Por Harold Ruiz

“Propongo un referendo o una consulta para que el departamento del Cauca se divida en dos. Un departamento indígena y otro para los mestizos” (Senadora Paloma Valencia del Centro democrático).

La guerra y el conflicto se ensaña en todo el territorio nacional, no han valido los esfuerzos de la sociedad civil colombiana para poner fin al conflicto que por muchos años vive la nación. La comunidad internacional acompañó la firma del acuerdo de paz suscrito por el estado colombiano con las extintas Farc, quien en su inmensa mayoría atendieron el llamado a la reconciliación e hicieron dejación de armas y transitan hacia la reincorporación, a pesar de la perfidia del binomio Uribe-Duque.

El grado del conflicto que vive el país por muchos años ha llevado a la crueldad del conflicto armado, por sevicia y degradación. Nadie puede desconocer que el estado colombiano ha sido capturado por el narcotráfico o el paramilitarismo, que en este largo conflicto ha generado al menos 8 millones de víctimas, donde los niños y la mujer han sido un “trofeo de guerra” de todos los actores armados, se presentan delitos de lesa humanidad como el reclutamiento forzado, asesinato sistemático de líderes sociales y de los firmantes de la paz, prácticas execrables como los hornos crematorios, pozos de ácido, casas de piques, y exterminio de las comunidades indígenas y afros.

Hoy el país asiste al recrudecimiento de la guerra en el departamento del Cauca ampliamente multicultural y pluriétnico. En él habitan personas blancas, mestizas, afro e indígenas, haciendo que este sea un territorio desigual en sus estructuras sociales y económicas. El 56% de sus habitantes son mestizos o blancos, la población negra o afrocolombiana corresponde a un 22% de la población y también están ubicados en la estribación de la cordillera occidental que colinda con los pueblos negros del pacífico. Los indígenas o amerindios, por otro lado, son el 21% de la población y se dividen en dos etnias, los Nasa o Paeces, sometidos a un exterminio por parte de todos los actores armados incluidos  agentes del estado.

Existe desigualdad, pobreza, exclusión y abandono. Según el DANE la pobreza extrema es 22,9, %, se presenta Incumplimiento de acuerdos con comunidades (más de 2.000 acuerdos firmados desde 1986) y precaria implementación del acuerdo de paz, especialmente en lo relacionado con la sustitución de los cultivos de uso ilícito, con economías ilegales, corredores estratégicos para el narcotráfico y la minería ilegal. 17.117 Has de coca cultivada (se calcula que 350 toneladas de pasta de coca circula anualmente por el Cauca). En la actualidad, grupos armados (disidencias de las Farc, ELN, paramilitares) se disputan el control territorial, sin que más de 7.800 hombres del Ejército actúen de manera efectiva. Se utiliza una estrategia contrainsurgente para atacar un fenómeno más asociado a la criminalidad, que al incremento de la producción de cultivos de uso ilícito.

Hay señalamiento y estigmatización de los procesos sociales y la movilización social que realizan los líderes, convirtiéndoles en blanco de actores armados y del estado. Hoy el Cauca es el departamento que registra la mayoría de las masacres en el país, en el año pasado 13 con 50 víctimas. Y el saldo  es de 18 muertos en lo que va del año 2021 en masacres y asesinatos como el de la gobernadora indígena Sandra Liliana Peña Chocué,  dentro de la acción más valiente de la Minga “hacia adentro” donde los indígenas buscan sacar de sus territorios a los actores armados con la fuerza de la palabra.

Allí se sostiene la presencia de una élite política corrupta, que permea los sistemas de democracia locales y territoriales y genera alianzas que facilitan la permanencia de los actores armados en los territorios. Una parte de la sociedad caucana y su dirigencia política, legitima y avala las prácticas de violencia de la guerra, sustentada en una cultura clasista, racista y excluyente, con una política antidrogas centrada en atacar el eslabón más débil de la cadena.

Hoy el Cauca con la resistencia y la valentía de indígenas y afros, le demuestra al binomio Uribe-Duque que sí es posible enfrentar a los violentos, que se ensañan contra un pueblo indómito, guerrero, que frente a la complicidad del estado, exige cese la violencia y los asesinatos sistemáticos, individuales y colectivos. Desde la sociedad civil colombiana debemos rodear a la gente buena del Cauca para enfrentar la espiral de la violencia que hace que este territorio se desangre.