Las Farc pierden la guerra en el centro del país pero dan la pelea en la periferia

Imagen: cortesía archivo Semana


Del 2002 al 2012, las FARC, perdieron 85 municipios de los 336 en los que hacían presencia. La zona centro fue la más apabullada; específicamente los departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Santander, Casanare, Norte del Meta y Norte del Tolima. El mayor logro de la Fuerza Pública y en cierta medida de la política de Seguridad Democrática, se produjo entre el año 2003 y 2005 con las operaciones Libertad I y Libertad II hechas por el Ejército, en las cuales se recuperó un gran porcentaje de los centros de producción y comercialización, además, las vías de comunicación de estos departamentos.

El Plan Candado para Bogotá, la instalación del Batallón de alta Montaña del Sumapaz, y el Plan Meteoro para custodiar las principales vías de comunicación -blindando la infraestructura energética-, mejoraron sustancialmente los indicadores de seguridad y la percepción de inseguridad en la sociedad urbana del país. Sin embargo, para consolidar la estrategia guerrerista se aumentó considerablemente el aparato militar, que pasó a más de 450 mil hombres y mujeres en la Fuerza Pública, es decir, el 1% de la población total del país.

Así mismo, en una segunda fase de la guerra, entre 2005 y 2008, se produjeron las principales bajas, muertes y arrestos de la comandancia de las FARC, cayeron: Tomás Molina Caracas, alias ‘Negro Acacio’, Luis Édgar Devia, alias ‘Raúl Reyes’, José Juvenal Velandia, alias ‘Iván Ríos’, Pedro Antonio Marín, alias ‘Manuel Marulanda’, Elí Mejía Méndez, alias ‘Martín Sombra’ y Víctor Julio Suárez, alias ‘Mono Jojoy’. Para esa época se creó la brigada aérea del Ejército, Pirañas de la Armada, los Batallones Minero-Energéticos y se intensificó el Plan Meteoro.

El revelador informe del observatorio de la Corporación Nuevo Arco Iris, encontró que la guerrilla fariana, en los últimos diez años, perdió el rumbo de su objetivo principal: asegurarse el centro del país para llegar a Bogotá y tomarse el poder.

Los logros y el boom mediático trajeron campañas de promoción para la inversión privada: se abrieron concesiones para la explotación minera, petrolera y agroindustrial en las regiones donde se retomó el control.  No obstante, el descuido de cierta parte del territorio tras la persecución a la guerrilla dio como resultado que agentes privados, empresarios y ganaderos se quedaran con la tierra de campesinos despojados, el mejor ejemplo fue lo sucedido en Los Montes de María, para citar solo un caso.

Pero todo no ha sido a pedir de boca.  La ofensiva de la Fuerza pública, obligó a las FARC a replegarse tácticamente hacia sus zonas históricas y zonas de frontera. La guerrilla empezó a concentrar una gran cantidad de sus tropas en los departamentos de Cauca, Meta, Caquetá, Arauca, y Norte de Santander. Las hostilidades en la periferia se incrementaron, aunque los medios no divulgaran mucho los ataques y enfrentamientos en los municipios remotos del país.

Arco Iris encuentra que el grupo guerrillero se ve en la necesidad de realizar una restructuración interna. Los cinco bloques guerrilleros creados en los ochenta, pasaron a dividirse en Comandos Conjuntos de Área o Interfrentes, los cuales empezaron a operar con una nueva táctica: estructuras móviles de menos de 10 miembros; hombres expertos en explosivos y francotiradores de alta precisión. A partir de 2010, bajo el mando de Alfonso Cano, las FARC logran tomar un nuevo aire, incrementan sus acciones bélicas y las victorias de la Fuerza Pública se ven disminuidas, los cuales tienen importantes bajas y heridos en combate. Si bien el Estado retomó el control de la zona centro, las FARC dan la pelea en los departamentos periféricos, la gran cantidad de pequeñas operaciones en el Cauca, Valle y Nariño durante el 2012 han sido prueba de ello.

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