Por Harold Ruiz Moreno

“Un país que se acostumbra a la muerte de sus niños es un país sin entrañas y sin vocación de futuro. No existe justificación alguna a la muerte de un niño, menos cuando es fruto de acciones militares de un Estado que se dice democrático. Los niños hay que educarlos no asesinarlos” (Carlos Caycedo, gobernador del Magdalena).

 Colombia se precia de ser una democracia “estable” con división de poderes, con órganos de control que no observan independencia, donde solo existe libertad de prensa y opinión para los grandes medios. Donde las fuerzas armadas y de policía han sido acusadas y con razón de violar la constitución nacional con hechos tan aberrantes como los mal llamados falsos positivos, que no son más que ejecuciones extrajudiciales y que la JEP en auto determina que al menos están documentados 6.402 víctimas de este horrendo crimen, a pesar que no existe la pena de muerte legalmente, pero la pena capital fue practicada para mostrar una falsa efectividad contra los actores armados ilegales, la mayoría de las unidades del ejército mostraban cifras abultadas de “bajas en combate”, que no era sino inocentes ciudadanos que engañados con ofertas laborales. Fueron asesinados en esta práctica que fue una norma de actuación del ejército nacional.

También es cierto que el grado del conflicto que vive el país por muchos años ha llevado a la crueldad del conflicto armado, su servicia y degradación. Nadie puede desconocer que el estado colombiano ha sido capturado por el narcotráfico o el paramilitarismo, que en este largo conflicto ha generado al menos 8 millones de víctimas, donde los niños han sido un “trofeo de guerra”, delitos de lesa humanidad como el reclutamiento forzado, practicados por todos los actores armados, que los utilizan como escudos humanos, desarraigados de sus familias y cercenados sus sueños de niños y de jóvenes, olvidados por el estado que no sólo incumple con su obligación constitucional de protegerlos, sino que como ha ocurrido en varios casos ha sido el gobierno y la fuerza pública quien los asesina.

El Senador Roy Barreras denunció la muerte de siete menores en un bombardeo el pasado 2 de septiembre del año 2019 en Caquetá, luego de la publicación oficial del ex ministro Guillermo Botero donde da cuenta bajas en combate, entre los que se encontraron siete menores de edad después de un bombardero provocado por el ejército nacional y que a la postre significó la renuncia del Sr Botero, ahora premiado con una embajada.

Hoy nuevamente ocurre un nuevo bombardero en el departamento del Guaviare donde son asesinados niños víctimas del reclutamiento forzado, donde el actual ministro de defensa, otrora director del bienestar familiar, Diego Molano, justifica esta acción militar acusando a los menores de edad de ser “MÁQUINAS DE GUERRA”.

Al igual que en otras acciones militares donde perdieron la vida menores de edad, el gobierno colombiano violó el DIH y la constitución. En el bombardeo en el Guaviare se desconocieron al menos dos principios: el principio de precaución y el principio de distinción, el primero lo obliga a observar que “las partes en conflicto deberán tomar todas las precauciones factibles para proteger de los efectos de los ataques a la población civil y los bienes de carácter civil que estén bajo su control.” (Norma 22 DIH), y el segundo como lo prescribe el artículo 44 Constitucional cuando enumera algunos de los derechos básicos de la niñez, entre otros “la vida, la integridad física, la salud, la seguridad social, la alimentación equilibrada, a tener una familia y no ser separados de ella, el cuidado y el amor, la educación y la cultura, la recreación y la libre expresión”.

Está más que demostrado que este gobierno heredero de la “seguridad democrática”, de su patrón el Sr AUV, primero bombardea y después se da cuenta que habían niños que se encontraban en contra de su voluntad, víctimas de reclutamiento forzado y asesinados por las bombas oficiales, el Sr Iván Duque y el ministro Molano poco les importa los niños y los jóvenes a quienes los someten a este régimen de terror y miedo y los re victimizan catalogando como “máquinas de guerra”. Pareciéndose a sátrapas como Hitler, Mussolini o Stalin.