Memoria, resistencia y dignidad: 40 años del Resguardo Indígena Karmata Rúa.

Por Carlos Orlas / Fotos: Jennifer Rueda

A instancias de la Comisión de la Verdad, con Patricia Tobón Yagarí como comisionada encargada de levantar el informe sobre el capítulo étnico, la comunidad indígena del resguardo hizo el ejercicio de contar y escuchar relatos de 40 años de lucha, primero por la constitución del resguardo y la toma de las tierras, y luego por lograr articulación con otros sectores como campesinos, estudiantes y organizaciones inspiradas por el legado de la teología de la liberación en el suroeste.

Patricia Tobón Yagarí, Comisionada de la Verdad y moderadora de esta conversación alrededor de los 40 años del resguardo.

Según Patricia, los mojones de este proceso de organización indígena son tres: los saberes y prácticas de la comunidad, la teología de la liberación y sus procesos de lucha en el territorio, y los estudiantes, muchos de los cuales apoyaron la alfabetización. En estro además fue clave la articulación con las luchas campesinas y sindicales a través de organizaciones como la ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos). Esto con la particularidad de encontrarse asentados en plena zona de colonización cafetera y rodeados de terratenientes de Andes y Jardín que les hicieron la guerra por todos los medios, siendo el racismo contra el indígena la expresión estructural de las violencias ejercidas.

Familia Embera en la parte de afuera del colegio bilingüe de Karmata Rúa, que en español significa tierra de la pringamosa.

De la organización estudiantil de los años 70, principalmente a través de la JEC (Juventud Estudiantil Cristiana), siguieron iniciativas organizativas como el resguardo de karmata Rúa, la OIA (Organización Indígena de Antioquia), el sindicato de trabajadores oficiales SINTRAOFAN, se fortaleció la ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos) de la cual surgieron lideresas y líderes que posteriormente fundaron el IPC instituto popular de capacitación y Vamos Mujer. Rosalba Osorno Ospina es una de las fundadoras de esta última organización, como mujer campesina hizo parte de la ANUC desde sus 15 años de edad, y desde su vivencia propia empieza a pensar la política desde el feminismo en un contexto completamente adverso para este tipo de planteamientos.

Pastor Jaramillo y Eulalia Yagarí conversan sobre verdad y memoria en el territorio de Karmata Rúa.

El Resguardo está conformado por 7 comunidades que cuidan su lengua como a la fuente misma de su autonomía. Según uno de los profesores del colegio bilingüe preservar la lengua es mantener viva su identidad cultural y con ella la defensa de su territorio: “si no hubiéramos conservado nuestra lengua ya nos hubieran robado toda nuestra tierra”, dice Darío Cortés, miembro de la comunidad y docente del colegio.

Danza de las mujeres en el marco del evento con la CEV.
En sus rostros habla la montaña y la selva y el camino recorrido.

Para la comunidad indígena sus manifestaciones culturales son parte de su cosmovisión, rituales que los conectan con el cosmos, con los espíritus y con la madre tierra. En la celebración de los 40 años del resguardo compartieron su memoria a través del canto, la pintura, la danza y las fotos que conservan de su territorio.

“En el rostro también están pintadas las estrellas y el universo”
La danza de las mayores llenó el evento de color y sentido ancestral.

La memoria visual

Para esta conmemoración, la comunidad aportó un material fotográfico que narraba el proceso de lucha por la constitución del resguardo y, más allá de eso, la lucha por preservar su identidad cultural para la cual fue y sigue siendo clave la conquista de derechos en el territorio. Aportaron la memoria de los caídos, muchos de ellos abogados, abogadas, líderes y lideresas que defendían los derechos humanos de estas comunidades en momentos de estigmatización, criminalización, asesinato y desaparición de personas que militaban en organizaciones de izquierda.

Muchos de los indígenas que se formaron como abogados para defender los derechos de sus comunidades fueron asesinados por paramilitares y terratenientes del suroeste.

Finalmente, a parte de palabra y expresiones artísticas se compartió el alimento, con esa sazón que tiene el indígena que es cargada de sabores y de amor. La comunidad recibe con el corazón al que llega de afuera a escucharlos también desde el corazón, porque sienten que su lucha es muy antigua y que en ella cabemos todos. Que desde los saberes de cada persona se puede sumar en la conciencia colectiva de respetar su legado, recibirlo y cuidarlo.