna, la justicia y su impunidad, la corrupción administrativa, la violación de derechos fundamentales, las elecciones amañadas, el despilfarro del erario público, la politiquería, la para politiquería, la izquierdearía, la banca nacional ladrona, la banca multilateral más ladrona, el fondo monetario internacional con sus préstamos exorbitantes, los TLC desiguales, la incidencia de los Estados Unidos en nuestras vidas, los contratos leoninos que depredan nuestras riquezas naturales, las concesiones absurdas, la violación de los territorios ancestrales, todas las causas de atraso, el subdesarrollo y el desarrollo desigual, siguen intactas; los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres, tanto así que hoy, a diferencia de mitad del pasado siglo, tenemos compatriotas viviendo en la miseria.

Doña Eudosia, Se secó el llanto que no quería, suspiro profundamente, lamentando el haber parido hijos para la guerra, consciente que sus vidas se perdieron sin fruto alguno. Ser parte de la guerrilla, los paramilitares o las fuerzas armadas, si bien es una oportunidad de trabajo e ingresos económicos para la mayoría de jóvenes, son sus gobernantes los que crearon un camino incierto y sin futuro para las nuevas y futuras generaciones, empujándolos por el camino incierto de la ilegalidad y de la guerra.

Paradójicamente la ruta de la  guerra posibilita a nuestros jóvenes el ingreso a las fuerzas armadas; ejército, policía, infantería de marina, fuerza aérea o fuerza naval, al igual que a la guerrilla o los paramilitares, es un camino que muchos jóvenes no escogen por  vocación, sino para generar ingresos, dado el alto desempleo y la falta de cobertura para educación superior que solo cubre el 30% de nuestros bachilleres que, como se dijo en la entrega pasada, están alrededor de los 400 mil por año según cifras del ministerio de educación.

Lo único bueno de esta historia es que: El carro militar con su oficial de alto rango y el guerrillero con la cara adusta no volverán jamás a la humilde vivienda de Doña Eudosia y su familia; dejándola sola con su duelo y su dolor, como a tantas madres diariamente en nuestro país.

El fin del conflicto armado con las guerrillas de la Farc y el ELN, debe  pasar necesariamente por un alto al fuego y un cese bilateral de hostilidades ya, muchas vidas se ahorrarían y miles de madres no tendrían que derramar el llanto que no quisieran. La sociedad civil debe iniciar su proceso de paz territorial, de justicia transicional local, de acuerdos de convivencia como parte de la agenda que hoy reclamamos, los que de una u otra forma ponemos los muertos, las víctimas.

(Doña Eudosia y su familia, son personajes del autor para una mejor analogía de este artículo. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia).

Ver “Negociar sin cese al fuego ni cese de hostilidades, es pintar de sangre la paz” parte I 

Luis E. Sánchez Puche

Sociólogo – CNAI