Foto tomada del Instituto Popular de Capacitación/ Jesús María Valle

Foto tomada del Instituto Popular de Capacitación/ Jesús María Valle

JESÚS MARÍA VALLE, ALVARO URIBE VÉLEZ, ITUANGO – ANTIOQUIA

Mientras el Estado reconoce y asume la responsabilidad institucional por el asesinato del abogado y defensor de los derechos humanos Jesús María Valle Jaramillo el ex-gobernador, ex-presidente y senador Álvaro Uribe Vélez se empeña en torpedear el proceso de paz con falacias que pretender confundir a la opinión pública sobre la falta de justicia y la impunidad de los actos cometidos en medio de la guerra; tema sobre el cual aún discuten el gobierno y la guerrilla con base en el principio común acordado de que los derechos de las víctimas no son negociables.

Uribe se ha empeñado a toda costa de tratar de convencer al país y al mundo entero de que la terminación del conflicto armado interno en Colombia, que avanza con seguridad y renovadas esperanzas para el pueblo colombiano, es “una concesión sin condiciones del Estado a las exigencias del terrorismo” (Ver El duro editorial de ‘The Economist’ contra Uribe)  y sus más incondicionales áulicos creen y repiten como una letanía, en el congreso, en los medios, en las redes sociales, convencidos de que con ello logran desviar y distraer la atención de la justicia y ocultar todas los cuestionamientos que pesan sobre si, por sus estrechos vínculos con las mafias criminales y grupos paramilitares , incluida las responsabilidad de Uribe – Gobernador en la masacre de El Aro y el propio asesinato del defensor de derechos humanos que había asumido la investigación y denuncia de los hechos, y la defensa de los derechos de los familiares de las víctimas de las masacres ocurridas en su pueblo natal Ituango – Antioquia (Ver Jesús María Valle, en la conciencia de Álvaro Uribe)

Campesinos y habitantes de Ituango, funcionarios de la Gobernación y periodistas afirman con absoluta certeza que el día y hora de la masacre, el helicóptero de la gobernación sobrevoló la zona (Ver Tribunal compulsó copias para investigar al senador Álvaro Uribe Vélez), como si el mismísimo Uribe hubiera decidido verificar por sus propios medios el cumplimiento de la orden de “recoger ese ganado” (Ver Condena al Estado colombiano por masacres de Ituango), lo que genera escalofrío de sólo imaginar que los temores y denuncias de Jesús María Valle eran ciertos y fueron uno de los motivos por los cuales fue asesinado: el gobierno departamental, las fuerzas militares y de policía se habían aliado con los paramilitares para cometer semejantes barbaries.

Foto tomada del portal, Memoria y Dignidad

Foto tomada del portal, Memoria y Dignidad

El Estado colombiano acata y cumple la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que lo señala como responsable por acción y omisión de los hechos ocurridos en octubre de 1997, mientras Uribe gobernaba promoviendo las “convivir” como la mejor estrategia de “seguridad, convivencia y neutralidad activa” de los “ciudadanos de bien” frente a la violencia guerrillera, asesorado por insignes egresados y profesores de la Universidad de Harvard que promovían la “pedagogía de la tolerancia” (que no es un chiste).

Su actitud desafiante y cínica ofende el dolor de las víctimas, ofende la esperanza de un pueblo que sufre y aguanta valientemente la violencia desalmada de este país, ofende la inteligencia de pacifistas, demócratas y humildes seres humanos que caminan por la vida aferrados sólo a principios como la verdad, la dignidad de las personas, el respeto, la solidaridad y el bien común; ofende la inteligencia con la que buscamos sanar las heridas y aliviar el dolor de esta nación envilecida por la corrupción y la infamia más que por la violencia misma.

El Estado trata, a veces sin éxito, de recuperar la legitimidad y la autoridad, por medio de pequeñas muestras de arrepentimiento, responsabilidad, reparación y compromisos de no repetición (Ver Unidad acompañó acto conmemorativo del defensor de Derechos Humanos Jesús María Valle), pero es muy difícil que las víctimas y sobrevivientes de Ituango y del país, que los familiares y amigos de Jesús María Valle Jaramillo, puedan sentir que el gesto es sincero y suficiente, mientras quienes deben asumir con humildad y arrepentimiento su responsabilidad se dedican a intrigar contra la paz (Ver Uribe utiliza temas de seguridad nacional para deslegitimar el Proceso de Paz: Gobierno).

¿Cuándo será que Uribe depone las armas, colabora con la justicia, renuncia al terrorismo, deja de intrigar contra la paz, aporta a la verdad, pide perdón sinceramente, repara a sus víctimas, se desmoviliza y se reincorpora a la vida civil y quizás así logre que las víctimas puedan, algún día, tenderle, generosas, su mano de reconciliación?.

Álvaro Efrén Córdoba Obando
Licenciado en Filosofía y Letras
Asociado – Corporación Nuevo Arco Iris
@Alvarocordobao
Alvarocordoba50@hotmail.com